Algunas de mis plegarias recibieron respuesta inmediata. Cuando me sentía frustrada como madre, recé pidiendo paciencia y tuve paciencia. Cuando me sentí estancada con un hábito, recé pidiendo disciplina, y tuve disciplina. Cuando hubo desafíos en mi matrimonio, recé pidiendo amor y encontré amor. Cuando no pude entender a un cliente o una situación, recé pidiendo sabiduría y encontré sabiduría.

Esos milagros internos ocurren cada día, pero Janucá es un momento especialmente propicio para acceder a esas chispas de luz interior. Aquí hay tres formas en las que podemos llegar a encontrar esa luz interior.

1. Asombro

Uno de los mejores consejos que recibí respecto a cómo enfrentar la pandemia durante los meses de invierno que se avecinan, es asegurarnos de pasar tiempo al aire libre. No hay ningún sustituto para la manera en que la naturaleza nos abre los ojos. Las ramas desnudas de un árbol nos recuerdan que hay una fuerza esencial de vida palpitando en ellos sin importar qué estación del año sea. La extensión infinita del cielo nos recuerda que somos parte de una galaxia que es una pequeña parte de los miles de millones de galaxias que existen. El agua nos enseña sobre la profundidad, el flujo y la reflexión.

Cuando estés afuera, observa y pide asombrarte. El asombro nos llena de gratitud por la belleza y la posibilidad del mundo que nos rodea. El asombro nos recuerda ser humildes y reconocer la brevedad de nuestras vidas en una escala cósmica. Pero sobre todo, el asombro nos recuerda que Dios colocó una luz en nuestro interior y a nuestro alrededor como un regalo que cada día espera que lo reconozcamos.

2. Conexión

La soledad era un problema global antes de que comenzara la pandemia, y durante el último año empeoró de forma exponencial. Incluso personas que están rodeadas por su familia a menudo se sienten solas en sus hogares.

Necesitamos sentirnos conectados con los demás tanto a nivel emocional como espiritual. Llama por video a un amigo o a un pariente. Escribe una carta a mano a alguien que pienses que lo valorará. Si puedes encontrar una manera segura de encontrarte al aire libre para compartir una actividad con amigos, haz que ocurra aunque sea para un encuentro muy breve.

Cuando estés solo, busca una forma de encontrar conexión. A veces simplemente rezar por otros nos conecta de formas milagrosas. La conexión nos recuerda que a pesar de que aparentemente somos diferentes externamente, todos compartimos una valiosa humanidad que nos puede unir incluso en los momentos más difíciles. La conexión nos recuerda salir de nuestras propias cabezas y acercarnos a quienes nos rodean. Sobre todo, la conexión nos recuerda que cuando cada uno le da su luz al mundo, la oscuridad es mucho más brillante y los demás pueden sentir la calidez de formas que nunca nos imaginamos.

3. Esperanza

Nuestro instinto predeterminado es rendirnos cuando no vemos la salida de una situación. Pero algunos tenemos la suerte de saber cómo perseverar durante las tormentas de la vida. La esperanza es un comportamiento aprendido. No es algo que tendremos si no lo buscamos y no lo aprendemos. La esperanza es algo por lo que necesitamos rezar y encontrarla cada día, porque sin esperanza no tenemos nada.

Ya sea que te preocupe la salud de un ser querido o la educación de tu hijo, debes tener esperanzas no sólo en que el futuro será brillante y repleto de posibilidades sino también de que podemos hacer nuestra parte para mejorarlo. Mi abuela siempre me decía: si respiras, entonces hay esperanzas de que mañana sea mejor.

Janucá es un momento propicio para volver a encontrar esta esperanza. Cada noche encendemos las velas con la esperanza de que las llamas nos inspiren a encontrar hoy mismo los milagros en nuestras propias vidas. Observamos esas pequeñas chispas de luz y podemos ver en ellas el reflejo de las luces infinitas que están de cada persona.

Ayúdanos a asombrarnos. Bríndanos una forma de conectarnos. Muéstranos que hay esperanzas en medio de la oscuridad. Quien creó milagros para nosotros en el pasado también creará milagros en el presente. Este año en Janucá, al observar cómo crecen las llamas de la menorá, volvamos a encender juntos la esperanza que puede iluminar al mundo.