La vergüenza es la experiencia emocional subyacente a la baja autoestima. Es ese horrible sentimiento que se genera al percibirse a uno mismo como malo, defectuoso, incompetente, no atractivo. Todos experimentan vergüenza de vez en cuando. Me encuentro con alguien a quien conozco y me equivoco con su nombre. “Ay, no puedo creer que soy tan tonto”, me digo a mí mismo. La vergüenza me molesta un rato, pero sigo adelante con mi día.

Pero después de una experiencia similar, algunas personas no pueden seguir adelante tan rápido, sino que se obsesionan con sus errores, constantemente se castigan a sí mismas. Esas personas sufren de lo que yo llamo “vergüenza tóxica”. La vergüenza toxica es quizás el mayor problema psicológico de nuestra generación y es el mayor obstáculo para el bienestar emocional y el crecimiento espiritual.

La vergüenza tóxica es destructiva en seis formas:

  1. Lleva a la persona a odiarse a sí misma, a la depresión, la desesperanza y las adicciones. Las personas a menudo recurren a las drogas para anestesiar el insoportable dolor de la vergüenza y el odio a sí mismas.

  2. Lleva al perfeccionismo y a sentimientos de grandiosidad.

  3. Lleva a la envidia y a compararse a uno mismo con los demás, lo cual resulta en una pérdida de independencia, acción personal y autodirección.

  4. Lleva a que haya pánico, miedo y ansiedad cuando uno intenta desesperadamente salvar su valoración personal, que vive en modo de autopreservación.

  5. Lleva a sentirse aterrado de la intimidad emocional por miedo a ser vulnerable y ser “visto”.

  6. Lleva a percibir a Dios como punitivo, a vivir con miedo a ser castigado por un Dios a quien nunca se puede complacer.

La vergüenza tóxica por lo general es el resultado de alguna clase de trauma infantil que involucra críticas constantes, una disciplina punitiva, falta de sintonía con los sentimientos y las necesidades, narcisismo, crueldad, ser comparado con hermanos, abuso verbal, tratamiento injusto, deprivación, etc.

Por más terrible que esto pueda parecer, hay esperanzas. De hecho, yo garantizo que todo el que reconoce su padecimiento y quiere encontrar verdadero alivio puede lograrlo con la adecuada guía psicológica y espiritual.

Identifica algo por lo que constantemente te castigues y utiliza estos diez pasos para comenzar un proceso de transformación de tu vergüenza en autoestima.

  1. Deja de negarlo. En primer lugar, esto significa sentir tu vergüenza y aceptarla sin importar cuán incómoda sea. Segundo, reconoce cuánto sufres por esa vergüenza devastadora.

Ejercicio. Di: “Hoy he decidido que ya no es aceptable vivir una vida de sufrimiento y auto-tortura”.

  1. Reconoce que ese defecto, limitación, error, hábito o pecado no te define. Trata de entender que tú no eres ese defecto. Eres un ser humano que tiene ese defecto.

Ejercicio. Di: “A partir de hoy, me rehúso a dejarme definir por este defecto”.

  1. Reconoce que Dios no espera que seas perfecto y que Él te acepta por completo con esa imperfección. Dios nos dio un mandamiento de corregir nuestros errores (teshuvá, arrepentimiento) porque Él nos ama y sabe que nosotros fallaremos y nos equivocaremos. Dios ama nuestra humanidad. Libérate de la necesidad de ser perfecto. Dios tiene muchos ángeles maravillosos. Lo que necesita es verdaderos seres humanos.

Pregunta: si Dios me acepta por completo y me quiere con este defecto, ¿por qué yo no puedo aceptarme con esta imperfección?

Ejercicio. Di: “La verdad es que soy un ser humano complicado, ¡y es genial ser humano!”

  1. Reconoce que el verdadero propósito de la vida es crecer, no ser perfecto. El refrán del judaísmo para la vida es “progreso, no perfección”. Si vivimos enfocados en el éxito, siempre nos sentiremos desanimados y deprimidos. Cuando vivimos enfocados en el proceso, nos sentimos vivos y alegres.

Pregunta: ¿Puedes ver este defecto como una oportunidad para superarte y no como evidencia que confirma que eres malo?

  1. Reconoce que sólo podemos crecer desde el lugar de nuestra lucha actual. Esto requiere entenderse a uno mismo y, sobre todo, ser honestos. El crecimiento autentico es dar un pequeño paso a la vez. Nunca podemos dar grandes saltos. Quienes luchan contra la vergüenza tienden a apuntar demasiado alto y en consecuencia se estrellan y se sienten todavía peor.

Ejercicio: Identifica el punto en donde está tu verdadera lucha con este problema y crea un plan para avanzar tan sólo hasta el siguiente paso.

  1. Reconoce que es esencial aprender a ser paciente contigo mismo, tener autocompasión y ser amable contigo. Ser paciente significa aceptar que es difícil ser un ser humano. No hay correcciones rápidas ni soluciones mágicas a nuestros desafíos. Significa aceptar que crecer es lento, frustrante y a veces imperceptible.

Ejercicio: Cuando cometas un error o falles, di: “No soy malo. Soy humano y está bien cometer errores y ser imperfecto”.

  1. Reconoce que es esencial saber cómo manejar la presión social. La sociedad en que vivimos define qué es éxito y qué es fracaso, qué es ganar y qué es perder, tanto en el mundo secular como en el religioso. Estas definiciones de lo que es el éxito pueden ser devastadoras y desalentadoras para la mayoría de las personas que nunca ganarán la “medalla de oro”.

    Uno de los mayores miedos del ser humano es el miedo a ser un fracaso. Cuando nos medimos a nosotros mismos en base a los estándares de éxito y fracaso de la sociedad, casi siempre nos quedamos cortos y terminaremos sintiéndonos como un fracaso.

Pregunta: ¿Cómo influyen las expectativas y presiones de la sociedad para que me resulte más difícil aceptar esta imperfección?

  1. Reconoce que es esencial formular tu propia definición de éxito y fracaso que te protegerá de la presión social y garantizará que, aunque llegues a fallar, nunca te sientas como un fracaso.

Ejercicio: Formula tu propia definición de éxito que te asegurará sentirte como un ganador incluso cuando falles.

  1. Reconoce que eres una persona única con fortalezas especiales y poderes creativos singulares, y que tienes una contribución única que hacer en el mundo. El propósito de la vida es descubrir tu don y luego entregarlo. La vergüenza finalmente se transforma cuando nos identificamos y tomamos posesión de nuestra misión única. Una persona que hace su contribución única al mundo por cierto se sentirá orgullosa de si misma.

Ejercicio: Clarifica qué es lo que más disfrutas hacer y que también tiene un impacto positivo en los demás y en el mundo.

  1. Reconoce que estás en un camino para liberarte de la vergüenza. Si te quedas estancado, nunca temas pedir ayuda. Como dice el Talmud: “Un prisionero no puede liberarse de la prisión por sí mismo”. Sobre todo, nunca olvides pedir ayuda al Único a Quien finalmente le interesa tu éxito y tu felicidad. Él siempre está ahí para ayudarte.

Estos diez pasos tienen que repasarse una y otra vez y hay que practicarlos cada día. El proceso de transformar la vergüenza requiere trabajo. Pero yo estoy convencido de que si decides que ya no puedes vivir en la “prisión de la vergüenza”, encontrarás la llave para liberarte. Cuando finalmente aprendas cómo ser y personificar lo que es ser un ser humano imperfecto, libre de auto odio, experimentarás la verdadera dulzura de estar vivo.