En los últimos meses, vi desarrollarse un logro que requirió de un gran coraje, determinación y valor. David, el hijo de 14 meses de mi mejor amiga, pasó de ser un bebé con pelo rizado que era sostenido en todo momento, a ser un “campeón de los 100 metros planos” que es perseguido por su mamá en cada esquina. ¿Qué podemos aprender de este proceso?

Todos exhibimos las mismas cualidades que David cuando aprendimos a caminar. Conectarnos con aquellas cualidades que hay en nuestro interior nos ayudará a alcanzar nuestros objetivos. Aprendamos de David.

1. Suéltate de la pared

Para un niño, el proceso de caminar es aterrador en un principio. Puedes verlo en sus ojos. Puede que sepa perfectamente cómo gatear o quedarse parado sosteniéndose de una silla o una pared, pero, ¿qué hay del próximo paso? ¿Ese primer paso que está completamente fuera de su zona de confort? Tiene que soltarse de la pared…

‘Soltarse de la pared’ puede implicar ser la primera persona que diga “te amo” en una relación, pedir un aumento de sueldo o dejar un trabajo cómodo para comenzar una carrera que te haga feliz al despertar por la mañana. El muro representa certeza, predictibilidad y seguridad.

¿De cuántos muros nos estamos agarrando en nuestra vida, temerosos de dar el primer paso a lo desconocido? Para crecer, debemos enfrentar nuestros miedos, nuestra incertidumbre y el riesgo.

2. Levántate tan rápido como caes

Los bebés tienen una misteriosa capacidad para caer y levantarse inmediatamente de nuevo. Se caen, resbalan, se golpean la cabeza y se raspan las rodillas. Les lleva un par de segundos volver en sí, pero siempre se levantan de nuevo. Esta es una clave para la grandeza.

¿Qué tan rápido nos damos por vencidos? ¿Estamos dispuestos a caer tantas veces como haga falta, y aún así tener el coraje para creer en nosotros mismos? Imagina si, mientras aprendiese a caminar, un niño dijera: “Bueno, me caí veinte veces, soy un fracaso”.

Es imposible aprender a caminar sin caerse. El fracaso es el escalón que nos ayuda a alcanzar el éxito. Entonces, ¿por qué ser tan duro contigo mismo cuando fracasas? Sacúdete el polvo y levántate una y otra vez. Tantas veces como haga falta para conseguir el objetivo.

3. Libera la grandeza que hay en tu interior

Un bebé pasa de estar sentado a gatear, tambalearse, caminar y finalmente correr. ¿Crees que el niño sabía todos los talentos y capacidades que residían en su interior? Imagina la alegría de un niño corriendo por el césped directo hacia los brazos de su padre, feliz de estar vivo. ¿Sabía ese niño la inmensa alegría que tenía por delante?

Todos tenemos muchísimos talentos, capacidades y posibilidades que nos dio Dios y que quizás no conocemos en este momento. Vemos a un niño recién nacido y vemos posibilidades infinitas. Quizás, Dios nos ve en todas las etapas de nuestra vida y ve las posibilidades infinitas depositadas en nuestra vida esperando a ser liberadas.

En tu interior hay una cantidad enorme de potencial. Reconoce, cultiva y honra lo que Dios te dio. Creemos que sabemos quiénes somos en base a nuestro pasado o a las palabras de los demás, pero quizás tan sólo estamos asustados, aferrándonos a un muro. Si nos soltamos del muro y damos un paso a lo desconocido, podemos llegar hasta lo más profundo de nuestro ser y liberar aquello que jamás imaginamos posible.