En el último tiempo, los cirujanos plásticos reportaron un número sin precedentes de citas para procedimientos. Aunque la información oficial no estará disponible hasta la primavera del 2021, asumiendo que los registros anecdóticos sean correctos, esto puede deberse a varios factores. Quizás simplemente es una demanda que estalló después de meses de encierro. Puede ser que la falta de reuniones y eventos sociales, combinado con el hecho de usar mascarillas en público, lleven a que ahora sea el momento perfecto para someterse a un procedimiento quirúrgico.

O tal vez es otra cosa. Un cirujano plástico, el Dr. Jon Mendelsohn, reportó que en su oficina los procedimientos inyectables tales como Botox crecieron un 90 por ciento comparado con el mismo período hace un año. Cuando le preguntaron su opinión sobre la causa él dijo: "Durante las consultas virtuales que he tenido, 9 de cada 10 personas comentaron que notaron alguna imperfección que deseaban corregir al utilizar Zoom".

Ya sea que des una clase o la escuches, que dirijas la reunión o asistas a ella, durante los últimos nueve meses la mayoría pasamos mucho tiempo en Zoom, y a menudo, en esencia, es como estar mirándonos en un espejo. En oposición a las típicas interacciones cara a cara, en Zoom uno termina mirándose más a uno mismo de lo que estábamos acostumbrados. Parece que a muchos no les gusta lo que ven (y lo que ahora comprenden que otros ven), y eligen cambiarlo con un procedimiento quirúrgico o con una inyección.

Quienes viven con otras personas, ahora pasan más tiempo con ellas, y están más amontonados unos sobre otros. Para muchos, el coronavirus fue una olla de presión, tensa e intensa, ansiosa y abrumadora. Muchos descubrieron una fuerza, una fe y una resiliencia que nunca supieron que tenían. Otros encontraron paciencia, calma y la capacidad de ver las bendiciones. Pero muchos, probablemente todos, también descubrimos defectos sobre los que necesitamos trabajar, o vimos expuestas cualidades o rasgos de carácter sobre los que sería bueno trabajar un poco.

Esta pandemia puede ser una 'ventana' o un 'espejo'. Puede servir sólo para revelar a otros lo que realmente somos, un "pantallazo" para el mundo exterior. O podemos mirarnos en el espejo y aprender más sobre nosotros mismos, incluso si eso significa ver imperfecciones y defectos.

Con una tarjeta de crédito o con efectivo, un cirujano plástico puede cambiar lo que vemos en Zoom y no nos gusta. Pero cambiar lo que vemos cuando realmente miramos hacia nuestro interior, y escuchamos a otros describir lo que ellos ven, requiere mucho más esfuerzo y trabajo.

Rav Itzjak Hutner escribió (Pajad Itzjak, Iom Kipur 1:8): "La verdad es que la fuerza de cambiar es la mayor innovación después de la maravilla de la creación del cielo y de la tierra". El Gaón de Vilna escribió (Mishlé 4:13): "La persona vive para quebrar el atributo que no ha quebrado hasta ahora. Por lo tanto, uno siempre debe reforzarse para trabajar sobre eso, porque si no lo hace, ¿qué sentido tiene vivir?".

No alejes el espejo virtual por miedo a lo que verás. Abrázalo, apóyate en él, siéntete orgulloso de la belleza que contemplas y sé lo suficientemente audaz como para enfrentar las imperfecciones que inevitablemente verás. No vivimos para negar aquello en lo que necesitamos trabajar, sino para descubrirlo y fortalecernos, para trabajar en ello. Nos convertimos en socios de Dios en la creación cuando nos reinventamos y recreamos a nosotros mismos según sea necesario.

Placa matricular: TORÁ

A comienzos de los años 70, Maryland fue uno de los primeros estados en Norteamérica que permitió poner a los autos placas decorativas. Se podían elegir hasta 6 letras y personalizar tu matrícula. El padre de mi amigo tuvo una idea grandiosa. Él trabajaba como director de un centro juvenil judío, por lo que decidió escribir en su matrícula la palabra "Torá". Estaba sumamente orgulloso de su placa". Cuando manejaba, a menudo otro judío se paraba a su lado y le tocaba la bocina o lo saludaba para manifestar su orgullo por su identidad judía. Y, por supuesto, otras veces le tocaban la bocina y los gestos eran diferentes, para demostrar falta de apoyo a los judíos o a la Torá.

Un viernes, el hombre tenía que buscar un pedido en un restaurante. Ya era tarde, faltaba poco para Shabat y no había lugar para estacionar. Dio un par de vueltas a la manzana y finalmente estacionó en doble fila, encendió las luces de emergencia y corrió a recoger su pedido, que todavía no estaba del todo listo. Unos momentos más tarde, cuando regresó a su auto, encontró en el parabrisas no una sino dos notas que en esencia decían lo mismo: "Para un judío de Torá, estacionar ilegalmente en doble fila y bloquear el tráfico no es una mitzvá". Mensaje recibido.

Una semana más tarde, el padre de mi amigo se encontró atascado detrás de un conductor que parecía moverse en cámara lenta. Aceleró para pasarlo y observó al conductor al pasar a su lado. Medio kilómetro más adelante se detuvo en un semáforo y el otro conductor se detuvo a su lado, bajó la ventanilla y le dijo: "Sabe, una persona que representa a la Torá, debería tener un poco más de paciencia".

Esa noche, la madre de mi amigo vio que su esposo sacaba la matrícula del auto y le preguntó qué estaba haciendo.

"Regreso a una matrícula numérica", le dijo.

"¿Pero por qué? ¡Tú amas esta matrícula!", le preguntó su esposa.

Él le contó los eventos recientes y compartió su frustración, pero en vez de consolarlo y apoyarlo, ella lo desafió:

"¿Quiere decir que estás dispuesto a cambiar tu matrícula antes que cambiar tu comportamiento?".

Él dejó la matrícula en el auto y trabajó sobre sí mismo. Los psicólogos señalan que uno de los grandes obstáculos para que funcionen las relaciones en nuestra familia, en el trabajo y con los amigos, son los puntos ciegos con los que vivimos. Pensamos que nos vemos y que comprendemos cómo nuestro comportamiento impacta sobre quienes nos rodean. Culpamos a los demás en vez de mirarnos en el espejo y confrontar lo que necesitamos cambiar, y eso no es precisamente la matrícula del auto ni nuestras arrugas.

Si aprovechamos esta época intensa y difícil para aprender sobre nosotros mismos y nos esforzarnos para mejorar, cuando finalmente termine este período difícil podremos emerger más bellos por dentro y por fuera.