Es la gran controversia de la primavera. El debate sobre el diente de león: ¿flor o maleza? La conversación en mi auto fue algo así:

— Mami, mira todos los dientes de león.

—Sí cariño, ¿no son hermosos? Que gracioso, se ven como flores, pero en verdad es maleza —respondí entrando a toda máquina en modo de mamá educadora.

Tras una larga pausa del asiento trasero, escuché:

— ¿A qué te refieres con que es maleza?

Buena pregunta.

Al intentar responder, tuve que acudir valientemente a mi conocimiento hortícola… y reconocer que en verdad sé muy poco, si es que sé algo, sobre la clasificación de malezas, flores o sobre cómo se comporta la naturaleza. Me detuve y volví a comenzar unas cuantas veces. Volví a enunciar los hechos: diente de león es maleza, no flor. Esta técnica educativa estaba lejos de ser brillante (lo cual no es sorprendente).

—Mami, no es maleza. Son dientes de león.

Sin debate. Sin clasificaciones. Sin ambivalencia sobre el estado de flor versus maleza. La realidad tal cual era: sencilla y simple.

A veces el diente de león es sólo eso: un diente de león. Con todos nuestros esfuerzos de descripción y clasificación… regresamos a la simplicidad. Podemos intentar explicar su sorprendente belleza, podemos querer comunicar los desafíos del crecimiento indeseado… pero a veces esas cajas de realidad son demasiado restrictivas.

  • Maleza sugiere algo que necesita ser removido. Algo no deseado. Algo que hay que reparar.

  • Una flor, por otro lado, evoca visiones de belleza, crecimiento, placer.

A veces lo que necesitamos es una categoría intermedia, una forma de aceptar algo o a alguien, tal como es. Algo entre maleza y flor es la realidad "diente de león" de nuestras vidas. La persona que nos pide que dejemos de tratar de corregirla y la amemos tal como es. Antes de que pueda mejorar, tenemos que aceptarla en su estado actual.

Algo entre maleza y flor es la realidad "diente de león" de nuestras vidas.

Todos necesitamos que nos vean y nos valoren por lo que somos. A partir de esta experiencia encontramos la capacidad de expandirnos. La ironía de intentar siempre cambiar al otro es que precisamente eso es lo que lo reprime. Piensa en la diferencia que hay si alguien te dice: “No eres suficientemente bueno, así que por favor cambia y entonces te aceptaré”, versus: “Te quiero. Estoy contigo. ¿Cómo podemos mejorar esto?”. La primera forma nos cierra a escuchar, la segunda nos prepara para el crecimiento. Si nos sentimos seguros y comprendidos, estamos más dispuestos a tomar riesgos y hacer cambios. Cuando nos quedamos estancados con: “¿Cómo voy a arreglar esto?” “¿Es esto una maleza o una flor?” “¿Es algo que vale la pena o no?”, entonces no hay mucho espacio para notar la belleza y el valor del amor que tenemos ante nuestros ojos.

Vivimos en un mundo fracturado, repleto de dolor y desconexión. Nuestra misión es el trabajo del alma, sanar y reparar. Tal como un bebé primero necesita amor y calma para poder crecer y aprender, también nuestros seres queridos imploran nuestra presencia. Tenemos que dejar de pensar y analizar y primero amar al otro por su belleza "diente de león": una mezcla de belleza de flor y defectos de maleza. Amar de esta forma lleva a una cercanía más profunda y le da la posibilidad de crecer a su propio ritmo y de su propia forma.

No es extraño que el diente de león crezca con tanto entusiasmo, que ocupe tanto espacio. Que sea intrépido. Puede ser a la vez algo estropeado o hermoso. En los momentos desolados, los “tiempos maleza” de la vida, también nosotros podemos crecer como el diente de león. Nuestras relaciones imperfectas son las que nos enseñan a aceptar nuestra propia humanidad. No es de las partes de "arréglalo y olvídalo" de nuestra historia que aprendemos a amar profundamente. Cuando aceptamos tanto los defectos como la belleza, descubrimos que algunas cosas en la vida son flor y maleza al mismo tiempo. Si podemos amarnos el uno al otro con esta consciencia, estaremos un centímetro más cerca del propósito de nuestra alma. En cuanto a la primavera, abandonemos el debate sobre el diente de león y comencemos a amarlos como son.


Extraído de "Choosing Up: Elevating the Everyday"