Las reflexiones importantes pueden surgir de las experiencias más mundanas, incluso de un dolor de cabeza.

Un día, abriendo el gabinete de medicamentos, fui sorprendido por una calcomanía en un envase de remedios.

“No puede ser utilizado por mujeres embarazadas”, decía.

“Y, ¿por qué no? Se preguntó parte de mi cabeza adolorida.

Otra parte respondió: porque un feto es mucho más sensible a los efectos de los químicos que un adulto. En parte, por supuesto, por su pequeñez, pero más aún, porque es algo que está en pleno desarrollo. Cuando una sola célula está transformándose en un organismo de muchos miles de millones de células increíblemente diversas en tan solo unos cuantos meses, entonces, se ve enormemente afectada incluso por un estímulo sutil.

Este pensamiento condujo, lenta pero inexorablemente, a otros, sobre la creación del mundo y el comienzo del “año judío”.

Una leve distracción en el comienzo puede producir una diferencia enorme.

El “efecto mariposa” es el nombre caprichoso que los escritores de ciencia le dan al concepto de “dependencia sensible de las condiciones iniciales”, la idea de que los orígenes son extraordinariamente importantes. Una desviación de un simple grado en el arco desde donde sale una flecha, o un error de un simple dígito en el comienzo de un cálculo largo, pueden producir un diferencia de miles y hasta de millones al final. Según lo que sabemos, el aleteo de ayer de una mariposa al otro lado del mundo puede haber desatado un huracán en el Atlántico hoy.

Los “efectos mariposa” más notables tienen lugar durante las instancias de la formación, cuando ocurren muchas cosas con una rapidez espectacular. Por eso colocaron la etiqueta de advertencia en el medicamento. La gestación de un feto -el increíble viaje que realiza una simple célula hasta convertirse en un ser humano- es sorprendentemente sensible a mucho de lo que hace, come o bebe su madre. El niño en desarrollo es extremadamente sensible al químico que en otras circunstancias sería completamente inofensivo, porque el comienzo es una etapa de formación, y por lo tanto es crucial.

La Semana de la Creación

Dejando el ámbito del microcosmos, nuestro mundo también tuvo un período de gestación, de seis días. Interesantemente, así como la etapa de gestación de un bebé está más allá de nuestra vista, así también lo estuvo la etapa de creación del mundo. Los eventos de esos días son un absoluto misterio para nosotros, la Torá sólo suministra las generalidades más inescrutables sobre lo que realmente ocurrió en ese entonces. Por eso, los rabinos talmúdicos aplicaron a los días de la creación el versículo: “el honor de Dios es el ocultamiento de las cosas” (Proverbios, 25:2). E.A. Milne, un famoso astrónomo inglés, escribió “En el acto divino de la creación, Dios no fue observado, y no hay testigos”.

Sin embargo, a pesar de nuestra incapacidad de tener alguna certeza sobre los acontecimientos de la creación, pensar en esos días como un período de gestación es esclarecedor.

Rosh HaShaná es llamado “el aniversario del nacimiento del mundo”. Pero la palabra hebrea que fue traducida allí como “nacimiento” –harat– en realidad significa el proceso de concepción/gestación. Por eso, anualmente, al comienzo del año judío, pareciera que de algún modo revivimos los “días de gestación de la creación”. Pero aún hay más: son días de formación, son el período de gestación del año que viene. Comenzando con el “día de la concepción” de Rosh HaShaná hasta Iom Kipur, el comienzo del año nuevo judío es para cada año lo que la semana de la creación fue para el mundo: una etapa de formación.

Comportamiento Cuidadoso

Todo esto puede ayudarnos a entender una enigmática ley judía.

Se nos ordena conducirnos de una manera particularmente ejemplar en el comienzo del año nuevo judío. Debemos evitar el enojo especialmente en el día de Rosh HaShaná. Y durante los primeros diez días del año, se nos alienta a adoptar una medida más estricta de observancia judía, y a conducirnos -especialmente en relación a las demás personas- de una manera más cuidadosa que durante el resto del año.

¿Cuál es el sentido de pretender estar en un nivel más elevado de refinamiento?

Es una ley bastante extraña. ¿Cuál es el sentido de pretender estar en un nivel más elevado de observancia o de refinamiento cuando uno no tiene la intención de mantener esas costumbres más allá de la primera semana del año?

Sin embargo, puede ser que haya cosas que bajo circunstancias normales no sean tan importantes, pero que de pronto adquieren una relevancia excepcional durante esa semana, porque esos días tienen su análogo en el concepto de la gestación.

En otras palabras, puede que esos días sean particularmente sensibles a influencias menores porque son los días a partir de los cuales se desarrollará el año entrante.

La observancia y la buena conducta siempre son algo bueno, pero la tradición judía enseña que tienen un poder particular durante Rosh HaShaná y los “Diez Días de Arrepentimiento”; la tradición judía enseña que debemos tratar a esos días con la misma vigilancia y cuidado que una madre embarazada tiene por el ser extremadamente sensible que se está formando velozmente en su interior.