Los expertos nos dicen que la clave para disminuir, si no se llega a detener la difusión del virus, es el distanciamiento social, un término y una práctica que para nosotros debería ser un anatema. Por lo general obtenemos fuerza en la unidad y la unión, sin embargo en estos momentos extraordinarios, la mejor forma de mostrar que estamos juntos es estar dispuestos a permanecer alejados.

Pero mientras nosotros nos distanciamos, Dios quiebra la cuarentena por todas partes. En momentos difíciles y de crisis como estos, tenemos una opción. Podemos focalizar la atención en este virus espantoso, en quienes se han enfermado y preguntarnos: “¿Dónde está Dios?”; o podemos ver cómo respondemos de forma colectiva, mantener los ojos abiertos sobre las cosas extraordinarias que están ocurriendo y encontrar a Dios en todas partes.

Encontramos a Dios a través de Sus ángeles heroicos, los médicos, enfermeras y asistentes que cuidan a las personas en hospitales y hogares de ancianos. Él se encuentra en la red de voluntarios especiales, Sus ángeles que están dispuestos a preocuparse por quienes no pueden salir de sus casas y llevan provisiones a los más vulnerables. Lo podemos ver en la generosidad de esos ángeles que buscan en lo más profundo de sus bolsillos para asegurar que los que sufrieron golpes más duros puedan continuar seguros y estén protegidos.

Estos actos de bondad, esta actitud de cooperación y colaboración, estos gestos de entrega de hecho son expresiones de Divinidad, vienen del espíritu de Dios que se encuentra en cada uno de nosotros.

Dios también se encuentra en las bendiciones que Él continúa brindándonos, incluso en esta época difícil. Podemos encontrarlo en la tecnología que nos permite mantenernos en contacto, las videoconferencias que unen a cientos de personas en distintos lugares del mundo. Lo podemos encontrar en las aplicaciones, los sitios web y los e-mails que nos dan fuerza para seguir estudiando Torá y rezando juntos, para cantar juntos, preparar Shabat y aprender juntos cómo prepararnos para Pésaj.

No te equivoques, incluso durante este brote, podemos encontrar a Dios en la salida y en la puesta del sol, en los bellos árboles y plantas, en las intrincadas funciones ordinarias del cuerpo humano.

De hecho, podemos encontrar a Dios literalmente cada vez que respiramos. El Libro de los Salmos concluye con la sentencia: Kol haneshamá tehalel Ka, toda alma debe alabar a Dios. Nuestros Sabios (Midrash Rabá) nos dicen: no leas kol haneshamá, toda alma, sino kol haneshimá, cada respiración, debe alabar a Dios.

Rav Jaim Kanievsky explica que mientras la persona tiene aire en sus pulmones, mientras podemos hablar, nunca debemos dejar de reconocer a Dios en todas partes y debemos continuar alabándolo.

El Jatam Sofer tiene una bella explicación, especialmente adecuada a estos tiempos. Él dice que kol haneshimá significa alabar a Dios no con cada respiración, sino por cada vez que respiramos. Una persona sana respira entre 12 y 20 veces por minuto y no piensa en ello ni una vez. Respirar en un acto natural, automático. Lo damos por sentado y no sólo esperamos que la siguiente respiración tenga lugar, sino que ni siquiera pensamos en ello. Sin embargo, hay innumerables factores, mecanismos intrincados que son necesario para que ocurra cada respiración.

El coronavirus ataca el sistema respiratorio. A quienes contraen el virus les cuesta respirar, e incluso algunos necesitan ser colocados en un respirador.

Este virus debe recordarnos que no hay nada ordinario, predecible ni esperable respecto a la respiración. No tenemos derecho a este grandioso regalo y bendición, y por lo tanto kol haneshimá, cada vez que respiramos, debemos reconocer, agradecer y alabar a Dios.

Dios no está en cuarentena, Él no se aleja de ningún ser humano. De hecho, podemos encontrarlo a nuestro alrededor, a través de Sus ángeles, a través de las bendiciones que recibimos y cada vez que respiramos.

Si bien distanciarnos físicamente es lo que debemos hacer para mantenernos a salvo, acercarnos a Dios en este momento es necesario no sólo para sobrevivir, sino para prosperar espiritualmente. Dios no está en cuarentena, Él nunca necesita un traje Hazmat y estar cerca de Él no constituye ninguna amenaza ni peligro. Puedes darle la mano y apoyarte en Él para sentir Su abrazo, Su calidez.

Mientras trabajamos por detener el coronavirus, nos esforcemos para prestar atención a Dios a nuestro alrededor y en nuestro interior. Seamos Sus ángeles para ayudar a otros, nos detengamos para agradecerle por las bendiciones que seguimos teniendo y recemos con toda nuestra concentración y fuerza para que Él brinde sólo buena salud y seguridad a todos.