Nadav Ben Yehuda, 24 años, estudiante de derecho en la ciudad de Rejovot, ama escalar. Su objetivo era ser el escalador israelí más joven en llegar a la cima del Monte Everest.

Un frío fin de semana a fines de mayo del 2012, más de doscientos alpinistas intentaron llegar a la cima de la montaña de 8.848 metros de altura. Todo iba bien para Ben Yehuda, quien estaba a punto de cumplir su sueño de alcanzar el pico más alto del mundo.

Nadav continuó subiendo, con su guía sherpa detrás de él, hasta que de repente se detuvo a 250 metros de la cima.

Allí se encontró con el cuerpo inconsciente del alpinista turco Aydin Irmak, el cual yacía sobre la nieve. Nadav tuvo que tomar una difícil decisión: podía continuar escalando y llegar a la cima de la montaña, o podía intentar salvar la vida de Irmak.

En los últimos años las relaciones entre Turquía e Israel han sido muy tirantes, llegando a su punto más bajo en mayo del 2010 cuando la armada israelí evitó que la flotilla Mavi Marmara penetrara el bloqueo marítimo legal de Gaza y nueve turcos murieron cuando los israelíes fueron atacados.

Pero cuando Nadav vio a Aydin abandonado en la montaña no pensó en política, él vio un ser humano que estaba a punto de morir.

“Ya había pasado al lado de dos cadáveres cuando lo encontré”, dijo Nadav. “Él estaba inconsciente, no tenía guantes, oxígeno ni crampones. Estaba descubierto… Estaba esperando el final. Yo podía llegar a la cima, pero si hubiese continuado escalando entonces Irmak indudablemente habría muerto. Otros alpinistas pasaron al lado de él y no hicieron nada, pero yo no lo dudé. Sabía que tenía que salvarlo”.

Nadav ató a Irmak a su arnés y comenzó el descenso, una jornada de nueve horas hasta la base más cercana. Salvar a Irmak fue probablemente más difícil que intentar llegar a la cima.

“Fue muy difícil acarrearlo porque era muy pesado. Por momentos volvía en sí, pero luego se desmayaba nuevamente. Cuando se despertaba gritaba de dolor, lo que complicaba aún más la tarea”.

“Fue un milagro”, dijo Irmak. “Recuerdo que me caí. Me desperté con Nadav parado sobre mí gritando mi nombre. Nadav hizo algo maravilloso, construyó un puente entre Turquía e Israel y nuestros líderes pueden aprender mucho de él… quizás perdí la oportunidad de llegar a la cima, pero gané un nuevo hermano”.

Cuatro alpinistas perdieron la vida en el Everest ese fin de semana. Nadav vio que la ruta estaba cubierta de cuerpos, y gracias a él, Irmak no fue uno de ellos.

Las temperaturas de 40 grados bajo cero dejaron a ambos hombres con varias heridas por congelación y la mano de Nadav que no tenía guante quedó negra. Eventualmente lograron volver al Campo IV, desde donde fueron evacuados en helicóptero.

Al volver a Israel para recibir tratamiento médico, Nadav recibió el galardón de héroe, y al mes siguiente recibió la Medalla Presidencial de Honor de Israel en la residencia del presidente Shimón Peres en Jerusalem. Sin embargo, no cree que sus acciones merezcan un premio tan destacado y no se arrepiente de su decisión.

“Salvar una vida es mucho más prioritario que ser el israelí más joven en escalar el Everest”, dijo Nadav. “Nunca dejas a un amigo en el campo”.

La historia también fue publicada en algunos periódicos turcos; un raro caso de noticias positivas sobre Israel.

Cuando le preguntaron si aún quería escalar el Everest, Nadav respondió: “Quiero ver la vista desde la cima”. Aydin Irmak el hombre a quien salvó espera que algún día puedan conseguir juntos ese objetivo.