Los ‘Bucket List’ o ‘listas de deseos por cumplir’ invariablemente están repletas con ideas de viajes a lugares en los que nunca has estado, aventuras que nunca tuviste, personas que nunca conociste. El común denominador es la idea de que “las personas más tristes que enfrentan la muerte son aquellas que dejaron cosas sin hacer”.

Pero el error de lo que la mayoría de las personas piensan que es una ‘lista de deseos’ es que a menudo la principal preocupación es con uno mismo. Se trata de pensar qué nos falta en términos de disfrute personal. La primordial preocupación es si llegamos a disfrutar por completo de toda la dicha que esta tierra puede ofrecernos.

Rosh HaShaná nos muestra otra manera de pensar sobre nuestra lista de deseos. Se trata de una lista basada en la comprensión de que todos somos seres mortales y tenemos un tiempo de vida limitado. Uno de los objetivos más importantes de las Altas Fiestas es reconocer que estamos en esta tierra con un propósito. Nuestras vidas tienen una misión y esta misión es la razón por la cual fuimos creados.

Prepararse para las Altas Fiestas implica identificar la razón de nuestra presencia en el mundo.

Prepararse para las Altas Fiestas implica identificar la razón de nuestra presencia en el mundo; qué es lo que contribuimos a la sociedad en general, a nuestro pueblo, a nuestra familia e incluso a Dios. No es nuestra riqueza sino nuestro valor personal lo que representa nuestro mejor argumento para seguir ameritando vida y bendiciones. Es saber que nuestras vidas marcan una diferencia, que jugamos un papel en ayudar a que este mundo sea mejor, aunque sea un rol muy pequeño.

Interpretar la sinfonía de la vida

Hay una historia que ilustra este punto. Hace un siglo el mundo reverenciaba a un gran conductor de sinfonías, un maestro italiano llamado Arturo Toscanini (1867 – 1957), quien dirigió conciertos en todo el mundo. Él era conocido como un absoluto perfeccionista y pocos lograban igualarlo. Toscanini tenía un biógrafo que lo entrevistaba periódicamente a lo largo de los años como parte de un libro que estaba escribiendo.

Una noche, él llamó a Toscanini, le dijo que la noche siguiente estaría en la ciudad y le preguntó si podía ir a su casa para entrevistarlo. Toscanini le respondió que no podía recibirlo porque estaría haciendo algo especial que requería absoluta concentración, no podía ser interrumpido.

—Maestro, ¿qué es lo que va a hacer que es tan especial? —le preguntó el biógrafo.

—Del otro lado del mar hay un concierto. Yo solía ser el conductor de esa orquesta sinfónica, pero este año no pude viajar. Así que voy a escuchar el concierto por radio de onda corta, para escuchar cómo dirige la orquesta el otro conductor. No quiero tener ninguna interrupción.

—Maestro, para mí sería un placer observarlo mientras escucha un concierto interpretado por una orquesta que usted solía dirigir. Prometo mantenerme en silencio. Me sentaré en silencio en la otra punta de la habitación.

—Si promete permanecer completamente callado, puede venir —le dijo Toscanini.

A la noche siguiente, el biógrafo llegó y se sentó en silencio mientras Toscanini escuchaba el concierto, que duró casi una hora. Cuando terminó, el biógrafo comentó:

—¡Vaya! Realmente fue un concierto magnífico.

—En verdad no lo fue.

—¿Por qué no?

—Se suponía que debía haber 120 músicos, incluyendo 15 violinistas. Pero sólo tocaron 14 violinistas.

El biógrafo pensó que se trataba de una broma. ¿Cómo podía saber a seis mil kilómetros de distancia, al escucharlo por una emisión de onda corta, que faltaba uno de los violinistas? El biógrafo tuvo sus dudas, pero no dijo nada y regresó a su hogar. A la mañana siguiente, llamó por teléfono a la sala donde tuvo lugar el concierto, pidió hablar con el director musical y le preguntó cuántos músicos se suponía que debían tocar la noche previa y cuántos hubo en verdad. El director de la sala le dijo que se suponía que debía haber 120 músicos, entre ellos 15 violinistas, pero que sólo se presentaron 14…

El biógrafo estaba sorprendido. Regresó a la casa de Toscanini y le dijo:

—Señor, le debo una disculpa. Pensé que había inventado lo que me dijo. Pero por favor, dígame cómo supo que faltaba un violinista.

—Entre usted y yo hay una gran diferencia. Para la audiencia todo suena maravilloso. Pero yo soy el conductor, y el conductor tiene que conocer cada nota de la obra que se va a interpretar. Cuando comprendí que hubo ciertas notas que no se tocaron, no me quedó duda alguna de que faltaba uno de los violinistas.

Las Altas Fiestas representan el momento en que necesitamos crear mentalmente una lista de deseos no de los lugares en los que no hemos estado, sino de los buenos actos que todavía no hemos hecho.

Debemos prestar atención al mensaje de esta historia, Cada uno recibió la oportunidad de interpretar una parte, por pequeña que sea, en la sinfonía de la vida. Para algunos puede llegar a parecer insignificante, pero el Conductor tiene completa conciencia de nuestra interpretación, de cada nota que tocamos correctamente así como de cada error que arruina la belleza de todo el concierto. Mientras sigamos siendo miembros de la orquesta, tenemos el privilegio de llevar a cabo con fidelidad la tarea que nos fue asignada, de la mejor forma que seamos capaces.

Para el “Conductor” y Creador del universo, todos somos indispensables. Tenemos una misión. Las Altas Fiestas representan el momento en que necesitamos crear mentalmente una lista de deseos no de los lugares en los que no hemos estado, sino de los buenos actos que todavía no hemos hecho. No de los placeres que todavía no logramos disfrutar, sino de las obligaciones que aún no hemos cumplido. No de los buenos momentos que todavía no hemos experimentado, sino de los momentos sagrados que aún no han formado parte de nuestras vidas.

Rosh HaShaná es el momento en el que debemos crear nuestra lista de deseos de superación personal con la esperanza de llegar a convencer a Dios de que todavía no somos superfluos. Esta es una lista de deseos que no precede a la muerte, sino que puede implicar más años de vida y un legado de eternidad.