De lo que no todos hablan

Existe un aspecto del matrimonio que muchas veces pasa desapercibido. Supongamos que un joven está buscando casarse. Este fulano quiere conocer a una linda fulana de buenas cualidades y buena familia que lo apoye a prosperar material y espiritualmente. ¿Suena razonable? ¡Por supuesto que sí! Y probablemente sea el objetivo de cualquier joven judío con un mínimo sentido de orientación. Sin embargo, me permito levantar una bandera para preguntarle algo a este fulano: ¿Sabes quién eres? ¿Conoces al menos tres cualidades en las que eres muy bueno? ¿sabes definir qué te gusta y que no te gusta? ¿has pensado en cuáles son tus talentos y en cómo ponerlos al servicio de tus semejantes? ¿sabes cómo aprovechar la atmosfera de tu matrimonio para manifestar tu propósito individual y el de tu futura esposa? ¿has pensado en cómo lograr compromiso y cooperación de ambas partes para el bien del hogar? ¿sabes cómo se va a modificar tu escala de prioridades después de casarte? ¿y después de tener hijos? Si la respuesta de este fulano a estas preguntas es "no" o "no se" o "no lo había pensado", en mi humilde opinión es una señal de que no está de todo listo para casarse. En otras palabras, lo comparo con un viajero improvisado que piensa salir en auto, en barco o en avión, sin un mapa de ruta, sin un destino definido y sin una brújula para orientarse. Como dirían en México, ¡al aventón!

¿Por qué definir tu propósito es tan importante?

Antes de buscar pareja y casarte, recuerda que es fundamental conocerte a ti mismo en un nivel profundo. Debes adquirir cierta claridad acerca de tu propósito individual de vida y del maravilloso aporte que tú puedes hacer en el mundo. Sabiendo eso, podrás saber con mayor claridad qué clase de hogar deseas construir, que cualidades buscas en una mujer para que realmente te complemente y sea tu socia en ese camino. En mi libro, "Propósito" – El eje central de una vida apasionante, enseño una metodología práctica para definir el propósito individual de vida como asociarlo a las diferentes dimensiones de la vida. Ahora, vamos a aclarar un poco más la idea del propósito y su implicancia en la vida de cada uno.

El hombre es el centro

El Rav Shlomo Wolve prueba un planteamiento: el centro de toda la creación es el hombre, por lo tanto, todos los elementos del mundo físico están a la disposición del hombre para potenciar su ser, e incluso la sagrada Torá. Esto, lejos de ser egocentrismo, es una expresión de profundo amor y humildad. Una persona que entiende el papel que le toca jugar en la vida sabe, de forma inequívoca, que el hombre es el centro de la Creación, y cuando hablamos del hombre nos referimos a su carácter, su potencial, su individualidad. El Talmud (1) cuestiona la razón de que el hombre haya sido creado solo, y no en grupo, y concluye que el valor de una vida es infinito. “Quien salva a una vida es como si salvara a un mundo entero”. Esto nos lleva a reflexionar sobre el potencial inmenso que hay en una sola persona. El valor de la vida es infinito, indistintamente de quién sea la persona. Puede ser un rey muy importante o un hombre simple; eso no importa, el valor de la vida de cada uno es infinito. ¡Impresionante!

Querido lector, te invito a que pongas atención al hecho de que tienes un propósito individual que cumplir, ¿lo sabes? ¿Estás consiente de tu poder y tu responsabilidad? ¿sabes cómo convertir tu profesión o tu hogar en un campo donde florezca tu propósito individual? Te invito a que conozcas más del Coaching P&P.

Continuaremos elaborando esta idea en una segunda parte de este artículo ¡Hasta entonces!


Dedicado en memoria de Abraham ben Esther, Sarah bat Simja y Esther bat Sara z”l. En memoria de David ben Messod, Esther bat Sarah, Salomón ben Rajel y Mercedes bat Messoda z"l.


(1) Tratado de Sanedrín, página 37a.