Hace un tiempo, el periódico New York Times describió los perfiles de tres soldados de Estados Unidos. Se trataba de Amaru Aguilar (26), Kevin Balduf (27) y Benjamín J. Palmer (43). Todos ellos fueron asesinados mientras luchaban en Afganistan. El reportero, Bruce Wallace, decidió buscar información sobre estos desconocidos nombres.

Kyle Balduf, el hermano gemelo de Kevin, contó que un día, Kevin estaba haciendo una patrulla en Afganistán. No se suponía que él estuviese allí ese día, pero un soldado se había enfermado y Kevin había tomado su lugar. Durante esa misión, una banda de combatientes talibanes abrió fuego contra ellos.

El trabajo de Kevin era solicitar un ataque aéreo. El problema era que Kevin aún no había recibido el nivel de entrenamiento necesario para hacer dicha labor adecuadamente. Pero él no se dio por vencido. Tomó el mapa y lo intentó lo mejor que pudo. Se las arregló para informar las coordenadas. Unos cuantos aviones de caza fueron enviados para ayudar a rescatar a los hombres. Kyle cuenta que varias vidas fueron salvadas ese día. Kevin fue condecorado con la “Estrella de Bronce”.

Pero este acto de heroísmo no es el capítulo de la vida de Kevin Balduf que más me inspira.

Cuando Kevin era un estudiante en cuatro grado, le estaban enseñando el concepto de longitud y latitud. Entonces, le dijo a su maestra, la Sra. Burton, que toda la materia era estúpida. Él dijo que él nunca la usaría.

Pero cuando estaba en Afganistán y tenía que solicitar el ataque aéreo mientras estaba bajo fuego talibán, sí utilizó las antiguas enseñanzas de la Sra. Burton.

"Estaba equivocado", le dijo a su maestra de cuarto grado. "Latitud y longitud en realidad salvaron la vida de muchas personas".

Cuando regresó a casa luego de la batalla, Kevin fue a su vieja escuela primaria y encontró a la Sra. Burton. Ella aún era maestra de cuarto grado. "Estaba equivocado", le dijo a ella, "Latitud y longitud en realidad salvaron la vida de muchas personas". Kevin le agradeció a su maestra por las enseñanzas aprendidas hace tantos años.

Kevin se tomó el tiempo para parase frente a la clase de cuarto grado y contarles su historia. Le agradeció a la Sra. Burton y les dijo que ellos podían lograr cualquier cosa en la que pusieran su corazón, y que tenían el poder de cambiar el mundo a su alrededor. Este héroe de la “Estrella de Bronce” transmitió humildad y gratitud, enseñándole a los niños de aquella clase de cuarto grado la definición de fuerza genuina.

Después de eso, Kevin regresó a Afganistán y fue asesinado en acción.

Compás emocional

¿Qué pasaría si cada uno de nosotros tomara el mensaje final de Kevin – una actitud de gratitud – y lo transformara en parte de su vida?

Longitud y latitud no son solamente puntos físicos en un mapa. Imaginen si buscáramos a aquellos que nos han ayudado a encontrar nuestra latitud y longitud emocional; aquellos que nos fortalecieron mientras encontrábamos nuestra dirección en la vida. ¿Recuerdan los momentos en los que nos salimos fuera del curso, o en los que tuvimos problemas para encontrar el camino correcto?

La vida es un viaje, y a veces se vuelve arduo y desafiante. Puede ser difícil encontrar nuestro camino. La carretera se hace larga, las opciones nos confunden, las líneas se hacen borrosas y sin darnos cuenta estamos perdidos. Tomamos malas decisiones que pueden impactarnos para siempre.

Pero entonces, somos bendecidos con esa persona especial que ilumina nuestro camino. Aquel que nos salva de estar condenados a la oscuridad.

Parte de nuestra naturaleza humana es olvidar rápidamente y seguir adelante.

Hemos sido bendecidos con individuos que nos inyectan fortaleza, que siguen creyendo en nosotros, que nos despiertan y nos empujan a pensar positivamente, y a nunca darnos por vencidos. Individuos que nos dieron una lección de vida – incluso en cuarto grado – que se ha quedado con nosotros, que nos ha enriquecido y que quizás nos ha ayudado incluso a salvar vidas.

Pero parte de nuestra naturaleza humana es olvidar rápidamente y seguir adelante.

Piénsalo. ¿Quiénes son esas personas en tu vida?

Puede ser una maestra, un amigo de la secundaria, un primo, un vecino, un padre o un hermano. Puede ser alguien con quien no has hablado en años, pero ahora un tenue recuerdo se ha despertado y sientes la necesidad de encontrar a esa persona y expresar tu gratitud. No te has olvidado.

Hakarat Hatov, reconocer y apreciar lo bueno, es la base del judaísmo. Comenzamos cada día diciendo un rezo llamado Modé Aní – gracias, Dios. Gracias por devolverme mi vida y darme otra oportunidad para hacer algo con mi tiempo en este mundo.

Cuando me convierto en una persona que vive con este entendimiento, vivo más agradecida. Me convierto en una persona más positiva, conciente de mis bendiciones. Aprendo a reconocer el bien y a no permitir que lo negativo me agobie. Aprecio el regalo de las personas en mi vida a quienes de otra forma daría por sentado.

El judaísmo nos dice – desde el momento en que nos despertamos – que debemos amar la vida.

Kevin Balduf despertó en mí una misión de difundir este mensaje. Si pudieras, ¿a quién llamarías hoy para decirle: "Gracias por la latitud y la longitud. No las he olvidado"?