La mayoría de las dificultades particulares que atraviesa cada individuo en el transcurso de su vida son repetitivas. Los escenarios se renuevan y los personajes se intercambian pero, en el fondo, los conflictos configuran una trama conocida, porque el protagonista principal —él mismo— está presente en todas las escenas.

La forma en que acostumbramos a pensar y a comportarnos, es la causa inminente de la mayoría de las dificultades que enfrentamos. En gran parte de los casos no elegimos conscientemente ser lo que somos, pero podemos hacerlo de aquí en adelante. Si asumimos la plena responsabilidad de elevar nuestros hábitos, cumplimos nuestro propósito existencial y mejoramos notoriamente nuestra calidad de vida.

La mishná dice que la envidia, la inclinación al placer inmediato y la búsqueda de honor, son los aspectos que caracterizan a quienes siguen el camino de Bilam el Malvado (1). En contraposición, aquellos que se regocijan con el bienestar de sus semejantes, desarrollan el autocontrol y alcanzan la humildad, son considerados seguidores de Abraham Avinu.

Está dicho sobre estos últimos que “disfrutan en este mundo y heredan el mundo venidero” (2). En otras palabras, a partir de estas tres midot ‘características de personalidad’ surgen dos ramificaciones: la elevación espiritual (3) y, paralelamente, la calidad de vida (4).

La competencia y la constante comparación arrasan con la integridad familiar, con la satisfacción económica y con la autoestima. La envidia crea el dolor.

Las personas sufren por no materializar sus objetivos, por las tentaciones frustradas y por los daños que se causan a sí mismas cuando desconocen las consecuencias futuras de sus acciones. La búsqueda de placer inmediato levanta una muralla que entorpece la marcha y obstruye la visión.

La persecución desesperada por la apreciación social, expresada en casi todas las acciones, distancia a la persona del honor y le causa una profunda carencia emocional, que es el origen de todas las discusiones y humillaciones que enturbian su relación con quienes lo rodean. La búsqueda de honor es la causa.

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¿Cuál es el denominador común entre la envidia, la debilidad para superar tentaciones y la obsesión por el reconocimiento? ¿Cuál es la esencia de estas midot, de las cuales derivan el resto de las midot negativas? Son predisposiciones que interfieren con la tranquilidad emocional.

El deseo de parecerse a los demás, querer satisfacer las necesidades de inmediato y la dependencia del qué dirán, provocan que nuestro equilibrio emocional esté supeditado a factores externos que están más allá de nuestro control. Está escrito que estas midot “sacan a la persona del mundo”, la sacan de su mundo interior.

La corrección de las midot ‘características de personalidad’ es, en la práctica, la construcción de un mundo interior, independiente del entorno, una fortaleza que permite la estabilidad frente a las tentaciones y conduce a la paz en momentos de presión y estrés (5).

Esta afinación emocional, sin embargo, previene los problemas existenciales y no se limita a desarrollar la capacidad de enfrentarlos.

Cada peldaño que se escala permite disfrutar de un nivel más elevado de armonía; reduce la estática que interfiere con la serenidad y concierta, en sí mismo, un futuro mejor.

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Notas:

(1) Gaón de Vilna en Pirkei Avot 4:21 y en Mishlei 21:4. Maharal en Dérej Jaim 5:19.

(2) Pirkei Avot 5:19.

(3) Rabeinu Yoná, allí y Even Shleimá 2:1.

(4) El Maharal en Dérej Jaim 2:11, explica que “sacan al hombre del mundo” se refiere a este mundo y en la mishná 4:22 escribe que las dos fuentes son paralelas. Lo mismo, escribió el Gaón de Vilna en la mishná 2:11, diciendo que es paralela a la mishná de Bilam. Ver también Mijtav MeEliahu 1, p. 1. De acuerdo al principio de que las dificultades en la vida son consecuencia de las midot, se entiende que las malas midot son las principales causantes de las dificultades en la vida.

(5) Ver Alei Shur 1, p.194-195, ver también Tzidkat Hatzadik, punto 58.