Autor del libro "Propósito" – El Eje central de una vida apasionante


Vivir con entusiasmo puede ser una de las inversiones más rentables para el éxito y la prosperidad de una persona en la búsqueda de una vida con propósito, no obstante, es una tarea que requiere determinación. Innumerables veces he visto como alguien intenta tomar una actitud más entusiasta, pero acaba por ser totalmente superficial y perecedero. Surge la pregunta, ¿Cómo lograr que vivir con entusiasmo sea algo natural?

En esta ocasión, quiero aclarar ciertos conceptos que aportan claridad al tema:

1. Antes que nada, definiciones

Según el diccionario, "entusiasmo" es un estado afectivo de excitación estimulante provocado por la fe en algo o la adhesión a alguien, que se manifiesta en la viveza o animación con que se habla de la cosa que lo provoca o en el afán con que se entrega uno a ella.

Etimológicamente, esa palabra proviene del latín "en-theos". "En" significa "dentro" (en español "en" o en inglés "in") y "theos" significa Dios. En corto, vivir con entusiasmo significa vivir con Dios adentro de uno. Esta poderosa y estimulante emoción está conectada con el poder de la fe y la consciencia espiritual de la persona, ¿creen que vale la pena entonces invertir en ella? ¡Por supuesto que sí!

2. Como que… ¿Apegarse a Dios?

En el judaísmo se habla acerca del "apegamiento a Dios" como el mayor estado de logro de una persona en su vida. La pregunta es: ¿Qué quieren decir los sabios con esa expresión? ¿acaso un hombre de carne y hueso puede "apegarse" a Dios, que no tiene forma ni cuerpo físico?

El Ramjal (1707 - 1747), en su libro Derej Hashem (Parte IV: Cap. 3:2), ofrece una interesante respuesta:

"El amor es lo que apega y une al hombre con su Creador, es su fuerza y lo decora con coronas grandes. Y sobre todo la alegría del corazón y el entusiasmo del alma ante su Creador …

A esto se le une también la fe (emuná) y la certeza (bitajón) que son fuerzas que unen al hombre con su creador y refuerzan su santidad y su iluminación".

Vemos que el entusiasmo (llevar a Dios adentro) es el resultado de un corazón nutrido de poderosas fuerzas como el amor, la fe.

Similarmente, el libro Likutei Moharán (1:49) enseña que el epicentro donde se genera una vida de entusiasmo es el corazón de la persona —su mundo emocional—.

3. Aprende a transformar la energía del pensamiento

Nuestros Sabios (ibidem 1:21) enseñan que las emociones es el producto consecuencias del flujo de pensamientos de la mente. El pensamiento es energía que alimenta la mente y uno es el responsable de procesarla para transformarla en emoción. El pensamiento genera movimiento, y el movimiento genera calor y energía, igual que ocurre con el movimiento de un objeto. El resultado del movimiento de la mente es la emoción. Cuando los pensamientos de una persona son positivos, sanos, optimistas, puros, entonces sus emociones se crean en concordancia con ellos. Eso no significa que los pensamientos de un hombre común deban ser absolutamente puros, sin embargo, en nuestro nivel podemos aprender a ser más selectivos y decidir cuales pensamientos queremos conservar en la mente y cuales preferimos desechar.

4. El entusiasmo es incuantificable

Hagamos una cuenta lógica. Si el entusiasmo es llevar a Dios adentro de uno, significa que el sentimiento que se produce debe ser infinito, pues si Dios es una realidad ilimitada e incuantificable, pues así mismo será el entusiasmo que una persona puede albergar en su corazón. Significa que el corazón tiene una capacidad infinita de conectarse con ese amor y ese fuego de vida. Esto me recuerda la interpretación del Midrash sobre el versículo "Todos los ríos conducen al mar y el mar nunca rebosa" del Rey Salomón (Kohelet 1:7). Dicen los sabios que "el mar" alude al corazón de una persona, el cual puede acumular infinita sabiduría y conocimiento divino, y nunca rebosar.

5. ¡Me ciegas! Por favor, baja la intensidad

¿Qué se siente cuando uno se levanta en medio de la noche y alguien enciende la luz? ¿O cuando te ponen un foco de luz frente al rostro? ¡ceguera! Lo mismo ocurre cuando uno vive con entusiasmo. Cuando uno logra despertar ese poderoso sentimiento, usualmente desea contagiar a todo el mundo con él. Una persona entusiasta debe tener en cuenta que no siempre su interlocutor es apto para compartir y entender su entusiasmo. Por lo que debe aprender a filtrarlo y expresarlo en la medida justa para respetar al prójimo. Eso no quiere decir que uno deba dejar de sentir su apego a Dios, sino que uno debe aprender a contener ese fuego intenso en su corazón y expresarlo de forma dosificada. Similar a esto cuenta la Torá (Shemot 34:30) que Moshé Rabenu tuvo que usar una especie de careta para no enceguecer al pueblo con la resplandeciente luz divina que irradiaba su rostro.

Querido lector, tras estudiar estos cinco conceptos, ¿crees que vale la pena invertir en aprender a vivir con entusiasmo? ¿Qué impacto tendrá sobre tu propósito de vida, tus relaciones, tu creatividad? ¿Te atreves a "llevar a Dios dentro de ti"? Estoy seguro de esto puede transformar nuestras vidas de forma extraordinaria.


Dedicado por Alan (Moshé) Azulay para el crecimiento espiritual y personal de su querida esposa Pola bat Rajel. En memoria de Esther bat Sarah z"l.