A diferencia de lo que muchos piensan, transformarse en una estrella requiere trabajo, esfuerzo, autocontrol, disciplina, perseverancia y determinación. Pero eso es precisamente lo que no vemos, o mejor dicho, lo que rara vez nos muestran. En general, sólo vemos el producto final —el éxito, la fama y todo lo que esta conlleva—, y concluimos erróneamente que esto es algo que se puede conseguir “de la noche a la mañana”.

Queremos levantarnos mañana por la mañana y ser Messi. Pero no queremos esforzarnos 17 años para lograrlo.

Es por eso que las palabras de Lionel Messi en un interesante comercial que Adidas realizó hace un tiempo resultan inspiradoras. En este comercial, Messi revela su fórmula para el éxito:

“Empiezo temprano y me quedo hasta tarde. Día, tras día, tras día. Año, tras año. Me tomó 17 años y 114 días para triunfar de un día para otro. Esta es mi fórmula. ¿Cuál es la tuya?”.

Messi utilizó esta fórmula para transformarse en uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo.

Pongámonos por un instante en su lugar. Imaginemos que queremos destacar en algún ámbito específico, ¿seríamos lo suficientemente perseverantes como para trabajar en pos de nuestro sueño por más de 17 años sin ver resultados? ¿O lo más probable es que abandonaríamos todo después de unos cuantos meses, o —en el mejor de los casos— unos cuantos años de esfuerzo?

¿Cómo este hombre pudo mantener el foco durante tantos años para alcanzar su meta?

Gratificación aplazada vs. Gratificación instantánea

La gratificación aplazada denota nuestra capacidad de esperar con el fin de obtener algo que deseamos. Este atributo intelectual también se conoce como control de los impulsos, fuerza de voluntad o autocontrol. En términos sociológicos, el control de los impulsos se considera una característica personal positiva y muchos psicólogos han establecido que es una característica importante para tener éxito en la vida (1).

Por otra parte, aquellos que carecen de la capacidad psicológica de controlar los impulsos son los que buscan gratificación instantánea y difícilmente pueden aplazar esta necesidad.

Hoy en día, gracias a Internet y los medios sociales, vivimos en un mundo donde la gratificación instantánea es la moneda de cambio. Esperamos respuestas inmediatas a nuestros mensajes de texto y correos electrónicos, personas comunes y corrientes se transforman en “estrellas de la noche a la mañana” al subir sus videos en YouTube, queremos bajar de peso en una semana y estar saludables después de una sola sesión en el gimnasio, queremos ser millonarios sin trabajar y alcanzar nuestros sueños sin esfuerzo, pero esto es inviable.

Somos una generación que exige los frutos del esfuerzo omitiendo los valores y el estilo de vida que conducen a esto.

Amy Chua y Jed Rubenfeld explican en un nuevo ensayo que: los cambios constantes y los valores de la cultura popular hicieron que la cultura del esfuerzo y el autocontrol diera paso a una generación que ya no sólo exige resultados sin esfuerzo, sino que demanda incluso el fruto del trabajo duro y consistente —el éxito o la autorrealización— omitiendo los valores y el estilo de vida que conducen a esto (2).

En palabras más simples, queremos levantarnos mañana por la mañana y ser Messi. Pero no queremos esforzarnos 17 años para lograrlo.

Esta tensión entre el beneficio instantáneo y el esfuerzo, conocida en la psicología moderna como la dicotomía entre instintos (gratificación instantánea) y decisiones racionales (gratificación aplazada), nos ha hecho olvidar el valor del autocontrol y nos ha transformado en una sociedad impaciente.

Gratificación aplazada en el judaísmo

Interesantemente, la gratificación aplazada es uno de los conceptos más centrales en el judaísmo (y es quizás uno de los secretos más grandes del éxito del pueblo judío). He aquí algunos ejemplos de esto:

  • El autocontrol, la disciplina, y la perseverancia están en el ADN del pueblo judío; Abraham tuvo que enfrentar 10 duras pruebas para lograr su cometido (perseverancia). Itzjak tuvo que superar la increíble prueba de estar a punto de ser sacrificado por su padre sin oponer resistencia alguna (autocontrol). Yaakov fue engañado por su suegro y tuvo que trabajar 21 años —en vez de 7— para alcanzar sus objetivos (disciplina).

  • Las mitzvot por definición nos enseñan disciplina y autocontrol; esto es especialmente cierto en las mitzvot que tienen que ver con las relaciones prohibidas y las leyes de cashrut (dieta alimenticia regulada por la halajá). Y no sólo nos enseñan teóricamente, sino que más importante aún, nos fuerzan a poner en práctica constantemente estos importantes conceptos.

