Visualicemos a un zapatero martillando el taco de un zapato… y pensando en el dinero que va a obtener. Su logro es su pago. Cumplir este logro le causa más motivación a obtener más dinero y no respecto a arreglar otros zapatos. Este zapatero no disfruta de su trabajo. Lo agobia el esfuerzo por la necesidad de subsistir. Desea el objetivo (obtener dinero), pero no está feliz con el proceso para obtenerlo.

Otra imagen: una persona que sigue una dieta para adelgazar. Todo logro en la carrera por adelgazar le genera el deseo de seguir adelgazando. Sin embargo, como no disfruta durante el proceso y sufre con la abstinencia de la comida, eventualmente, no puede continuar con la dieta y no conquista la meta.

Este fenómeno también se presenta en el ámbito espiritual. Cuando se estudia un libro de Torá y se está absorto en el objetivo de concluirlo y no en el estudio mismo, se pierde el regocijo durante el proceso.

“Los ojos del necio están en los confines de la tierra” (1). El Gaón de Vilna explica este versículo de la siguiente manera: “en el momento en que comienza a estudiar, sus ojos se dirigen a concluir todo el Talmud o un tratado del mismo… no disfruta de su ocupación [el estudio]”. Si el objetivo se remite al punto de arribo, en este caso el Talmud, y el estudio mismo no lo inspira, no experimenta goce en el proceso.

En el trabajo, en la dieta y en el ámbito espiritual observamos ejemplos en los cuales se dificulta el proceso. Los actos no desencadenan un deseo y una motivación hacia una acción posterior.

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El tiempo pasa lentamente cuando estamos en espera de cumplir un deseo determinado y las circunstancias nos impiden conseguirlo de inmediato, como un niño que está en clases y desea salir a recreo. Para él, cada minuto es una eternidad. En situaciones dolorosas o cargadas de tedio, las horas parecen arrastrarse. Lo contrario sucede cuando nos divertimos, ¡el tiempo vuela!

Yaacov Avinu se comprometió a trabajar durante siete largos años, para desposar a Rajel. Tenía todas las razones para sentir resentimiento y perder su voluntad. Debía desperdiciar su tiempo y sus fuerzas en realizar la labor quebrantadora de pastorear el ganado de Laván.

¿Cómo concibió Yaacov ese período? “Yaacov trabajó siete años por Rajel y, en sus ojos, fueron como pocos días, por su amor a ella” (2). ¿Qué hizo que Yaacov escape a la lógica común? ¿Cómo largos años de trabajo se percibieron como pocos días? Yaacov entendió que Dios consideraba que su desarrollo personal requería ese arduo trabajo y lo aceptó con alegría.

En su caso, el trabajo se convirtió en un objetivo en sí mismo, le fue posible concentrarse en él y obtener alegría: “en sus ojos fueron como pocos días”.

Una vez que el proceso tiene una razón de ser, es ilógico angustiarse por la espera. Una persona que estudia medicina con la mira hacia el día en que colgará su diploma y conseguirá dinero trabajando como médico, sufre durante todos los años de estudio. Siente frustración por todo el tiempo y el esfuerzo que debe “desperdiciar”. Preferiría recibir el título de inmediato.

Por otra parte, si estudia con el objeto de ser un médico experto y profesional, el estudio mismo es lo que persigue. El tiempo deja de ser un obstáculo, una barrera que lo separa de su meta, y se transforma en el objetivo mismo. Si le ofrecieran recibir el título sin estudiar ni rendir los exámenes pertinentes, no lo aceptaría.

Si adquirimos conciencia clara de que cada paso del proceso es, en sí mismo, un logro que nos beneficia enormemente, cada uno de tales pasos generará una nueva motivación para seguir adelante. Esta nueva perspectiva nos traerá alegría en todos los caminos de nuestra vida.

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Reconsideremos los casos irresolutos que mencionamos al comienzo:

  1. El zapatero, además de enfocarse en la retribución económica de su trabajo debería preocuparse de la calidad del mismo, que en definitiva, representa su talento, su dedicación y su capacidad creativa. Si aspira a que sus trabajos tengan un alto nivel, el trabajo mismo pasa a ser un objetivo y deriva placer de la tarea (3).

  1. La persona que sigue un régimen alimenticio debería enfocarse, principalmente, en fortalecer su autocontrol en lugar de obsesionarse con los veredictos de la balanza. Así, cada vez que logra abstenerse, la abstención misma, el autocontrol, le proporciona placer. El triunfo en la ardua batalla por dominarse, fortalece la motivación de controlarse aún más. Con esta fuerza de voluntad como territorio ya conquistado, tendrá éxito.

  1. Lo mismo sucede en el área espiritual. Si se cumple la Torá y las mitzvot sólo como un medio para el refinamiento del alma, cada mitzvá es tediosa. Se pierde el interés por los detalles, la rutina agobia. El proceso de crecimiento mismo debiera ser el objetivo e incentivo.

Se cuenta del Gaón de Vilna, que ante él se reveló un informante del cielo que deseaba transmitirle los secretos de la Torá. El Gaón se rehusó y prefirió continuar esforzándose en los estudios de la Torá, para revelar sus secretos por sí mismo (4). No hay duda que el Gaón deseaba con fervor saber todos los secretos de la Torá ¡quién como él para apreciar su importancia! No obstante, entendía que el proceso también era importante y no deseaba renunciar a él.

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El ser humano avanza por la vida atravesando escenarios imperfectos. Los procesos que constituyen la existencia son, por definición, un estado incompleto en comparación al fin.

Una persona que se niega a aceptar las circunstancias de su vida actual, siente insatisfacción respecto a las oportunidades que se le presentan y cuestiona su realidad “lástima que no tengo otra familia, otras amistades, otra profesión… si hubiera sido diferente…”. Siente que todos sus actos se realizan por falta de alternativa. En su perspectiva, compadecerse de su destino, justifica la falta de felicidad que experimenta.

Esta actitud, paradójicamente, es la razón principal de la ausencia de felicidad y no la realidad en sí. Si aceptara su realidad, en lugar de querer cambiarla, alcanzaría la felicidad...

No es fácil aceptar todas las dificultades que nos acompañan en el transcurso de nuestra vida; pero este entendimiento es el primer paso, como explica Rashi (5): “Todos los comienzos son difíciles, pero si están dispuestos a aceptar, se les hará placentero, de aquí en adelante”.

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Este artículo es un extracto del libro El código judío de la felicidad de Rav Igal Snertz. Para más detalles o para comprar el libro haz clic aquí.


Notas:

(1) Mishlei 17:24.

(2) Bereshit 29:20

(3) De acuerdo a Mijtav MeEliahu 3, 17.

(4) Introducción de Rabí Jaim de Volozhin al comentario del Gaón de Vilna a Sifra Detzniuta.

(5) Shemot 19:5.