Se convirtió en una tradición anual: la Asociación Humanista Americana presenta otra vez una campaña publicitaria promoviendo el ateísmo y menospreciando la religión.

El año pasado, la organización puso en cientos de carteles y autobuses, y en más de una docena de ciudades, anuncios que decían: “¿No hay dios? ¡No hay problema!”. El tema del 2008 fue: “¿Por qué creer en Dios? ¡Tan solo sé bueno!”.

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Este año, la asociación está tomando un tono más agresivo. Está gastando 200.000 dólares para “desafiar directamente a la moralidad bíblica” en publicidades que aparecen en televisión abierta y por cable, en diarios, revistas y en los transportes públicos. Los anuncios yuxtaponen pasajes violentos o desagradables de la Biblia (o del Corán) con citas “humanistas” de ateos prominentes. Por ejemplo, una profecía atroz del profeta hebreo Hoshea – “El pueblo de Samaria debe padecer su culpa, porque se han revelado en contra de su Dios. Caerán por la espada, sus niños serán arrojados al piso, sus mujeres embarazadas serán descuartizadas” — en contraste con el comentario de Albert Einstein de que él “no puede imaginar un Dios que recompensa y castiga al objeto de su creación”.

Por supuesto, cualquiera puede escoger citas para probar un punto de vista. Y ciertamente lo que sostiene el director ejecutivo del grupo humanista Roy Speckhardt es verdad: “hay textos religiosos” que “propugnan el miedo, la intolerancia, el odio, y la ignorancia”. La religión a menudo ha sido utilizada para propósitos malvados, o ha sido invocada para justificar horrible crueldad, pero lo mismo es cierto para toda área de desarrollo humano, desde la medicina al periodismo, la filosofía y la ley.

Pero hará falta más que unos pocos versos sombríos sacados de contexto para respaldar el mensaje central de la campaña publicitaria de la Asociación Humanista Americana: que Dios y la tradición judeo-cristiana no son necesarias para la preservación de los valores morales, y que la razón humana es una mejor guía que la religión basada en la Biblia.

¿Puede la gente ser decente y tener moral sin creer en un Dios que nos ordena ser buenos? Seguro. Siempre hubo ateos buenos y éticos. Pero, ¿cuántos de ellos razonaron para definir el bien y lo ético, y cuántos simplemente reflejaron las expectativas morales de la sociedad en la que fueron educados?

En nuestra cultura, ni el ateo más apasionado puede negar haber sido influenciado por la cosmovisión judeo-cristiana que le dio forma a la civilización occidental.

En nuestra cultura, ni el ateo más apasionado puede negar haber sido influenciado por la cosmovisión judeo-cristiana que le dio forma a la civilización occidental. “Sabemos que puedes ser bueno sin Dios”, le dice Speckhardt a CNN. La única razón por la que él puede estar seguro de eso es porque vive en una sociedad tan impregnada con los valores judeo-cristianos que los da por sentado. Pero una sociedad despojada de esa herencia religiosa es una sociedad en la que ni Speckhardt quisiera vivir.

Porque en un mundo sin Dios, la diferencia entre el bien y el mal no es obvia. Ni siquiera se puede probar que un asesino está equivocado si no hay un Creador que diga: “No matarás”. De seguro no puede probarse que es un error sólo con la lógica. Porque, en cambio, uno podría razonar – como lo hicieron Lenin y Stalin y Mao – que asesinar a millones de seres humanos no tiene nada de malo, si ayuda a la causa marxista. O uno podría razonar, mediante la observación de la naturaleza, que el funcionamiento del mundo está regido por la ley del más fuerte – y que la selección natural favorece la supervivencia del más apto a través de cualquier medio, incluyendo matar al menos apto.

A nosotros hoy, creyentes y ateos sin distinción, puede parecernos obvio que la vida humana es valiosa, y que el más débil merece una protección especial. Pero, ¿pensaríamos así si no tuviésemos una tradición moral que se remonta a Sinaí? En la antigüedad clásica era obvio que un bebé enfermo debía ser matado. “Ahogamos a los niños que son enfermos o anormales al nacer”, escribió el filósofo romano Séneca hace 2.000 años, acentuando que “no es el enojo, sino la razón” lo que justifica el asesinato de bebés discapacitados.

No, la sola razón no es suficiente para que el ser humano siga siendo humano. Matar es definitivamente malo sólo si hay un Dios que prohíbe el asesinato. Si no, la injusticia es sólo un tema de opinión. Mao y Séneca aprobaban el asesinato, nosotros lo censuramos. Pero, ¿quiénes somos nosotros para decir que ellos estaban equivocados?

El Dios que nos creó, nos creó para ser buenos. Los ateos pueden creer – y pueden gastar una pequeña fortuna publicando – que podemos “ser buenos sin Dios”. La historia humana nos dice algo completamente diferente.

Este artículo apareció originalmente en el Boston Globe.