Correr a tu lado durante la maratón de Connecticut eliminó toda excusa que alguna vez haya tenido. Estabas recostada en una bicicleta reclinada, con las piernas quietas y tus brazos pedaleando. Simulé no mirarte, pero la verdad es que te estuve mirando de reojo todo el tiempo. La forma en que sonreías incluso en la pendiente más pronunciada con tus piernas yaciendo lánguidas delante de ti, sólo con la fuerza de tus brazos para impulsarte hacia adelante. Cómo corrieron las lágrimas por tu rostro al mirar el cielo después de cruzar la meta.

En ese momento te rodeó tu familia y vi a alguien poner la medalla en tu cuello. Yo quería correr hacia ti y preguntarte: ¿Cómo lo hiciste? ¿Qué es lo que te hace desafiar tus limitaciones, qué hay en ti que se rehúsa a ser detenido, que se eleva por sobre la parálisis que enfrentas cada mañana al levantarte?

Un atleta paraolímpico en una bicicleta reclinada.

Y luego uno de tus hijos puso una sudadera sobre tus hombros y vi tu lema escrito en letras azules brillantes sobre tu espalda: “Sin excusas”.

Pienso en esas letras azules brillantes cuando la vida se pone difícil. Decimos que vamos a cambiar, pero a menudo lo que realmente queremos decir es que cambiaremos si... Si el clima no es demasiado frío o caliente. Si el nuevo trabajo funciona. Si el tráfico se despeja. Si la cola no es demasiado larga. Si no nos duele la cabeza. Si todos actúan como esperamos que lo hagan.

He aquí 4 excusas a las que debemos renunciar este nuevo año:

1. No está funcionando. Cuando nos dirigimos hacia un objetivo, a menudo no podemos ver el progreso que estamos haciendo. En ocasiones incluso sentimos que retrocedemos. Trabajamos tanto y no vemos ningún resultado. ¿Para qué intentarlo? Es precisamente en ese momento que debemos seguir empujando. Si pudiéramos ver una diferencia tangible cada vez que intentamos crecer, el cambio sería fácil. Pero no lo es. Continúa avanzando. No te detengas justo antes de llegar a la meta.

2. Mi vida es muy difícil. Cuando tratamos de cambiar, a menudo vemos que la vida se torna más difícil. La razón es que todo crecimiento significativo u objetivo valedero exige que abandonemos nuestra zona de confort. Cuando dejamos la zona de confort, la vida es más difícil. Dejamos atrás nuestros malos hábitos para enfrentar el estrés antes de tener estrategias nuevas para reemplazarlos. Y pareciera que, de repente, hay infinitos obstáculos en el camino. Pero retroceder hasta donde estábamos antes no hará que la vida sea más fácil, sólo la hará menos significativa. Cuando sentimos que la vida se torna difícil, significa que estamos más cerca de nuestros objetivos y que estamos haciéndonos más fuertes al abrirnos camino a través de los obstáculos.

3. No es lo que esperaba. No esperaba que mi carrera profesional fuera así. Esto no es lo que esperaba del matrimonio. Esto no es lo que esperaba de la paternidad. Esto no es lo que esperaba de la vida. Decimos estas cosas todo el tiempo, a menudo en silencio, sin siquiera darnos cuenta. El mensaje que nos estamos dando es: si la vida no está a la altura de mis expectativas, entonces no tengo que vivir a la altura de las expectativas que la vida tiene de mí. Sin embargo, la mayoría de nuestras expectativas son simplemente resentimientos que esperan una excusa para salir a la superficie. Guarda tus expectativas para ti mismo. No uses la vida como una excusa.

4. Siento que no avanzo. El año pasado estaba trabajando en el mismo rasgo personal. Estaba luchando con el mismo mal hábito. Estaba tomando las mismas decisiones. Siento que no avanzo. No vale la pena. Pero ese es precisamente el punto: si realmente te esforzaste para crecer, puede que sientas que estás en el mismo lugar, pero no es así. Puede que sigas siendo impaciente, impulsivo o perezoso, pero no como lo eras el año pasado. Puede que sigas teniendo que luchar contra las mismas cosas, pero eres diferente. Has aprendido nuevas estrategias para luchar. Has vivido cosas nuevas. Sientes que estás varado, pero en realidad has crecido mucho más que lo que puedes imaginar.

Entonces, a la mujer que pedaleó 42 kilómetros a mi lado utilizando sólo sus brazos, quiero decirte “gracias”. Gracias por eliminar hasta mi última razón para darme por vencida cuando la colina parecía demasiado inclinada. Gracias por mirar al cielo en la meta y mostrarme lo que son las verdaderas lágrimas de alegría cuando sientes que te quedarás varada para siempre, incapaz de moverte y luego te das cuenta de que Dios ha estado, constantemente, preparando una salida para ti. Una forma de avanzar. Ahora, cada vez que mi compromiso se tambalea, te recuerdo a ti y a las letras azul brillante en la espalda de tu sudadera: “Sin excusas”.