El caso de Lance Armstrong puede enseñarnos muchos principios importantes de cómo "corregir un mal".

No vengo a juzgar a otra persona. Pero creo que podemos aprender de los errores que Armstrong cometió al tratar de reparar sus fechorías. La forma en que nos disculpamos hace toda la diferencia en el mundo.

1. No Inventes Excusas

El mes pasado, Lance Armstrong se sentó con el jefe de la Agencia Anti-Doping de los Estados Unidos y – en contra del consejo de sus abogados – tuvo una conversación privada. A Armstrong se le había prohibido competir en ciclismo profesional por lo que la agencia denomino "el plan de doping más sofisticado del planeta". El siete veces ganador del Tour de France y ciclista estrella esperaba cambiar todo eso.

En la reunión Armstrong habló abiertamente sobre doping. Él argumentó que hacer trampa estaba proliferando en todos los deportes profesionales, incluyendo la Liga Nacional de Fútbol Americano. Él se quejó de que estaba siendo un objeto de castigo a modo de ejemplo.

Aquí está el problema.

Cuando nos damos cuenta de que hemos defraudado a las personas y tomado malas decisiones, no podemos confesar racionalizando nuestros errores. Al inventar excusas mostramos que aún no hemos hecho frente a nuestras acciones. Culpar a otros revela que no somos lo suficientemente fuertes como para confrontarnos a nosotros mismos. Las palabras son irrelevantes. Hemos fallado en tomar responsabilidad.

2. No Te Burles de Tu Disculpa

Armstrong ofreció ser entrevistado por Oprah Winfrey en un programa que atrajo la atención de millones. Oprah presionó a Armstrong y le preguntó acerca de qué drogas utilizó, de sus ataques hacia aquellos que lo marginaron, y de cómo explicó su conducta ante su hijo mayor.

En un momento, Armstrong se dirigió a Betsy Andreu, la esposa de un anterior compañero de equipo quien testificó en su contra en relación a utilizar doping. Él le explicó a Oprah que había llamado a Betsy para disculparse por haberla llamado loca, y por acosarla, boicoteando ostensiblemente la carrera de su esposo.

"Yo sí la llamé loca", dijo Armstrong. "…Yo le dije, "Escucha, te dije loca…te dije ***, te llamé de todas esas formas – pero nunca te dije gorda".

Luego él sonrió con satisfacción.

Las disculpas no funcionan cuando herimos "juguetonamente" a la persona con quien nos estamos disculpando. No seas un comediante mientras estás reconciliándote. Y ciertamente no sonrías satisfactoriamente o intentes salir del paso a través de tu encanto. Eso denigra tus palabras. Solamente sé sincero y habla desde tu corazón.

3. Reconoce Tus Errores

Oprah le preguntó a Armstrong sobre Emma O'Reilly, quien también testificó en su contra. Él había intentado demandarla a pesar de su falta de medios económicos. Armstrong soltó una risita de que él había demandado a tantas personas, que no podía recordar si emprendió acciones legales en contra de ella también.

"Ella fue arrollada, fue acosada", dijo él.

Si Armstrong hubiese dicho, "Yo la arrollé. Yo la acosé", él hubiera reconocido responsabilidad. Al utilizar un lenguaje pasivo – "arrollada, acosada", Armstrong evitó tomar responsabilidad por su conducta.

Si le hiciste algo malo a alguien, admítelo y utiliza la palabra "yo". "Perdón que yo herí tus sentimientos" es mucho más sincero que "Siento mucho que hayas sido herido".

4. No Racionalices o Culpes a Otros

Armstrong le dijo a Oprah que él buscó la definición de "hacer trampa" e insistió en que él no estaba realmente haciendo trampa en el estricto sentido de la palabra. Nuevamente, él buscó tecnicismos y se refugió en la mentalidad de "todo el mundo lo estaba haciendo".

A lo largo de los años he conocido muchas parejas intentando lidiar con el caos que rodea sus vidas. Algunos de estos hogares estaban llenos de rabia, tensión constante, y falta de shalom bait – paz en el hogar. Otras tenían hijos que sentían que un padre era distante, demasiado duro, o que nunca estaba disponible.

Cuando me senté tanto con esposos como con esposas, estas son algunas de las "disculpas" que escuché:

  • "Lo siento por gritar siempre, pero mi madre gritaba, mi padre gritaba – incluso mi abuela gritaba".

