¿Qué hace que algunos niños tengan éxito y que otros fracasen? ¿Qué lleva a algunas personas a lograr grandes cosas mientras que otros se marchitan con sus sueños sin cumplir? Esa es la pregunta que intrigó al escritor estadounidense Paul Tough. Su respuesta se encuentra en su libro titulado How Children Succeed (‘Cómo tienen éxito los niños’).

Tough descubrió que lo que hace la diferencia no es la inteligencia, talento o habilidad innata. No depende de nada cognitivo. Él dice que la diferencia radica en el carácter, en características como disciplina, persistencia, autocontrol, entusiasmo, gratitud, optimismo, curiosidad, valentía y conciencia. Sin embargo, hay una dimensión que importa más que todas las otras. Él la llama coraje: la habilidad de seguir adelante a pesar de repetidos fracasos y contratiempos. Las personas con coraje crecen. Las personas sin él son derrotadas por los desafíos de la vida o desarrollan una aversión al riesgo. Se van a la segura.

Me fascinan las historias de personas que tenían coraje y que superaron repetidos fracasos y rechazos. Pienso por ejemplo en aquella madre soltera, casi indigente, que se sentaba en cafeterías a escribir una novela infantil para ganar un poco de dinero, pero que luego se encontró con que las primeras doce editoriales a las que envió su manuscrito lo rechazaron. Pero ella siguió adelante. Ustedes han escuchado de ella. Su nombre es J.K. Rowling, la autora de Harry Potter.

Pienso en otro escritor de libros para niños que sufrió incluso más rechazos: veintiuno en total. El libro eventualmente fue publicado. Se llamó El señor de las moscas y su autor —William Golding— fue eventualmente premiado con el Premio Nobel de literatura.

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La historia de fracasos más famosa de nuestra época fue la del fallecido Steve Jobs. En su magnifico discurso en una graduación de la Universidad de Stanford, él contó la historia de los tres golpes del destino que dieron forma a su vida: salirse de la universidad, que lo despidieran de la compañía que él había fundado —Apple—, y que le diagnosticaran cáncer pancreático. En vez de que esas cosas lo derrotasen, él les dio un uso creativo; eventualmente regreso a Apple y desarrolló tres del los inventos emblemáticos del siglo XXI: el iPod, el iPhone y el iPad.

La casa del Rabino en Jefe de Inglaterra está cerca de una calle llamada Abbey Road. Cincuenta años después de que el grupo que la hizo famosa tuvo su primer éxito, aún puedes ver multitudes de turistas fotografiándose en el paso de peatones más famoso del mundo. Su primera audición se ha convertido en una leyenda. Ellos tocaron para una compañía de discos que luego les dijo que las bandas de guitarra eran cada vez menos populares. El veredicto en enero de 1962 fue: "Los Beatles no tienen ningún futuro en el mundo del espectáculo".

J.K. Rowling, William Holding, Steve Jobs y los Beatles no eran, hasta donde yo sé, personas religiosas. Algunas personas simplemente tienen coraje. Es parte de su naturaleza. ¿Pero qué hay del resto de nosotros? ¿Puedes aprender a tener coraje? ¿Puedes adquirirlo si no naciste con él? No estoy seguro de que haya una respuesta general a esa pregunta, pero aquí hay una respuesta personal.

Más de lo que nosotros tenemos fe en Dios, Dios tiene fe en nosotros.

Yo también he tenido mi cuota de fracasos. En lo comienzos de mi carrera fui rechazado para todo trabajo al que apliqué. Después de haber sido nombrado rabino, me tomó dos años encontrar una congregación. Desde los veinte años, una de mis ambiciones era escribir un libro. Intenté y fallé por veinte años. Aún tengo una estantería llena de libros que empecé y no completé. Finalmente, energizado por una frase de George Bernard Shaw de que si vas a escribir un libro es mejor que lo hayas hecho para cuando cumplas cuarenta, completé mi primer libro a esa edad y desde entonces he escrito uno por año. Aprendí a aceptar el fracaso en vez de temerle.

¿Por qué? Porque en algún punto de mi camino religioso descubrí que más de lo que nosotros tenemos fe en Dios, Dios tiene fe en nosotros. Él nos levanta cada vez que caemos. Él nos perdona cada vez que fallamos. Él cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos. Él sana nuestros corazones rotos. Nunca dejo de emocionarme con las palabras de Isaías: "Incluso los muchachos se cansan y se fatigan, y los jóvenes pueden tropezar y caer, pero aquellos que tienen su esperanza puesta en Dios renuevan sus fuerzas. Ellos vuelan como águilas, corren y no se cansan, caminan y no desfallecen".

La mayor fuente de coraje que yo conozco, la fuerza que nos permite superar cada fracaso, cada contratiempo, cada derrota y nos ayuda a seguir avanzando y creciendo, es tener fe en la fe que Dios tiene en nosotros.