Durante el año que pasé en Israel, planificar cada Shabat era una lucha. Por lo tanto acepté de inmediato cuando Raizel me invitó a pasar Shabat con ella en casa de la familia Grossbaum, uno de los colegas abogados de su padre. ¿Cómo podía prever las consecuencias de mi benigno plan?

Fuimos alegremente recibidas en su hogar, un bonito departamento en un edificio en parte cubierto por una enredadera.

“Mi mamá está en Florida” nos dijo el Sr. Grossbaum. “Pueden quedarse en su departamento, cruzando la calle, para tener privacidad”. ¿Qué más podíamos pedir?

Cruzamos la angosta calle para llegar a un edificio imponente. El departamento de su mamá era moderno y tan brillante como un auto nuevo. Mesones de fórmica, el último grito de la moda en ese entonces, pisos de cerámica, alfombras color crema de pared a pared (del tipo que engulle tus pies cuando te quitas los zapatos). Amplias camas con colchones gruesos y acolchados de plumas.

Nos relajamos un poco y luego nos vestimos para Shabat. Yo acostumbraba prender una vela en honor a Shabat. Raizel inmediatamente tomó un plato para que yo pusiera la vela sobre él. Recité la bendición y sentí el tranquilo silencio de Shabat mientras atardecía sigilosamente y terminaba la semana.

La comida en casa del Sr. Grossbaum fue agradable y la conversación interesante. A pesar de que ser invitada a la casa de alguien casi desconocido suele ser un poco incómodo, los Grossbaum alisaron las asperezas con conversación, deliciosa comida, calidez y una bella atmósfera de Shabat. Para el final de la comida ya habíamos comenzado a pensar en esos suaves acolchados blancos.

Cuando subíamos la escalera hacia el departamento de la mamá del Sr. Grossbaum nos encontramos con un olor extraño.

“Qué raro” dijo Raizel, “no recuerdo que el edificio haya tenido este olor cuando salimos”.

Hizo girar la llave en la cerradura. Por la forma en que mi corazón galopaba y mi estómago se contorsionaba, supe incluso antes de que la puerta se abriera dejando ver un poco de luz que este iba a ser uno de esos momentos "si tan sólo...".

“¡Oh, Dios!” dijo Raizel, “¡hubo un incendio!”.

Entré tras ella. El mesón blanco donde había encendido mi vela era ahora un gran agujero negro. Pedazos de fórmica derretida alrededor. El plato en el que encendí la vela había ¡puf!, desaparecido. Ya no existía.

"¡Oh, Dios!", dije tontamente. "Estamos en serios problemas".

Raizel pasó sus manos por sobre las superficies y las levantó por delante de su cara; parecía un mimo usando guantes negros.

“Hollín” dijo. Estaba en todos lados. La alfombra crema que engullía tus pies estaba teñida de negro como si alguien hubiera vaciado una botella gigante de pimienta sobre ella, sobre los sofás beige y sobre las lisas bibliotecas.

“Todos los libros” dijo Raizel, pasando el dedo contra el lomo de un libro y mostrando la mancha negra para que yo la inspeccionara.

“¡Oh, Dios!”, dije tontamente. “Estamos en serios problemas”.

Teníamos que decirle al Sr. Grossbaum. Habíamos arruinado el departamento de su madre.

Bajamos la escalera apenas notando la presencia de la otra, apesadumbradas bajo una montaña de arrepentimiento. Si tan sólo hubiese decidido no encender esa vela. Si no le hubiera dado ese plato plástico para que encendiera la vela sobre él. Si tan sólo hubiese hecho mis propios planes para Shabat. Si tan sólo hubiesen dicho que no cuando les pregunté si podía venir. ¡Si tan sólo...!

La puerta del edificio del Sr. Grossbaum estaba cerrada con llave. Gritamos hacia arriba, en dirección a la ventana, haciendo señas como demonios siniestros.

“¡Familia Grossbaum!” gritamos. “Tenemos que hablar con ustedes”. Pero nadie nos escuchó. Después de media hora, volvimos al departamento del otro lado de la calle.

La noche de la que esperábamos tanto confort terminó siendo una noche irregular. Cada vez que me desperté pensé que quizás todo había sido un sueño. Corrí para revisar, pero me encontré con el mesón lleno de hollín negro y me di cuenta que todo efectivamente había sido real. Las dos estábamos vestidas antes del amanecer. Tan pronto como los primeros rayos de luz se abrieron paso en el cielo nocturno, estuvimos en la puerta de los Grossbaum.

El padre respondió, con cara de dormido y una bata desarreglada sobre él.

“¿Sí?”, preguntó impaciente.

“Lo lamentamos tanto” explicó Raizel. “Incendiamos el departamento de su madre. Encendimos velas y hubo un incendio”.

Éramos como los huéspedes de las pesadillas.

“¿Están todos bien?”, preguntó él.

“Todo el mundo está bien” contesté. “A excepción del mesón… y el departamento. Por favor venga a ver”.

Él sonrió.

“Si todo el mundo está bien entonces no necesito ir a investigar. ¿Por qué no tratamos de dormir un poco más y hablamos más tarde?”.

Pero no hablamos de eso más tarde. Durante el almuerzo hubo tantos otros temas de conversación que los Grossbaum encontraban más interesantes. Mientras que la catástrofe merodeaba nuestras mentes, ellos estaban enfocados en infundir su mesa de Shabat con significado y jovialidad.

Después del almuerzo los invitamos a ver el daño.

“Ahora no”, dijo el Sr. Grossbaum. “Es Shabat, momento para descansar y estudiar. Lo veré más tarde”.

Increíblemente, para la tercera comida los pensamientos sobre el incendio habían comenzado a salir incluso de nuestras propias mentes. Los Grossbaum parecían enfocados intencionalmente en brindarnos un hospitalario Shabat.

Cuando terminó Shabat tuvimos que persuadirlos para que fueran a ver lo que había ocurrido. El Sr. Grossbaum miró alrededor y vio el hoyo, el hollín y la alfombra.

“Hay que arreglarlo un poco y listo”, dijo sonriendo. “No se preocupen”. Luego nos ofreció llevarnos a la escuela para que no tuviéramos que tomar el autobús.

No podíamos creer que habíamos salido del problema con tanta facilidad. Insistimos en pagar el daño. Después de repetidos intentos durante toda la semana, los Grossbaum finalmente aceptaron recibir una enmienda, dado que ya habían comenzado las reparaciones antes de la llegada de la mamá.

Nos pidieron la gran suma total de 20 dólares para cubrir sus pérdidas.

Hoy en día les prestamos nuestro departamento a otras familias siempre que vamos de vacaciones. En ocasiones volvemos y encontramos una nota de gracias o un pequeño regalo. Pero no esperamos nada. Siento que estoy pagando una deuda.

Si tan sólo no hubiera ido a la casa de los Grossbaum para Shabat, nunca habría causado un incendio en el departamento de su mamá.

Si tan sólo no hubiera ido a la casa de los Grossbaum para Shabat, nunca habría aprendido el verdadero significado de la hospitalidad.