El precio de vivir con una pandemia y disturbios políticos es muy alto. El consumo de alcohol aumentó un 14% en comparación al año pasado, y entre las mujeres es todavía más elevado. La depresión y la ansiedad transforman a los hogares en 'ollas de presión'. Los fabricantes de vaporizadores experimentaron un auge en las ventas.

¿Cómo podemos encontrar inmunización espiritual ante esta realidad?

Hace poco conmemoramos el iortzait de nuestra matriarca Rajel. Está escrito que hasta el día de hoy Rajel llora por sus hijos. El sonido de su llanto amargo se escucha en los cielos. El profeta Irmiyahu describe que Dios trata de consolar a Rajel: "Deja de llorar, seca tus lágrimas… Porque hay esperanza (tikvá) para el futuro. Tus hijos volverán a casa".

Necesitamos esa esperanza. También nosotros requerimos esa dosis de luz para combatir la oscuridad. Sabemos que no podemos controlar gran parte de lo que ocurre, pero podemos elegir vivir con esperanzas.

Cómo pasar de la desesperanza a la esperanza

Comencemos dándonos un fuerte impulso. Necesitamos conectarnos con el deseo de dejar de sentirnos atrapados en las arenas movedizas de la negatividad y la desesperación. Decide ahora mismo hacer un esfuerzo consciente para irradiar positividad.

Aquí hay algunos pasos que puedes seguir:

1. Cambia tu forma de pensar

Cambia la forma en que manejas el estrés en tu vida. Cuando te des cuenta de que estás entrando en territorio negativo o que estás "volviendo terrible" tu vida, detente. Reemplaza lo negativo con positivo. No asumas el peor escenario posible. Elimina expresiones tóxicas, tales como: "ya no puedo hacer esto"; "esto no es normal"; "me estoy volviendo loco"; "todo es una locura". Estas verbalizaciones nos llevan a un mal lugar y llenan la atmósfera de toxinas emocionales.

En vez de decir "no puedo", di "es difícil, pero puedo". Usa palabras como "todo va a estar bien", "lo lograremos" y "vamos a estar bien". Difunde positivismo.

Vamos a pasar este desafío, pero cómo llegaremos al otro lado depende de nuestro trabajo interno.

2. Encuentra pequeños remansos de paz

No es todo o nada. Quizás no puedes tomarte esas vacaciones que planeabas ni salir a almorzar con amigos, pero puedes encontrar momentos de fortalecimiento emocional, mental y espiritual. Un estiramiento de cinco minutos un par de veces al día mientras trabajas, una energética caminata matutina, hablar con un amigo, sentarse en silencio con un delicioso té o un capuchino, escuchar una charla de Torá o música inspiradora… Todas estas son pequeñas ideas que tienen un gran impacto.

¿Qué clase de cuidado personal es realista para ti en este momento?

3. Tener visión de futuro

Cuando todo lo que vemos es la oscuridad de hoy, vivimos con una lente limitada. "Esto también pasará" es una maravillosa porción de sabiduría judía. Nada dura para siempre. Ni lo bueno ni lo malo. Cuando esta pandemia y los disturbios terminen, ¿cómo planeas reconstruir tu vida? ¿Cómo has cambiado para mejor en los últimos meses? ¿Qué aspectos positivos salieron a la luz en estos días?

Si aún no has descubierto nada positivo, ahora es el momento de reflexionar al respecto. Algunas familias descubrieron la hora de la cena compartida y la alegría que surge al compartir una comida y una conversación. Otros se dieron cuenta cuánto les gustaba pasar su tiempo con amigos y parientes, o los abrazos de los abuelos, pero habían dado por sentados esos momentos. Piensa cómo recuperar los recuerdos perdidos una vez que podamos volver a estar juntos.

4. Conoce el pasado de nuestra nación

Recuerda la milagrosa historia del pueblo judío, Esta no es la primera vez que experimentamos terribles miedos y preocupaciones. En cada período de oscuridad, cuando el mundo ya estaba preparado para proclamar el Kadish por nuestra nación, logramos triunfar. Nuestro pueblo tiene hasta el día de hoy una promesa eterna de Dios: "Dios no abandona a Su pueblo". Si estudias la historia judía, verás claramente que hay un plan Divino para el mundo. Nos hemos levantado de las cenizas. Mientras hay vida hay esperanzas.

Nuestra nación sigue viva. Durante 2.000 años hemos deambulado, pero no perdimos el camino. Jerusalem nos llama. Nuestras almas están vivas, esperando ser reencendidas. La esperanza está en nuestros corazones.

Una historia de esperanza para recordar en estos días

El Segundo Ejército británico liberó el campo de exterminio de Bergen Belsen en abril de 1945. El primer viernes después de ser liberado, el capellán judío del ejercito británico, L. H. Hardman, dirigió el primer servicio de Shabat para los demacrados sobrevivientes. El veterano locutor de la BBC, Richard Dimbleby, estuvo al borde del llanto cuando fue testigo de la primera plegaria de Shabat celebrada abiertamente en el suelo alemán desde el comienzo de ese período infernal.

El periodista de la BBC Patrick Gordon, describió lo que vio:

"A nuestro alrededor yacen cadáveres que todavía no hubo tiempo de remover. La gente sigue acostada por todos lados, moribunda… Unos pocos cientos de personas se reunieron, llorando de alegría por su liberación y de dolor por el recuerdo de sus padres, hermanos y hermanas que fueron asesinados, gaseados e incinerados. Estas personas sabían que las estaban grabando. Ellos querían que el mundo escuchara sus voces. Para eso se esforzaron terriblemente, lo cual terminó de agotarlos. Escuchen".

Todavía rodeados de personas moribundas, estos sobrevivientes entonaron el Hatikva, "la esperanza", lo que se convirtió en el himno nacional de Israel. En ese momento, esas almas valientes quisieron que la humanidad supiera que a pesar del dolor, de las atrocidades, de la degradación, del sufrimiento indescriptible, nunca perdemos nuestras esperanzas. Estábamos decididos a aferrarnos a nuestros sueños, a nuestra visión de la tierra de Israel y a la belleza de Jerusalem. Nadie puede quitarnos nuestra esperanza. Ninguna marcha de la muerte puede llegar a destruir nuestra voluntad de vivir.

Al concluir la canción, una voz declaró: "¡Am Israel jai! – ¡El pueblo judío sigue vivo!".

Aférrate a la esperanza. Vamos a lograr salir adelante.


Crédito de la foto: Sandy Millar, Unsplash.com