En enero, el fuego destruyó el edificio que albergaba la tienda de pescados de Yossi Heiman en Borough Park, Brooklyn. Se quedó sin un lugar desde el cual operar su comercio y en consecuencia no podía ganar su sustento. Shea Langsam tiene un comercio similar, Fish to Dish, a unas pocas cuadras de distancia. Uno podría haber pensado que por mucho que lamentara la mala suerte de su competidor, él hubiera agradecido la oportunidad de conseguir nuevos clientes e incrementar sus ventas.

Pero en cambio Shea hizo algo extraordinario. Cuando se enteró del incendio, llamó por teléfono a su competidor. “Cuando [Yossi] dijo que necesitaba un lugar desde el cual procesar y distribuir los pedidos de sus clientes, le dije: ‘¿Por qué no trabajas desde mi tienda?’. Como miembros de la misma comunidad, todos debemos tratar de ayudarnos tanto como sea posible”.

Shea recibió una mención de honor de Simja Eichenstein, miembro de la asamblea del estado de Nueva York, por su increíble bondad al ofrecerle un lugar a su competidor para operar desde su comercio hasta que reconstruyan el edificio.

Simja Eichenstein, miembro de la asamblea, presenta una mención de honor a Shea Langsam por su bondad al permitir que Yossi’s Fish Market funcione desde su local.

La historia es extraordinaria por varias razones. Es un ejemplo de alguien que ve a los miembros de su comunidad como parte de una gran familia, y coloca sus necesidades por encima de las propias aspiraciones de ganar más dinero o de expandir su negocio. Pero la historia es excepcional por otra razón: es una manifestación de fe verdadera, un gran ejemplo de genuina confianza en Dios, no de la boca para afuera, sino puesto en práctica con todas sus letras.

Al oír la historia, de inmediato recordé un pasaje de la obra clásica del Jazón Ish, Emuná UBitajón:

Lo que vemos en la vida son personas como Rubén, que es una persona moral, que siempre habla de confiar en Hashem, condena los esfuerzos excesivos y expresa su aversión por la búsqueda constante de medios financieros. De hecho, él es una persona exitosa: no le faltan clientes en su comercio, y no necesita esforzarse más en esa dirección. Él ama el concepto de la fe en Hashem, porque incluso ese concepto le place.

Pero de repente nos sorprendemos al ver a Rubén, con su gran confianza en Hashem, conferenciando en secreto con sus asistentes y asesores para saber cómo detener a un potencial rival que planea abrir un comercio similar. Rubén está muy molesto ante esta amenaza. Al comienzo guarda sus sentimientos para sí mismo, porque le da vergüenza revelarlos a sus conocidos y teme sus burlas. Pero con el tiempo, pierde la sensación de vergüenza y comienza a actuar abiertamente con el objetivo de impedir que su rival lleve adelante sus planes. Gradualmente se desvía del camino y su sentido de vergüenza se evapora: de forma abierta y pública comete actos bajos y deplorables. La competencia con su rival se vuelve ampliamente conocida y es el tema de todas las conversaciones del pueblo. Pero a pesar de eso no siente vergüenza, sino que encuentra razones falsas y sin ninguna base para explicar y justificar sus actos.

Con el tiempo se vuelve más sofisticado y agrega nuevas explicaciones, argumentando que todo lo que hace contra su rival es por amor al Cielo y es moralmente aceptable. De hecho, se engaña a sí mismo y engaña también a los demás, a las personas simples o a quienes disfrutan de una buena riña. Por lo general atrae a los que aman las peleas y los chismes; el Satán crea paz entre ellos para que puedan construir una fortaleza estable de luchas y discusiones, hablando mal de los demás, con mentiras, chismes y odio infundado, todo lo que acorta la vida de las personas.

El Jazón Ish describe un fenómeno de gente que reza con gran intención, habla con frecuencia de Dios y de la Providencia Divina, regularmente emplea las expresiones “Baruj Hashem”, “Beezrat Hashem” (con ayuda de Dios) y “Bejasdei Hashem” (por la bondad Divina). Pero sin embargo, cuando llega el momento de la verdad, abandonan la fe y borran a Dios de la imagen. No se puede hablar de Dios y después no tener límites en los negocios, hacer trampa a los competidores, tomar iniciativas excesivas o paralizarse por ansiedad o preocupación de que las cosas queden fuera de nuestro control.

La verdadera fe en Dios implica detenernos antes de volvernos en contra de nuestros competidores o sentir temor por nuestras ganancias y recordarnos que si bien debemos tomar la iniciativa, trabajar duro, ser creativos y tener ambición, debemos dejar el resto en manos de Dios, nuestro socio principal en cualquier empresa.

La fe verdadera implica llevar a Dios con nosotros al trabajo y sentir no sólo Su presencia en todas partes a donde vayamos, sino también Su participación y su inversión en nosotros y en nuestro éxito.

Como mínimo, tener fe en Dios implica que no necesitamos preocuparnos, pero Shea Langsman nos enseñó que vivir con fe genuina puede significar todavía más. Con fe en Dios incluso podemos tener la capacidad de ayudar a un competidor, reconocer que Dios puede ser socio de ambos y darnos a los dos mucho éxito y prosperidad.

La frase en Salmos (81:10) dice: lo iheié bejá el zar, lo que generalmente se traduce como “no tendrán entre ustedes dioses ajenos”. El Rebe de Kotzk ofrece una interpretación diferente y fantástica. Él explica que esto significa: no te relaciones con Dios como un zar, como alguien 'extraño', distante y ajeno. No hables sobre Dios sin tener una relación real, íntima y personal con Él.

Hablamos mucho de Dios, incluso decimos que hablamos con Dios tres veces al día. Pero muchos dejamos a Dios en la sinagoga, le decimos adiós al cerrar el sidur. La fe verdadera implica llevar a Dios con nosotros al trabajo y sentir no sólo Su presencia en todas partes a donde vayamos, sino también Su participación y su inversión en nosotros y en nuestro éxito.