Hace algunos años, viajé a Texas y en el avión me senté al lado de un entrenador de básquetbol de la Asociación Atlética Universitaria Nacional. Fue como concretar un sueño. Me parece que él no imaginó lo poco que podría dormir en ese vuelo después de haberse presentado. Dado que jugué básquetbol en la escuela secundaria, comencé a interrogarlo sobre todo lo que se me llegó a ocurrir, recordé mis partidos y le pregunté sobre jugadas, estrategias defensivas y selecciones.

En un momento le pregunté:

—¿Cuál es la jugada más difícil de ejecutar en básquetbol?

—Ah, esa es una pregunta fácil…

—¿El fadeaway (tiro en suspensión)? —le pregunté

—No.

—¿El pick and roll (bloqueo y continuación)?

—No. El crossover (cambiar de dirección). Muy pocos jugadores pueden dominar el crossover. Es el movimiento más difícil porque debes lograr que el defensor realmente crea lo que estás haciendo. La mayoría de las personas apenas actúan un poquito, y en verdad no les funciona. Los mejores jugadores (Michael Jordan, Kobe Bryant, Allen Iverson) hicieron sus carreras porque dominaron el crossover.

—Bueno, ¿y cuál es el secreto de un maravilloso crossover? —pregunté.

Él sonrió, como si yo fuera uno de sus jugadores.

—Tienes que ser capaz de ir completamente en una dirección y de pronto, en un segundo, girar por completo en otra dirección. Si no lo haces con todo tu cuerpo, no lograrás engañar al defensor y cuando gires para ir en la otra dirección, él estará a tu lado. No puedes limitarte a fingir. Debes ir en esa dirección y luego cambiar apenas él lo crea.

A menudo pienso cuán importante es el crossover, no sólo en un partido de básquetbol sino en la vida. En el mundo moderno nos volvimos especialistas en hacer muchas cosas al mismo tiempo, enfocarnos en cien direcciones a la vez y operar en múltiples medios simultáneamente. Nos despertamos a la mañana y ya estamos un poco en el teléfono, un poco en nuestros e-mails, un poco con nuestra familia, un poco mirando TV, un poco en el trabajo y un poco pensando en el futuro mientras pensamos un poco en el pasado.

Nuestro sistema nervioso sólo puede procesar 110 bits de información por segundo. Al repartir esto entre cientos de tareas diferentes, abarcamos un kilómetro de distancia, pero llegamos sólo a un centímetro de profundidad. Por eso nunca logramos cosas realmente grandiosas. Nunca estamos realmente en algo.

La Universidad de Londres efectuó una investigación sobre lo que ocurre en el cerebro cuando hacemos muchas cosas a la vez. El estudio reveló que en las personas que realizan múltiples cosas a la vez durante tareas cognitivas, los niveles de CI (coeficiente intelectual) se reducen significativamente, al mismo grado que el CI se reduce al fumar marihuana o al permanecer despierto toda la noche. En el estudio, el CI de algunos hombres se redujo al CI de un niño de 8 años.

“Hacer dos cosas a la vez es no hacer ninguna”.

Otro estudio de la Universidad de Sussex observó las Resonancias Magnéticas de los cerebros de personas que pasaban tiempo con múltiples aparatos. Ellos descubrieron que quienes con frecuencia efectúan múltiples tareas a la vez tienen menos densidad cerebral en la corteza cingulada anterior, la región responsable de la empatía y del control cognitivo y emocional.

Esto no puede ser algo bueno.

Todo esto nos provoca una cascada de problemas. Hacer algo sin estar completamente presente disminuye el disfrute de esa actividad y la posibilidad de que la acción sea completamente efectiva. En consecuencia somos menos exitosos y menos felices, lo que nos vuelve más distraídos y menos presentes. Y el espiral descendiente continúa.

Como dijo el filósofo romano Publilio Siro: “Hacer dos cosas a la vez es no hacer ninguna”.

Papá, ¿estás bien?

Una vez estaba jugando al fútbol americano con mi hijo en el patio. En un momento él me miró y me preguntó:

—Papá, ¿estás bien?

—Sí, estoy bien, ¿Por qué?

—¡Porque estás arrojando la pelota constantemente por sobre mi cabeza!

Entonces comprendí que no estaba bien. Estábamos jugando fútbol americano, pero sólo un 10% de mí estaba jugando. Un 50% estaba preocupado por algo que había ocurrido en el trabajo, un 20% pensaba en el día siguiente, un 10% se preguntaba si el teléfono en el bolsillo de mi pantalón acababa de vibrar porque había entrado un e-mail, y otro 10% pensaba: “¿Cuándo va a terminar esto? Ya nos hemos arrojado la pelota unas treinta veces y tenemos que volver a casa”.

