Las personas reaccionan de diferentes maneras ante eventos traumáticos.

Esto es cierto en el reino de las emociones, la cognición y los comportamientos. Emocionalmente, algunos pueden experimentar tristeza, mientras que otros sienten enojo o ansiedad. Cognitivamente, hay quienes se preguntan cómo o por qué ocurrió el incidente, otros atribuyen culpas (a sí mismos o a los demás) mientras que otros derivan de la experiencia un significado profundo.

En lo que respecta al comportamiento, algunas personas pueden elegir aislarse, mientras que otras buscan dar realce a la conexión. Algunos pueden dormir más y a otros puede costarles descansar. Hay quienes experimentan una disminución del apetito y otros que tienen dificultad en limitar su consumo alimenticio. No es poco común experimentar dificultades para concentrarse, o concentrarse de más en tareas específicas.

Todas estas reacciones al trauma son normales. Incluso aquellas cosas que puedan parecer "anormales" para cierto individuo. Dicho de otra manera: las reacciones anormales a los eventos anormales son perfectamente normales.

Las 3 respuestas

El cerebro está programado para responder ante el peligro en una de estas tres formas: lucha, huida o parálisis. Al enfrentar un peligro, una de estas opciones puede proveer más seguridad que las otras. La forma en que reaccionamos a menudo es más el resultado de un impulso que de la elección. Esto es importante que lo entiendan quienes cuestionan su reacción ante determinado evento. A menudo, preguntarse por qué uno hizo "X" en vez de "Y" no tiene ningún sentido, porque el cerebro tiende a tomar el control en momentos de peligro y uno actúa sin consultar sus pensamientos.

Las reacciones de lucha o huida dan como resultado un incremento de la actividad cerebral, lo que a su vez provee una energía que abre las puertas neuroquímicas que proveen la fuerza necesaria para luchar o escaparse. La reacción de parálisis cae en el otro extremo del espectro. La actividad cerebral se vuelve más lenta, las puertas de los neuroquímicos se cierran, y le dicen al cuerpo que tiene que "cerrarse" y paralizarse en un esfuerzo por protegerse a sí mismo del peligro externo.

La reacción post trauma

Para la mayoría de los individuos, la apertura o el cierre de las puertas de los neuroquímicos durante una experiencia traumática es algo temporario. Cuando el peligro pasa las puertas retornan a la posición que tenían antes del peligro, (ya sea de forma inmediata o que lleve algunos meses).

En otros casos, las puertas permanecen en la posición de reacción al peligro durante un largo período de tiempo. Esta es una realidad biológica que se puede ver en una imagen de resonancia magnética del cerebro.

Aquellos cuyas puertas se abren por completo, pueden experimentar un incremento de emociones intensas, sentimientos de agitación y una sensación general de hiperactividad incluso en ausencia del peligro. Esto puede ocurrir particularmente al experimentar situaciones que desencadenan recuerdos del evento ocurrido.

Si la reacción ante el peligro es la parálisis, pueden sentir una sensación general de entumecimiento y alejamiento de la vida. Como señala el psiquiatra especializado en trauma, Bessel Van Der Kolk, el entumecimiento emocional es "la manifestación externa de las reacciones biológicas de parálisis" (The Body Keeps the Score, pág. 72).

No es poco común alternar entre las dos clases de reacciones, en particular en el caso de aquellos individuos que experimentan múltiples eventos traumáticos o un trauma prolongado. El cambio incluso puede tener lugar en el curso de unos pocos minutos. Esta experiencia de pasar de una hiperactivación a una hipo-activación puede ocurrir sin relación con cuál sea la reacción inicial.

Es posible ayudar a quienes experimentan estas reacciones que pueden impactar negativamente en sus vidas. La psicoterapia y la medicación pueden ser útiles para ayudarnos a entender nuestras experiencias, controlar nuestras reacciones y ayudarnos a limitar las secuelas emocionales incómodas de nuestras experiencias.

Más sobre la sensación de parálisis

Sentirse paralizado es una reacción "normal" al trauma. El entumecimiento emocional puede entenderse como la incapacidad individual de sentir emociones a pesar de tener consciencia de que hay una razón válida para que existan. El reconocimiento de que "yo sé que debería sentir algo, pero en verdad no lo siento".

Esto es similar a recibir una inyección de novocaína en el dentista. Él puede apretar tu labio para corroborar si tus nervios se han adormecido. Si llegaron al grado de entumecimiento, comprendes que su acto debería provocarte una experiencia dolorosa. Sin embargo, no lo sientes. Tu labio está dormido.

Lo mismo ocurre con una persona que participa en el funeral de un ser querido, pero se siente entumecido. Tiene consciencia de que extraña a esa persona y está triste de que haya partido, pero es incapaz de experimentar sentimientos acordes a ese reconocimiento. La persona se preocupa, pero no puede sentir. Emocionalmente está paralizada.

Es importante entender que esta realidad contrasta con la de alguien que experimenta apatía, un estado en el que nada le importa.

Luego de una tragedia o un trauma, a menudo se les da más atención a quienes exhiben una expresión exagerada de emociones que a quienes exhiben emociones inhibidas o entumecimiento. Como señala Van Der Kolk (Pág 73): "Los niños que se portan mal tienden a recibir atención; a los que se quedan callados en un rincón se los deja perder su futuro de a poco". Por esta razón tiene suma importancia asistir incluso a aquellos que parecen estar bien.

