¿Qué tienen en común la rosa, el oso pardo y el zorzal? Como todo ser vivo, ellos crecen hacia la maduración y la perfección.

La rosa emerge con toda su gloria del suelo invernal hasta lograr su belleza completa. El oso pardo, al sobrevivir a los desafíos de la naturaleza, crece hasta lograr su estatura completa y su poder como una fuerza de la naturaleza. El zorzal, crece nutrido por una madre afectuosa, un día descubre su voz y canta su propia dulce canción. El ser humano, como la rosa, el oso pardo y el zorzal, contiene dentro de su alma las semillas de una perfección única y hermosa y puede crecer hacia su singular estado de madurez.

Pero a diferencia de otros seres vivos, el proceso de desarrollo del ser humano hacia la perfección no es automático ni está asegurado. La rosa, el oso y el zorzal crecen hacia una belleza y completitud únicas sin tener opción. Su perfección es inherente a su naturaleza. Si soportan los desafíos del medio ambiente y reciben el alimento que necesitan, llegarán de forma natural a la madurez y la completitud. El ser humano es único en toda la naturaleza porque una persona sólo crece hacia su perfección a través de su propia elección y de su esfuerzo. El ser humano es la única criatura viva con el privilegio de estar involucrado en la exquisita experiencia de la auto-creación.

¿Cómo se ve un ser humano perfeccionado? ¿Cuál es la meta de la auto-creación? Sabemos cómo se ve la maduración de una rosa, pero ¿podemos visualizar a un ser humano en su estado de perfección? Un ser humano perfeccionado es aquel que refinó toda la gama de cualidades: valentía, sabiduría, bondad, paciencia, disciplina, alegría, felicidad, empatía, compasión, fortaleza, simplicidad, profundidad, amor, bondad, santidad, etc. La maduración humana se trata de refinar el carácter.

Quizás no existe un individuo que sea el modelo de completo refinamiento, pero podemos imaginar cómo podría verse esa persona si observamos a aquellos individuos que personificaron una característica específica, por ejemplo la profunda sabiduría de Salomón, la valentía de los soldados israelíes que arriesgaron sus vidas en la Operación Entebbe, la profunda compasión y bondad de Abraham, la belleza atlética de un Nureyev; la fuerza interna de Itzjak, el talento artístico de Rembrandt, la paciencia de Hillel, la autodisciplina de un gimnasta ganador de la medalla de oro o la humildad de Moshé. Hay una tradición mística que afirma que existe un “Adam” (“persona” en hebreo) perfeccionado que es un compuesto de cada buena cualidad de carácter. Este Adam virtual es quien nos permite imaginar el potencial de grandeza del ser humano.

El propósito de la vida es convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos a través del proceso creativo de refinar una cualidad a la vez. El proyecto de refinamiento del carácter es la tarea más demandante y el mayor desafío del mundo. Es famosa la declaración de que es más fácil estudiar y saber en profundidad las 2711 páginas del Talmud antes que refinar una cualidad. La rosa por cierto es hermosa como una obra prediseñada de la naturaleza. Pero un ser humano, quien por elección y esfuerzo refina su carácter, es el fenómeno más increíble del universo.

¿Qué cualidad estás refinando en este momento? Hay tres pasos para refinar una cualidad personal:

  1. Escoge una cualidad especifica en la que te enfocarás, como la paciencia, hablar de forma positiva, la generosidad, el autocontrol, la alegría, etc.

  2. Defínela e imagina como te verías si personificaras esa cualidad.

  3. Practica a diario esa cualidad hasta llegar a representarla.