Cuando alguien te dice que eres "contagioso", es muy posible que lo primero que te venga a la mente sea algo negativo.

Generalmente cuando somos contagiosos, pensamos que sólo podríamos contagiar un resfriado, una infección, o lo que está tan de moda, el coronavirus.

Hemos tomado muchísimas precauciones de limpieza en estos momentos de estrés en que vivimos, pero hay otras cosas que se contagian, a las cuales no les estamos dando la importancia que ameritan. Y no sólo hoy, sino todos los días, 24/7.

Nuestro estado de ánimo es contagioso. Si estás feliz, emocionado, triste o amargado, SE CONTAGIA.

Hace poco estaba trabajando de lo más tranquila, con mi música “zen” de fondo, y de pronto llegó alguien muy estresado.

Yo trataba de seguir trabajando a mi ritmo, pero no entendía por qué algo me lo estaba impidiendo. No podía seguir concentrándome y me sentía acelerada. Como si alguien me estuviera persiguiendo y yo corriendo para salvar mi vida.

Entonces capté que esa persona que había llegado estaba muy estresada, y se me había “contagiado” su estrés. Cabe recalcar, que ni siquiera estaba al lado mío. Estando en el mismo lugar, aunque fuera a distancia, también tenía "súper poderes" para contagiar a los demás.

Esos "súper poderes" los tienes tú también. Así que úsalos para bien.

Procura ser feliz. Primero por ti y segundo por todos los que están a tu alrededor. Tienes una responsabilidad.

A veces pensamos que, si estamos amargados, es problema nuestro y no le hacemos daño a nadie. Y en mi experiencia he podido ver que no es así. Sí es problema nuestro lo que siente la gente a nuestro alrededor, aunque sea en un pequeño porcentaje.

Seguramente han escuchado que "si la mujer de la casa está feliz, entonces la casa entera está feliz".

Es totalmente cierto, y lo he comprobado.

Los días que estoy feliz, veo como todo en mi casa fluye de manera armoniosa. Los niños se comportan, todo está más o menos en orden (no necesariamente en el lugar que le corresponde) y escucho muchas risas de fondo de todos los que habitamos en ella.

Pero los días que estoy muy estresada, se vive el estrés en el ambiente. Aquello que estaba más o menos en orden me hace sentir que soy una desordenada y que nunca me alcanza el tiempo para nada. Las risas de los niños ya casi no se escuchan, si no más bien, gritos y peleas.

¡La vibra de cada uno se contagia!

Procuremos trabajar en nuestra felicidad. La felicidad no es un fin. La felicidad es un estado. La felicidad es una decisión.

Así que decide ser feliz para contagiar a los demás de buena vibra y felicidad, y con la ayuda de Hashem lo vas a lograr.