Finalmente, sentir entumecimiento es una reacción al trauma que tiene raíces biológicas y psicológicas. No es una elección ni un reflejo de un nivel individual de humanidad. Que uno no sienta no significa que no le importe.

Conexión interpersonal

En los 13 años que llevo trabajando con veteranos de guerra que sufren de post trauma, noté el significado que tiene la conexión interpersonal como un mecanismo de sanación. La idea de tener un "compañero de batalla", aunque fue ideado para momentos de combate, tiende a ser sumamente beneficiosos durante la vida en general.

El trauma y la tragedia son más fáciles de enfrentar cuando estamos acompañados por otras personas. Los demás no necesitan experimentar el mismo evento, haber tenido la misma reacción ni ser parientes cercanos. Sólo necesitan estar cerca. Espero que todos nos esforcemos para estar cerca de los demás en este momento y encontremos consuelo en nuestros compañeros de batalla que sabemos que nos apoyan.

Recomendaciones prácticas de salud mental del Rav Dr. David Fox

Rav Dr. David Fox es el director del proyecto Chai Lifeline.

Las imágenes de los heridos y la realidad impensable de que enfrentamos pérdidas espantosas han entrado a nuestra conciencia. Las noticias, los informes y los videos golpean nuestras mentes y corazones. Estamos profundamente tristes. Y asustados. Muy preocupados y el pánico puede incrementarse por todos lados.

Este no es el momento de buscar interpretaciones ni buscar significado. No sabemos "por qué" y no es algo que podamos entender. Es demasiado pronto para que alguien intente enfrentar lo ocurrido encontrando un sentido a una tragedia tan masiva y que alcanzó a todo el mundo judío. En la medida de nuestras posibilidades debemos tratar de detener los pensamientos y controlarnos. Este es un paso saludable, porque todos los que sienten dolor, tristeza y miedo, y todos los que todavía están paralizados y en estado de shock, primero necesitan reagruparse. Necesitamos dar ese paso para nuestro propio bienestar y por el de aquellos que acuden a nosotros en pánico: nuestros hijos, nuestros alumnos y nuestros parientes, quienes necesitan apoyo y atención. Ellos nos necesitan, ahora.

Padres y adultos: revisen lo que ocurre con ustedes. Identifiquen sus propias reacciones, porque es normal reaccionar ante noticias trágicas. No es normal no tener ninguna reacción. Presten atención a sus pensamientos (desorganizados, fijados e hiper focalizados, obsesivamente preocupados, ocupados con imágenes, recuerdos). Todas esas son reacciones del pensamiento, reacciones cognitivas, que pueden tener lugar después de recibir información traumática.

Presten atención a sus emociones. Ellas no son las mismas que sus pensamientos, y también necesitan ser reconocidas. Tristeza, ansiedad, tremor, tensión, irritabilidad… Esta es una gama de emociones que tienen lugar luego de una inundación de información traumática y es importante reconocerlas. También hay sensaciones físicas que tienen lugar después de una crisis, de repente uno puede sentir que no tiene energía, hiperactividad, inquietud, náuseas, insomnio.

Presten atención a cómo reaccionan por dentro. El comportamiento puede parecer diferente, pueden tener dificultad para enfocarse. Todos reaccionamos, cada uno a su manera, y el primer paso es tomar consciencia de cómo nos vimos afectados e identificar cómo estamos reaccionando.

Encuentren un amigo confiable o un mentor, y hablen de su angustia. Este es un paso esencial para ser capaces de reagruparnos y reorganizarnos. Este no es el momento para juzgar, ser críticos o hacer sugerencias que a pesar de parecer ser buenas pueden llegar a parecer insensibles. Escuchen. Apoyen. Ofrezcan un aliento gentil y no intenten desalentar a nadie de contar y compartir sus dificultades.

Estas son herramientas para los adultos, que les permiten relacionarse con otros, incluso con sus hijos. Háganlo y recuerden estas pautas:

  • Alienten a sus hijos a compartir lo que han escuchado, y cómo han reaccionado.

  • Detengan los chismes y los rumores y eviten la amplificación excesiva de los hechos y las suposiciones que a menudo invaden los medios de comunicación.

  • No traten de quitar importancia con falso optimismo a menos que sepan con certeza que no hay ninguna causa personal para que ese joven esté asustado o preocupado por la pérdida de sus seres queridos o amigos.

  • Los niños más pequeños no necesitan oír ni ver detalles sangrientos y espantosos.

  • Los niños más grandes merecen que sus preguntas sean validadas, pero una vez más, haz que tranquilizarlos con cautela y no generar más miedos.

  • Validen los cuestionamientos y el examen de conciencia que experimentan los niños más grandes, pero manténgalos con una perspectiva respecto a que aún no conocemos todas las respuestas.

  • Presten atención a miembros de la familia o estudiantes que manifiesten una angustia excesiva y consulten con personas calificadas si les preocupa su comportamiento o su funcionamiento.

  • Aseguren a quienes acuden a ustedes que los seguirán aconsejando cuando haya más información. Sólo deben acudir a ustedes y a otros adultos confiables y responsables si lo necesitan.