¿Quién no quiere estar alegre? Millones de personas buscan la felicidad en todo el mundo, sin embargo, sólo unos pocos la encuentran.

Esta necesidad también está presente en el terreno espiritual. Existe un mandamiento de “servir a Dios con simjá” (1) que se traduce, normalmente, como “servir a Dios con alegría”. ¿Cómo lograrlo?, ¿Cómo conseguimos ‘alegría’? Cada mitzvá tiene sus leyes detalladas para que podamos cumplirla a la perfección. ¿Dónde están las leyes de esta mitzvá en particular?

La dificultad para encontrar la felicidad radica en que, en realidad, no sabemos qué buscamos. Si la definiéramos correctamente, descubriríamos que el camino para alcanzarla no es tan complejo.

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Para entender cualquier concepto debemos contemplar su antítesis, porque sólo en la oscuridad se puede distinguir la luz (2). Lo mismo ocurre con el tema que nos ocupa: para profundizar y entender en qué consiste el sentimiento de ‘felicidad’, debemos preguntarnos qué es la tristeza.

Sentimos tristeza después de una experiencia dolorosa, un fracaso, una pérdida, culpa o frustración. Estas situaciones de crisis no son inherentemente tristes, sino las causantes de la tristeza. La persona inmersa en la tristeza se torna introvertida, apagada y carente de vitalidad.

“Si alguien siente tristeza en su corazón, su espíritu está afligido, quebrantado, nada lo motiva y no hace nada” (3). Incluso aquellas cosas que normalmente disfrutamos, no nos motivan cuando nuestro espíritu está encarcelado por la tristeza, la melancolía y la angustia (4). Inmersos en tal estado, nos paralizamos, no nos interesa invertir en el mundo, no poseemos la fuerza para permanecer activos, nuestra energía disminuye. Nos convertimos en seres indiferentes.

Encontramos un ejemplo de tal condición en la Guemará (5): “El altar está inactivo porque los cohanim están tristes”. Si ocurre un suceso que entristece a los cohanim, entonces ellos no tienen deseos de ocuparse de su trabajo en el Sagrado Templo.

La tristeza establece una barricada en el corazón, que impide que fluya hacia él la corriente de los estímulos. “No tengo deseos” y “no tengo ánimo de hacer nada”, son expresiones comunes de las personas sumergidas en la depresión.

Las midot o ‘características de personalidad’ surgen de los cuatro elementos: fuego, agua, aire y tierra. La raíz de la tristeza está en el elemento tierra (6), cuya naturaleza es la pesadez y la falta de vitalidad. De modo similar, la pereza también tiene su raíz en este elemento (7): la persona perezosa no actúa. La diferencia entre la persona deprimida y la perezosa, es que la segunda, durante toda su vida alberga deseos y no los concretiza (8), mientras que el individuo deprimido ni siquiera experimenta deseos.

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En contraposición a la tristeza, la felicidad es la voluntad de hacer, la motivación vital, la presencia de aspiraciones.

¿Qué ocurre cuando escuchamos una buena noticia? Sentimos que nos llenamos de energía, de fuerza y de voluntad. Esta es la razón por la que los niños tienden a ser alegres y activos… la alegría y la actividad van de la mano.

La felicidad proviene del rúaj y es el deseo ardiente de actuar (9).

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Eliahu Hanaví nos enseña cuál debe ser nuestra máxima aspiración: “Que mis acciones lleguen a ser como las de los patriarcas Abraham, Itzjak y Yaacov” (10).

¿Por qué deseamos emular sus acciones en lugar de alcanzar su nivel de sabiduría (11)? ¿Por qué la acción es más relevante?

Nuestro mundo es el mundo de la acción, como lo describe el versículo: “Dios creó [el mundo] para hacer” (12). Las mitzvot son acciones y el objetivo de la sabiduría es, precisamente, las buenas acciones (13). Coincidente con esta idea es la percepción humana, en lo profundo del ser, que la acción representa existencia y la falta de la misma implica cesación y muerte.

La felicidad entonces es la voluntad de hacer, el deseo ardiente de actuar, y eso, esencialmente, es la voluntad de vivir.

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Este artículo es un extracto del libro El código judío de la felicidad de Rav Igal Snertz.

 

 


Notas:

(1) Tehilim 100:2

(2) Maharal, Nétzaj Israel 1

(3) Gaón de Vilna, Mishlei 15:12

(4) P. ej., comer: Rashi en Tehilim 42:4.

(5) Guitín 55a

(6) Sháarei Kedushá, Parte 1, Sháar 2

(7) Sháarei Kedushá, Parte 1, Sháar 2

(8) Gaón de Vilna, Mishlei 21:26

(9) Ver Gaón de Vilna, Mishlei 15:13 y 18:14.

(10) Tana Debei Eliahu 18

(11) Or Hatzafón p. 141

(12) Bereishit, Cap. 2:3 (Inferencia del Saba de Kélem, citada en Or Yejezquel, Darkei Haavodá p. 305).

(13) Brajot 17a