Autor del libro "Propósito" – El Eje central de una vida apasionante


La palmera que por quince años no daba frutos

Voy a contar una anécdota que le ocurrió a un amigo. En el jardín de su casa hay una palmera de dátiles. Su familia la sembró cuando compararon la casa, hace unos quince años. El árbol fue creciendo año tras año. Su tronco y su follaje se hicieron hermosos. Sin embargo, el árbol era estéril. Durante quince años, solo dio sombra y adorno, pero no produjo ni un solo dátil.

Un buen día, la familia notó que de las ramas brotaban dátiles. Se sentían alegres, sorprendidos e inspirados al ver el producto. Todos pensaron que debían ocuparse de cuidar el fruto para poder disfrutarlo y celebrar la ocasión.

La familia sabía que se debe envolver los dátiles con una tela de plástico para protegerlos de las aves. Pensaron buscar alguien que se hiciera cargo del trabajo, pero con las ocupaciones del día a día lo dejaron pasar.

Una triste mañana, encontraron la palmera prácticamente vacía y el suelo repleto de dátiles medio maduros. No lo podían creer. Evidentemente, unos pájaros habían picado los dátiles y habían interrumpido su maduración. A esas alturas, solo les quedaba esperar a que el árbol produjera nuevos dátiles en la próxima temporada.

Mi amigo me preguntó ¿qué significa esto? ¿qué podemos aprender de esta experiencia? Querido lector, en este artículo comparto contigo cuatro lecciones importantes:

#1 Cuestiona tu propia lógica... nunca es tarde para ver frutos

Esta familia vio como durante quince años su palmera no dio un solo dátil. Probablemente, pensaron que el árbol era estéril. ¿Una conclusión lógica? ¡Yo creo que sí!, después de quince años infructíferos ¿qué más puede uno pensar? No obstante, nuestra lógica perdió el juego contra el milagro de la vida. Muchas veces uno está desarrollando algún proyecto personal que aparentemente no lleva a nada y se desanima. Esta anécdota nos invita a desafiar la lógica y abrazar la esperanza de que si seguimos regando la palmera, los frutos vendrán. Quizás, esto es lo que insinúa la Torá (Devarim 20:19) al decir: "El hombre es como un árbol del campo". No pierdas la esperanza de ver tus frutos.

#2 La producción del fruto toma tiempo

Muchas veces no entendemos los procesos naturales de florecimiento. La vida vegetal, animal o incluso el desarrollo de una sociedad, están afectados por factores muchas veces impredecibles, por lo que uno puede sacar conclusiones distorsionadas. Lo mismo pasa con la maduración emocional que uno vive. Nuestros sabios insisten en que los desafíos de la vida son pruebas que forman y nutren nuestro carácter para sacar lo mejor de nosotros mismos. Entonces, ¿Por qué desesperarse? Esta anécdota nos invita a aceptar el desarrollo natural de los procesos de la vida, sin apresurarlos. Vivir los procesos con serenidad y paciencia trae mucha paz interior.

#3 Actúa a tiempo para cuidar tus frutos… hay aves sueltas

Para cuidar un fruto se debe actuar con diligencia. Este aprendizaje fue quizás el más importante, y también el más doloroso, de esta experiencia. Todo fruto que resulta de un esfuerzo tiene vida propia, por lo que se debe cuidar. En la naturaleza, lo que no se conserva se descompone. Igual ocurre en otros ámbitos de la vida. Pensemos, uno que se esfuerza en construir un negocio rentable ¿no lo debe cuidar? ¡por supuesto que sí! Una relación, un músculo, y hasta un logro espiritual, son frutos del esfuerzo, por lo que hay que cuidarlos. Es algo tan elemental que a menudo lo pasamos por alto. Nuestros sabios no se cansan de recordarnos esto. Actuar a tiempo es una de las claves para el éxito integral en la vida. Como se enseñó en Avot (1:14) "Si no ahora, ¿cuándo?", o como lo expone el Ramjal (M. Yesharim Cap. 6) "Quien se deja llevar por su pereza natural, tiene asegurado el fracaso".

#4 La vida es abundancia… abre tus manos

Cuando la familia se percató de que los dátiles ya no estaban en la palmera, quedaron asombrados. Había cientos de dátiles tirados en el suelo. ¿Cómo este árbol estéril se convirtió en un fuente de tal abundancia? Esta reflexión es hermosa, la abundancia es parte intrínseca de la naturaleza. Los organismos naturales tienden a reproducirse. Las frutas y verduras contienen semillas que aseguran su permanencia. Además, su poder de reproducción es exponencial, pues de una sola semilla crece un árbol que produce cientos de frutos por año y todos contienen semillas para repetir el proceso. La vida tiende naturalmente a la abundancia, sólo hay que abrir los ojos y las manos para disfrutarla. El Rey David canta (Salmos 104:24): "Cuan grandes son tus creaciones Dios, todas las hiciste sabiamente, de tus actos está llena la tierra". El mundo natural es una expresión de abundancia, miles de millones de elementos que funcionan en perfecta armonía, desde lo macro, hasta la vida microscópica. La perfección es espectacular.

Querido lector, toma unos minutos, observa un árbol y piensa en estos conceptos. ¿Cómo crees que pueden mejorar tu visión de la vida? ¿Cómo crees que la perfección de los procesos naturales puede servirte de aprendizaje para lograr una vida con propósito? ¡Inténtalo y disfrútalo!, vale la pena … ¡éxito!


Dedicado por Alan (Moshé) Azulay para el crecimiento espiritual y personal de su querida esposa Pola bat Rajel. En memoria de Esther bat Sarah z"l.