Si veinte años antes me hubieras dicho: “Un día vas a jugar a la pelota con tu hijo en el patio de tu casa”, te habría respondido: “¡Ese es mi mayor sueño!”. Ahora estaba jugando con él en el patio, pero yo no estaba allí.

¿Cuántos momentos como ese había perdido? ¿Cuántas experiencias había dejado escapar porque mi mente estaba en demasiados lugares a la vez y en realidad no estaba en ninguna parte?

En su éxito de ventas “All Joy and No Fun”, Jennifer Senior trae una idea respecto a por qué los estudios sobre madres trabajadoras revelan niveles de felicidad inferiores a aquellas mujeres que no son madres y poca satisfacción respecto a la maternidad en general. Es la misma razón por la que yo no disfrutaba al jugar con mi hijo: cuando ellas están con sus hijos, en verdad no están con ellos. Están constantemente haciendo múltiples tareas a la vez. No están presentes. Las madres que trabajan fuera de la casa están tan ocupadas que a pesar de amar a sus hijos, sus experiencias con ellos no son placenteras porque están constantemente apuradas y distraídas.

Lo que sugiere la investigación es que si estas madres (y lo mismo es válido para los padres) pudieran estar presentes con sus hijos, en el momento, disfrutarían más de esas experiencias. Entonces estarían satisfechas de esas experiencias. Cuando ellas están en el trabajo, se sienten culpables por no estar con su familia, y después cuando están con la familia se sienten culpables y distraídas por no estar en el trabajo o no estar pensando en el trabajo. Es agotador sentir siempre que uno debería estar en otra parte. Estar presente significa que sabes que estás en el lugar correcto en el momento adecuado. Cuando te permites sentir eso en tu hogar, no sientes culpa cuando estás en tu oficina (y viceversa).

No puedes sacar lo mejor de ti mismo, y no puedes sentirte bien con nada, a menos que estés completamente centrado en eso.

Parece poco realista, ¿verdad? Los padres no tratan de distraerse cuando están con sus hijos, sólo tratan de equilibrar todo. Muchas personas se sienten tironeadas en un millón de direcciones debido a sus responsabilidades diarias. Entre la hipoteca, llevar a los niños a la escuela, a su sesión de deportes, el trabajo, el tráfico… Es difícil manejar todo. Y como si fuera poco, llevamos con nosotros un aparato que vibra todo el tiempo con más estímulos que reclaman nuestra atención.

Todos tenemos demasiadas pelotas en el aire y sentimos que no podemos dejar que ninguna se caiga. ¿Cómo se supone que podemos encontrar tiempo para estar completamente presentes en algo?

Aquí radica la fuerza del crossover.

El giro

El crossover es el movimiento más difícil del básquetbol porque requiere ir por completo en una dirección y de repente, en un instante, ir en una dirección diferente. Cada dirección está clara, la habilidad está en el cambio de dirección, en el giro. Si pudiéramos ver la mente del jugador en el momento del movimiento, veríamos con cuánta confianza elige una dirección sabiendo que tiene la habilidad de cambiar, de ir para otro lado en el momento exacto.

La mayoría no somos capaces de estar completamente presentes durante largos períodos de tiempo. Hay demasiadas cosas dando vueltas. No podemos perdernos en un libro, una escultura o en cualquier proyecto durante infinitas horas. Sin embargo, podemos estar presentes durante quince minutos cada vez. Podemos estar presentes media hora.

Aquí es donde tiene lugar la magia. Si aprendemos a girar verdaderamente, si realizamos el crossover de manera correcta y aprendemos a pasar de un tema a otro entre todas las cosas que reclaman nuestra atención, eso nos permitirá estar completamente presentes en cada uno de esos momentos a lo largo del día. ¿Cómo sería? Durante los veinte minutos que trabajas en un proyecto, estás completamente en eso. Luego llegas a tu hogar, y el tiempo que pasas con tus hijos estás por completo con ellos. Luego giras y pasas tiempo con tu esposa, y estás en eso por completo. Vuelves a girar y revisas los e-mails, y estás por completo en eso.

La esencia del crossover es que estás por completo en casa cosa durante breves momentos a lo largo del día. Eso te brindará el beneficio de estar presente y al mismo tiempo mantener el equilibrio en tu vida.


Extraído del libro de Charlie Harary:Unlocking Greatness”.