No sé si reír o llorar.

Leí la noticia sobre un hombre turco que se unió a un equipo que buscaba a una persona perdida, ¡sin darse cuenta que la persona a la que todos estaban buscando era él!

En el pueblo de Inegol, al noroeste de Turquía, Beyhan Mutlu (51) se fue con un amigo a beber en un bosque. Él no regresó a casa y su esposa informó que había desaparecido. El amigo le dijo que Mutlu se había alejado de él, borracho.

Mientras Mutlu dormía en una casa en el bosque, convocaron a las fuerzas militares y a los equipos de rescate para que salieran a buscarlo.

Mutlu se despertó a la mañana siguiente y se encontró con miembros del equipo de búsqueda. Él decidió ayudarlos a encontrar a la persona desaparecida. Pero cuando oyó que gritaban su nombre, entendió que él era el objeto de la búsqueda.

Mutlu dijo en las noticias turcas que él les dijo que era Beyhan Mutlu, el hombre que estaban buscando, pero "ellos no me creyeron" y siguieron adelante con la búsqueda. "La verdad salió a la luz cuando mi amigo me vio".

Mutlu pasó más de media hora buscándose a sí mismo por todos lados.

Es difícil resistir la tentación de convertir semejante historia en una metáfora de la vida.

Para encontrarme a mí mismo, necesito mirar en mi interior, no afuera.

Demasiadas personas están en el bosque, uniéndose a equipos de rescate buscándose a sí mismas, sin detenerse para comprender: estoy aquí mismo. Para encontrarme a mí mismo, necesito mirar en mi interior, no afuera.

Anhelamos encontrar conexión, significado y entendernos a nosotros mismos. Impulsados por llenar el vacío, nos unimos a una multitud de personas, compañeros de viaje que también están buscando, y fijamos nuestro foco externamente, demasiado asustados de examinar de cerca el único lugar donde podemos encontrar lo que estamos buscando: en nuestro interior.

Somos maestros de las distracciones, intentando llenar ese dolor interno con un flujo interminable de significado sustituto: aprobación y atención de donde podamos obtenerlas, una gama de adicciones (comida, películas, diversión, fantasía, drogas), poder externo y éxito. Mientras tanto nos alejamos de la persona que realmente estamos buscando.

Tenemos que pisar el freno y detenernos (qué pena que la interrupción de Facebook/WhatsApp/Instagram que experimentamos esta semana no haya durado más de seis horas). Para encontrar a la persona que estamos buscando, necesitamos dejar de deambular por el bosque y tener el valor de mirar hacia nuestro interior.

En su serie Los 48 caminos a la sabiduría, Rav Nóaj Weinberg enfatiza el hecho de alentar a la gente a tomarse el tiempo para responder con claridad y convicción estas preguntas: ¿Para qué vivo? ¿Cuáles son mis prioridades en la vida? ¿Cuál es mi plan de acción para lograr esos objetivos? Para responder a estas preguntas básicas, es esencial dedicar tiempo para entrevistar a la persona más fascinante que puedes llegar a encontrar en el mundo: tú mismo.

Rav Weinberg nos alienta a sentarnos con papel y un lápiz, con los teléfonos apagados, y tomarnos el tiempo necesario para responder a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son mis objetivos principales en la vida?

  • ¿Por qué escogí esta carrera? ¿Estoy satisfecho con ella?

  • ¿Por qué quiero ser recordado?

  • ¿Cómo puedo ser más feliz y sentirme más realizado?

  • ¿Cuáles son mis ambiciones y sueños secretos? ¿Por qué no los he cumplido?

  • ¿Cómo puedo ser un mejor padre, esposo, amigo?

Responder estas preguntas tiene un rol importante para llegar a entender quién eres. Cancela el equipo de búsqueda. La persona que buscas está aquí mismo, dentro de ti. Tómate el tiempo, decídelo y enfócate en descubrir quién eres realmente.