Como un mantra, la gente repite las palabras: “Yo seré feliz cuando…”. Cada persona tiene su propio vacío, sea lo que sea, y su felicidad depende de eso. Puede ser el auto más nuevo, la casa más bonita, la oficina de la esquina o el guardarropa perfecto. Puede ser la pareja adecuada, la carta de aceptación a la escuela de medicina, el gran trabajo o gente que me comprenda… Cada persona tiene su propio sistema de valores y su propio criterio, pero todos saben claramente: “En cuanto lo obtenga, finalmente seré feliz”.

Sin embargo, ocurre algo asombroso: ¡finalmente lo obtiene! Y sorprendentemente, aún no es feliz. ¿Qué sucedió? Era todo lo que necesitaba. Era todo lo que quería. Por fin lo tiene. ¿Por qué no se siente satisfecho? ¿Cuál es el problema?

El problema es que no está viviendo de la manera en que su vida fue planeada.

Si utilizas un instrumento quirúrgico fino para abrir una ventana… harás un trabajo mediocre y arruinarás la navaja. Cuando vives de forma distinta de aquella en que tu Creador lo planeó, la vida sencillamente no funciona bien. Y poco a poco, después de toda una vida desperdiciada, aprendes que el dinero no llena tu alma. El placer y el honor no satisfacen tus necesidades internas. Ah, parecen tan atractivas. Tienen una influencia casi mágica, pero nunca funcionan. En el núcleo de tu existencia, permaneces vacío. Y así como cuando estás hambriento y bebes, tan pronto como la emoción de haberlo obtenido finalmente pasa, te encuentras a ti mismo más insatisfecho que antes. Por desgracia, la mayoría de la gente descubre esto demasiado tarde en el juego como para hacer algo al respecto.

La actividad más agradable es crecer

Dios creó al ser humano para crecer. Está en su misma naturaleza. Crecer es la actividad que le proporciona el mayor placer. Dios colocó al hombre en este mundo con muchos retos y con mucho por lograr. Cuando el hombre utiliza su vida adecuadamente, logra balance y armonía internos; está en paz consigo mismo. El sol brilla con intensidad. Los pájaros cantan. Los colores son brillantes… él está vivo. Está contento. Cuando usa su vida para otro propósito, se encuentra vacío e insatisfecho, apático, con una constante necesidad de llenar el hueco que tiene dentro.

Esta es una de las mayores ironías de la vida. Mientras más la persona se enfoque en el propósito y el significado, más abundante será su vida. Mientras más se enfoque en tomar todos los placeres que este mundo tiene que ofrecer menos los disfruta. “Come, bebe y sé feliz, ya que mañana puedes morir”, es una fórmula para encontrar cada vez menos placer y disfrutar menos de la vida. El hedonista está destinado a fracasar porque su existencia se convierte en una carrera sin fin para llenar el interminable abismo que tiene adentro. Esta no es una peculiaridad del sistema, y no ocurrió por accidente. Es parte del diseño.

No cometas errores; los placeres tienen su lugar: son herramientas para ser utilizadas. Cuando una persona está contenta, es más capaz de servir a su Creador. Al utilizar adecuadamente los lujos y las comodidades de este mundo, el hombre se eleva a sí mismo. Transforma lo mundano en sagrado y está más preparado para su misión. Y con esto, también eleva al mundo mismo, porque lo utiliza para su propósito implícito. Él disfruta de este mundo y se gana el Mundo Venidero.

El hotel de cinco estrellas llamado vida

Estamos en el hotel llamado vida sólo durante unos cuantos años. Sin embargo, Dios lo diseñó como un alojamiento de cinco estrellas, con muchos lujos y servicios. La parte difícil es no perder el camino, no confundir lo pasajero con lo permanente, el hotel con nuestro hogar.

Dentro de nosotros, Dios colocó una neshamá. Es nuestra parte espiritual que está acostumbrada a vivir en las alturas. Debido a que no puede satisfacerse viviendo una existencia superficial y vacía, puede ayudarnos a dirigir nuestro rumbo. Es la voz dentro de nosotros que grita: — ¡Logra! ¡Crece!

Si una persona quiere vivir una vida significativa y llena de satisfacción, necesita entenderse a sí misma. Tiene que relacionarse con las necesidades de su alma. La única manera de hacerlo es encontrando su misión en la vida, investigando por qué Dios lo creó y por qué Dios lo colocó en esto llamado vida.