Mi primera experiencia significativa del Séder de Pésaj fue cuando tenía 17 años. En esa época yo vivía con un compañero de cuarto adicto. Él inhalaba cocaína muchas veces cada día. Yo regresaba regularmente de la escuela secundaria y lo encontraba sentado en nuestro sofá con los ojos completamente abiertos, sólo visible la parte blanca. Lamentablemente, aunque era casi inevitable, murió de una sobredosis.

En ese momento de mi vida, para mí el judaísmo significaba menos que nada, pero de alguna manera terminé en la mesa del Séder de un rabino. Él comenzó a hablar sobre la liberación de Egipto como una metáfora de nuestra propia libertad; la libertad de tomar las elecciones que deseamos, sin estar restringidos por nuestros propios intereses y creencias; liberarnos de la adicción.

Yo me quedé completamente estupefacto al descubrir que un libro escrito dos mil años atrás pudiera tener un entendimiento tan profundo de la relación que mi compañero de cuarto tenía con la cocaína. De forma sucinta y exacta definía su forma de vida y hablaba de un camino obvio de cambio. Eso abrió mis ojos a un judaísmo que no se trataba de dogmas y rituales sino de sabiduría y significado.

Cada mandamiento de Pésaj cuenta con un significado profundo respecto a esta liberación personal y nos guía para que podamos lograrlo.

Quiero referirme al mandamiento de eliminar el jamétz, toda 'sustancia leudada'. Esta es una pequeña parte de una gran imagen. Sin embargo, como todo en el judaísmo, incluso algo pequeño es muy grande.

A menudo se piensa que la diferencia entre jamétz y matzá es la levadura, pero eso no es estrictamente cierto. La diferencia técnica es que la matzá es una mezcla de grano y agua a la que no se le permite leudar y el jamétz es grano y agua que llega a leudar.

Por lo tanto, el jamétz y la matzá comparten los mismos ingredientes. Sólo que el jamétz tuvo tiempo para leudar (para ser precisos, más de 18 minutos) y la matzá no. De hecho, el jamétz es la matzá que se infló con aire. Sin embargo el jamétz, en especial el pan, es mucho más atractivo y tentador que la matzá. El pan simplemente es matzá que se ve mejor y tiene mejor sabor.

Nos vemos esclavizado por los lujos de la vida, no por sus necesidades.

Antes de Pésaj, dedicamos tiempo a buscar este jamétz en nuestras casas. La noche antes de Pésaj juntamos todo el jamétz y al día siguiente lo quemamos. Durante siete días no comemos ni poseemos ninguna sustancia leudada.

En el pensamiento judío, la sustancia leudada representa nuestra esclavitud personal y la matzá representa la liberación personal. Nos vemos esclavizados por los lujos de la vida, no por sus necesidades. Todavía no encontré ningún adicto a comer brócoli, a beber agua o a pasar tiempo con sus hijos. Como decían los Beatles: “las mejores cosas en la vida son gratis, pero puedes guardarlas para las aves y las abejas”. Nos volvemos adictos a lo "leudado", a aquellas cosas que se ven bien, que tientan nuestros deseos, que nos instan a participar en ellas, pero que en definitiva no nos ofrecen nada más (y a menudo nada menos) que las “mejores cosas en la vida”. No conocí ningún adicto al brócoli, pero sí muchas personas adictas al chocolate. El chocolate provee menos (mucho menos) nutrición que el brócoli, sin embargo los deseamos en proporción inversa a su valor.

Unos pocos días antes de Pésaj, no sólo buscamos jamétz en nuestras casas, sino que también lo buscamos en nuestro corazón. Todos miramos hacia nuestro interior para ver en dónde estamos esclavizados.

Me despierto a la mañana y mi amado está al lado de mi cama; al fin de cuentas es mi alarma.

Quiero dar un ejemplo muy relevante, probablemente para todos: los teléfonos inteligentes. Me despierto a la mañana y mi "amado" está al lado de mi cama; al final de cuentas es mi alarma. Mi primer pensamiento no es cómo agradecerle a Dios por regalarme otro día de vida, sino ver cuáles son mis mensajes importantísimos en Whatsapp… Mejor dicho: “necesito ver, DEBO ver”. A continuación pueden ser mis emails. ¿Quién me escribió durante la noche? TENGO que saberlo…

Entonces, como no me queda otra opción, reviso Whatsapp y mis e-mails. Una persona me envió por Whatsapp un meme muy poco gracioso y tengo mails de Amazon, Google y Linkedln. La adicción no me ofrece nada emocionante ni glamoroso, sólo me trae decepción.

Pésaj es una época en la que la libertad se siente en el aire. No sólo es una época para pensar sobre la libertad sino para abrazarla y, de hecho, para ser libres.

Por eso, en la víspera de Pésaj revisamos nuestras casas buscando jamétz y lo juntamos todo sobre la mesa. Examinamos nuestro interior y encontramos nuestras áreas de esclavitud espiritual. Y luego lo quemamos todo.

Para mí, quemar mi jamétz implica tomar la decisión de que durante siete días no me interesa la esclavitud. Durante siete días voy a mirar en una dirección diferente. Durante siete días me voy a liberar de esta forma de vida que me esclaviza. El resto de los días del año sería una locura pensar que fuera posible lograr tomar una decisión de cambiar los hábitos de toda la vida y que esa decisión dure para siempre. Sin embargo, el judaísmo cree que la estación espiritual de Pésaj es propicia para estos cambios repentinos de dirección.

Trata de dejar de fumar repentinamente durante siete días, con la meta de que dure para siempre, durante otra época del año. O de estar completamente desinteresado del azúcar. O trata de decidir que no cederás ante los pensamientos de enojo cuando aparezcan. ¿Lo lograrías? Durante la semana de Pésaj, existe una garantía de que así será. Nuestra fuerza de voluntad se ve magnificada y podemos ser diferentes y vivir con esos cambios tanto tiempo como decidamos hacerlo. Si quemamos genuinamente nuestra levadura, ya no existirá.

Este Pésaj, mi teléfono inteligente se va durante siete días a un cajón. ¡No te imaginas cuánto me emociona esta idea! ¡Vaya! Siete días de liberación de mi capataz… Difícil, pero será un poco de aire fresco.

Quiero compartir algunas de mis otras esclavitudes (¡aunque muchas otras no son para comentarlas en público!). Durante siete días no voy a mirar partidos de fútbol. No me voy a ir a dormir después de la medianoche (salvo en la noche del Séder). No voy a jugar ajedrez en la computadora ni voy a comer azúcar. Mi dieta comienza este Pésaj, de veras. Porque no hay un mejor momento que Pésaj para comenzar una dieta. Olvida que los judíos estamos rodeados de comida durante siete días. Internamente tenemos acceso a la libertad durante esos siete días. ¿Cuál fuerza es más poderosa? Mientras la elijamos, la libertad de Pésaj es un regalo que podemos utilizar como nos parezca adecuado. Es el momento del año más glorioso para los cambios personales.

Durante los próximos días, dedica un poco de tiempo a hacer una lista de tus esclavitudes, de tus adicciones. Yo sugiero que las escribas (¡con un código de protección!), y luego escoge dos o tres para liberarte de ellas en Pésaj. Por lo general yo imprimo la lista y quemo ese papel con el jamétz. Toma tu decisión en la víspera de Pésaj. Durante los próximos siete días estarás liberado. Mantente firme y observa cómo Pésaj obra su bella magia.

Aprovecha lo que está de oferta. Utilízalo para cambiar. Como dijo Martin Luther King: “¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios finalmente somos libres!”.