  • "Sí, me doy cuenta de que no he sido un buen padre para los niños, pero, ¿qué quieres de mi? Mis padres se divorciaron cuando yo tenía seis años y nunca tuve un padre real. No sé cómo ser un padre".

  • "Yo sé que lo fastidio y no debería despertarlo en la mitad de la noche para discutir. Pero él llega tan tarde a casa y nunca hablamos de las cosas".

  • "Me disculpo si dije eso. ¡Estoy estresado! ¡Veamos como reaccionarías tú si tuvieras la presión que yo tengo!".

Al racionalizar tus acciones, el "arrepentimiento" pierde sentido. No importa que te sientas mal al respecto; no te has hecho responsable. Finalmente siempre será la culpa de alguien más. Siempre habrá otra excusa – es mi trabajo, mi jefe, mis hijos, mi esposa, mi esposo, mis padres disfuncionales.

Nunca soy sólo yo.

Cuando los niños hacen algo mal y dicen, "Todos lo están haciendo", o "Solamente te estás fijando en mí", no los dejamos salirse con la suya. Entonces, ¿por qué nos damos a nosotros un pase en vez de admitir honestamente que estamos equivocados?

Para rectificar nuestras acciones, debemos disculparnos con humildad. Esto significa comprender que fuimos hirientes incluso si no era nuestra intención. Confrontar nuestras imperfecciones internas – mientras dejamos las excusas y las racionalizaciones atrás.

El Poder de la Teshuvá

Nuestros sabios cuentan la increíble historia de Elazar ben Dordaya quien pecó de formas terriblemente inmorales. Un día, una mujer le recalcó que él nunca podría redimirse a sí mismo. Ella le dijo que había caído tan bajo que sería imposible para él salir de su desastre espiritual.

De alguna forma, las palabras de ella lo afectaron. Él se dio cuenta de que había desperdiciado su vida. Él quería tanto reparar su pasado – pero, ¿sería posible? Él le rogó al sol y a la luna por ayuda, a los cielos y a la tierra, a las montañas y a las colinas. Pero solamente hubo silencio.

Elazar ben Dordaya estaba intentando decir:

Esta horrible vida no es mi culpa. Es por mi mal mazal – mi karma, las constelaciones en el cielo que me han guiado y me han llevado por el mal camino. Son las montañas – los harim en hebreo, los cuales se refieren a horim, "padres", quienes nunca me dieron la base correcta. Es la culpa de los cielos y la tierra, el ambiente en el que crecí.

Mis características son heredadas, mi naturaleza es difícil y mi casa no me enseñó nada. Todo esto me ha llevado a tomar malas decisiones en mi vida. No me culpen a mí.

El silencio fue ensordecedor. Finalmente, Elazar ben Dordaya entendió que era tiempo de dejar de buscar otras vías de escape. Él debía tomar completa responsabilidad por sus acciones. Nadie más podía reparar su vida más que él.

Entonces exclamó: "Si es así, ¡entonces nadie más que yo es responsable!".

Luego, él se sentó en el suelo, puso su cara entre sus rodillas y lloró con tanta emoción que su alma se fue de este mundo. En ese momento, Elazar ben Dordaya mereció el título tanto de rabino como de maestro. Él nos enseñó el poder de la responsabilidad y de la Teshuvá (retorno). Una voz Celestial declaró: Rav Elazar ben Dordaya ha sido aceptado para la vida eterna".

¿Cómo Podemos Reparar?

Por supuesto, si nos damos cuenta de que hemos hecho algo mal, no tenemos que tirarnos al suelo, ponernos histéricos, o vivir con furiosa culpa. Sin embargo tenemos que tomar esta gran enseñanza con nosotros – no culpar, no racionalizar, no excusas.

En algún momento de nuestra vida, nos encontraremos buscando perdón. Incluso si no tuvimos intención de causar dolor, necesitaremos encontrar una forma de reparar el daño. Si al menos podemos hablar con humildad, dejar de lado la arrogancia y las excusas, y dar el primer paso al disculparnos sinceramente, podremos esperar sanar y reconstruir.

Prueba esto:

"Te herí y soy responsable por el dolor que te causé. Espero mejorar y ser más sabio en el futuro. Por favor perdóname. Lo siento".