  • La disciplina y la perseverancia son valores admirables dentro del pueblo judío. En los círculos de estudio en las grandes Ieshivot (academias de estudio de Torá), la persona más admirable no es necesariamente la que sabe mucho, sino la que estudia incansablemente —un matmid—, sin desperdiciar ni siquiera un solo segundo.

  • Un talmid jajam, mal traducido en muchas ocasiones como un ‘erudito en Torá’, significa literalmente un ‘estudiante sabio’, es decir, incluso los eruditos en Torá siguen siendo estudiantes y se esfuerzan constantemente.

Tan importante y central es la idea de la gratificación aplazada en el judaísmo, que en la antesala de Sinaí, justo antes de recibir la Torá, está escrito que Dios le habló al pueblo judío y dijo: “Y ahora, si escuchan Mi voz y guardan Mi pacto, ustedes serán mi especial tesoro...” (Éxodo 19:5). Rashi comenta sobre este versículo:

Y ahora”, esto quiere decir que si aceptan ahora [el yugo de las mitzvot], entonces será placentero para ustedes en el futuro, porque todos los comienzos son difíciles.

La implicación es que si algo por definición es placentero 'ahora' —es decir, de manera instantánea— entonces no puede ser placentero en el largo plazo. La consecuencia inevitable de la gratificación instantánea es la sensación de vacío o depresión. Rashi nos está enseñando que una de las ideas clave que precedieron la entrega de la Torá es la idea de la gratificación aplazada. Aceptar ahora, para disfrutar de los frutos en el futuro.

Saca a relucir tu potencial

En ciertas ocasiones, Rav Nóaj Weinberg zt’’l, fundadador y decano de Aish HaTorá contaba su chiste preferido:

Había una vez un hombre que trabajaba hasta altas horas de la noche. Cuando su turno terminaba, él tomaba un atajo a casa a través de un cementerio. Una noche oscura y sin luna iba por su camino, cuando de pronto, cayó dentro de una tumba abierta. Él no sabía que durante el día alguien había cavado una tumba ahí. Durante una hora trató de encontrar un lugar para apoyar su pie o su mano para poder salir de ahí. Finalmente se rindió, se sentó en una esquina, y decidió esperar hasta que alguien viniera en la mañana.

Poco después, otro hombre —que tomó el mismo atajo— también cayó en la tumba. Desde la esquina, el primer hombre observó cómo el segundo hombre buscaba un lugar donde apoyar su pie o su mano para salir. Pensando que tal vez podría ahorrarle un poco de tiempo y esfuerzo —y que tal vez podrían salir de ahí si trabajaban juntos— se levantó y caminó hacia el segundo hombre. Cuando le tocó el hombro desde atrás. ¡Zap! ¡El segundo hombre salió volando fuera de la tumba por el susto!

Aparentemente, este es el chiste menos chistoso de la historia, por esta razón, Rav Nóaj sonreía con su cálida sonrisa y explicaba al final:

“¿Acaso no entiendes? Estamos utilizando tan poco de nuestro potencial. ¡Imagina lo que podríamos lograr si utilizáramos realmente todo nuestro potencial! ¿Acaso no es eso gracioso? Dios nos da un potencial virtualmente ilimitado y simplemente no lo utilizamos”.

Lo gracioso de este chiste es que, dolorosamente, ilustra una verdad muy profunda. Y si bien no todos nacimos para convertirnos en estrellas de fútbol como Lionel Messi, Dios sí puso dentro de cada uno de nosotros un potencial increíble y único, y es nuestro deber sacarlo a relucir.

No caigas en la trampa de la gratificación instantánea. No sabotees tus metas a largo plazo. Utiliza la fórmula de Messi. Utiliza la fórmula de la Torá. Esfuérzate. Día, tras día, tras día. Año, tras año. Y no desistas. Finalmente sacarás a relucir tu potencial.


Notas:

(1) Walter Mischel desarrolló el famoso experimento Stanford Marshmallow Experiment (1972) para probar patrones de gratificación en niños de cuatro años de edad, ofreciéndoles un malvavisco ahora o dos después de un período de espera de 15 minutos. Él descubrió que, en el largo plazo, la capacidad de resistirse a comer inmediatamente el primer malvavisco estaba asociada al éxito posterior en la vida.

(2) Amy Chua y Jed Rubenfeld, The Triple Package, Penguin Press, 2014.