En el último tiempo tuve la oportunidad de aprender mucho sobre rehabilitación y mi cerebro está sobrecargado. El proceso de rehabilitación, y el camino a la sobriedad, es un proceso del cual todos podemos aprender.

Mi amiga, Adrienne Gold, dice que algunas de las personas más maravillosas que conoce son adictos en recuperación. Después de hablar con alguien unos minutos, me doy cuenta si se trata de un terapeuta o de alguien que hizo una excelente terapia. Si hubo problemas o situaciones que te llevaron a hacer terapia, entonces comenzaste el camino del autodescubrimiento y la autoconsciencia. Simplemente no se adquiere esa clase de claridad por uno mismo o sin haber experimentado un trauma.

La primera parte es como el viejo chiste. "Pregunta: ¿Cuántos psicólogos se necesitan para cambiar un foco de luz? Respuesta: Sólo uno, pero realmente tiene que querer que lo cambien". Hay personas que están en rehabilitación porque están desesperadas y completamente dispuestas a ser diferentes, a vivir de otra forma. Estas personas están allí por una sola razón: ellas quieren, mejor dicho, necesitan estar allí. Han intentado no estar allí, no recibir ayuda y ya no pueden más. Saben que, sin ayuda, están perdidas. Se acabó.

El cambio es posible sólo si la persona en cuestión está dispuesta al cambio.

Luego están aquellos que están en recuperación debido a presión comunitaria o familiar, o por orden judicial. Estas personas tienen una probabilidad mucho menor de recuperación. Realizar un cambio en tu estilo de vida para complacer a otras personas cuenta con un lúgubre pronóstico. Las expectativas de otras personas, al parecer, no son una motivación suficiente.

Lección número uno: el cambio sólo es posible si la persona en cuestión está dispuesta al cambio. Lo ideal es que haya sido su propia idea. Lo ideal es que esté desesperada por cambiar. Tú no puedes arreglar y cambiar a otras personas.

Lección número dos: habrá recaídas. No es seguro, pero es muy probable. Aunque la recaída asusta, debemos saber que la persona no regresa a cero. En recuperación aprendes cosas sobre ti mismo que antes simplemente no tenías forma de descubrir, y nunca dejas de saber esas cosas. Puede que caigas en malos hábitos, pero ahora entiendes algo más. Todavía tienes acceso a la ayuda necesaria. Tienes acceso a mejores hábitos y personas mejores que antes no tenías. Por lo tanto, no es un deslizamiento en bajada, sino dos pasos adelante, un paso atrás. Sigues estando en camino a la recuperación. No te has caído de la carreta; sólo tomaste la ruta panorámica.

Lección número tres: la vulnerabilidad es una señal de fortaleza, no de debilidad. La adicción y la vergüenza prosperan en secreto. La profesora e investigadora Brene Brown dijo: “La vergüenza prospera en el secreto, silencio y juicio. La vergüenza no puede sobrevivir cuando se habla”. En la vida regular, admitir hábitos y conductas terribles da miedo porque eso expone tus peores debilidades. Ahora eres débil e indefenso ante el juicio.

Pero en recuperación, esta vulnerabilidad es exactamente lo que trae la sanación, porque demuestra fortaleza y crea fortaleza. Les da fortaleza a los demás y te enseña que tienes el poder de crear positividad con tu negatividad. Decir “estoy bien” es una técnica para esconderse detrás de un barniz endeble; pero decir “no estoy bien” es el atemorizante acto de abrir la puerta a un mañana desconocido. Pasar por esa puerta es vulnerable, poderoso y emocionante. También es la cosa más atemorizante que harás.

Si hay un adicto en tu vida, incluso si el adicto no está intentando recuperarse, trata de ver si puedes reemplazar repulsión por compasión.

Lección número cuatro: el apoyo familiar es todo. Si crees que el adicto en tu vida es débil y despreciable, él creerá que es débil y despreciable. Los adictos que se recuperan son héroes, pero los adictos que se recuperan sin apoyo son superhéroes.

Los adictos que intentan recuperarse hacen lo máximo posible por ser héroes. Si hay un adicto en tu vida, incluso si el adicto no está intentando recuperarse, trata de ver si puedes reemplazar repulsión por compasión. Trata de preguntarte cuál es el dolor, cuál es el trauma que lo llevó a la autodestrucción.

Para terminar, Hilel dijo: “No juzgues a tu amigo hasta que hayas estado en su lugar”. Si no eres un adicto, por favor al despertarte cada día de tu vida agradécele a Dios por eso.


Este articulo apareció originalmente en "Cleveland Jewish News".