1) “Israel siempre fue un país pequeño, el hogar de un pueblo pequeño. Sin embargo, lo que nuestros antepasados lograron allí transformó el horizonte espiritual de la humanidad. Allí fue donde los profetas enseñaron cómo servir al único Dios, de Quien somos hijos; allí fue donde Eliahu dijo la verdad con toda la fuerza, Oshea relató el amor de Dios y Amos habló de Su justicia. Allí fue donde Mijá dijo: ‘¿Qué es lo que te pide Dios fuera de que actúes con justicia y bondad y que camines con humildad junto a Dios?’. Allí fue donde el Rey David entonó cánticos y su hijo, Shlomó, construyó el Templo. Y aunque a menudo muchos no estuvieron al nivel de los elevados ideales de Dios, generación tras generación surgieron hombres y mujeres visionarios que le recordaron al pueblo su destino como un pueblo sagrado en una tierra sagrada. Sus enseñanzas nunca murieron, y tienen la fuerza de seguir inspirándonos”.

2) “Los judíos han vivido prácticamente en todos los países que existen bajo el sol. En cuatro mil años, sólo en Israel fueron un pueblo libre y se gobernaron a sí mismos. Sólo en Israel son capaces, si lo desean, de construir una agricultura, un sistema médico y una infraestructura económica acorde con el espíritu de la Torá y su preocupación por la libertad, la justicia y la santidad de la vida. Sólo en Israel los judíos pueden hablar en el hebreo de la Biblia como el lenguaje cotidiano. Sólo allí pueden vivir el tiempo judío con un calendario estructurado de acuerdo con los ritmos del año judío. Sólo en Israel los judíos pueden vivir el judaísmo de una forma que no sea una publicación editada. En Israel, y sólo allí, los judíos pueden caminar por donde caminaron los profetas, subir las montañas que subió Abraham, elevar sus ojos a los montes que vio David y continuar la historia que comenzaron sus ancestros”.

3) “Israel sigue siendo el foco de las esperanzas judías. Dondequiera que fueron los judíos, construyeron sinagogas, cada una de las cuales era un fragmento simbólico del Templo en Jerusalem. Adondequiera que fueron, rezaron por Jerusalem, en dirección a Jerusalem. Ellos la recordaron y lloraron por ella, como dice el Salmo, en cada momento de alegría. Ellos nunca cedieron a su reclamo por la tierra, y hubo lugares, especialmente al norte, de donde nunca partieron. El pueblo judío era la circunferencia de un círculo cuyo centro era la Tierra Santa y la sagrada ciudad de Jerusalem”.

4) “Aunque Israel tuvo que luchar muchas guerras, desde el comienzo buscó la paz. El idioma hebreo tiene dos palabras para fuerza: koaj y guevurá. Koaj es la fuerza que se necesita para ganar una guerra. Guevurá es el coraje necesario para hacer la paz. Israel ha demostrado poseer ambas clases de fuerza. Pero la paz es el canto de un dúo, no un solo. Una sola parte no puede hacer la paz. Si fuera posible, hace mucho tendríamos paz”.

5) “El hebreo, el lenguaje de la Biblia, renació en todo Israel como una lengua viva. Las comunidades judías bajo amenaza fueron rescatadas, incluyendo aquellos como los judíos de Etiopía que durante siglos tuvieron poco contacto con otros judíos. Los judíos llegaron a Israel de más de un centenar de países, representando todo el léxico de la diversidad cultural. Un terreno desolado volvió a florecer. Jerusalem fue reconstruida. El mundo de la erudición de Torá, devastado por el Holocausto, revivió y el sonido del estudio retumba a lo largo de la tierra. Económica, política, social y culturalmente, los logros de Israel no tienen paralelo en ningún otro país con sus años y con su tamaño. Los Sabios dijeron que al cruzar el Mar Rojo, el judío más simple vio milagros que los más grandes profetas posteriores no estuvieron destinados a ver. Sin duda, ese fue también el privilegio de quienes fueron testigos del renacimiento y la juventud de Israel. El Mashíaj todavía no llegó. Israel todavía no tiene paz. El Templo no fue reconstruido. Nuestra época todavía no es la de la redención. Sin embargo, muchas de las plegarias de hace dos mil años obtuvieron respuesta. Al repasar esta historia singular, nadie puede dudar que la fe marca una diferencia; que la historia de una nación recibe su forma a partir de lo que ella cree”.

6) “¿Cómo pueden vivir con la constante amenaza de violencia y guerra? Eso requiere fe. Israel es el pueblo que siempre se mantuvo por la fe, fe en Dios, en el futuro, en la vida misma. Y a pesar de que Israel es un estado laico, su misma existencia es un testimonio de fe: la fe de un centenar de generaciones respecto a que los judíos retornarían; la fe que condujo a los prisioneros a reconstruir una tierra en contra de lo que parecía imposible de superar; la fe de que después del Holocausto el pueblo judío podía volver a vivir; la fe que al enfrentar la muerte continúa diciendo: escoge la vida”.

7) “De alguna manera, de formas que no logro entender por completo, el pueblo judío fue tocado por una fuerza mayor que nosotros mismos, que condujo a nuestros ancestros y a nuestros contemporáneos, una y otra vez, a desafiar los parámetros normales de la historia. De alguna manera, el cielo y la tierra se encuentran en el corazón judío, elevando a la gente para hacer lo que de otra manera parecería imposible. Descartes dijo: ‘Pienso, luego existo’. El axioma judío es diferente. Ani maamin. Creo, luego existo”.

8) “La travesía aún no ha terminado. Israel todavía no halló la paz. Después de cuatro mil años, a los judíos todavía les resulta difícil vivir su fe sin miedo. Hay sólo un estado judío, un país que representa menos de un cuarto del uno por ciento de la masa de tierra del mundo árabe; el único lugar en la tierra donde los judíos constituyen la mayoría, el único lugar en donde ellos pueden hacer lo que para casi todos los otros pueblos es algo obvio: construir una sociedad acorde con sus valores y poder defenderse a sí mismos. Por cada judío vivo hoy en día hay 100 musulmanes y 183 cristianos. A pesar de eso, todavía tenemos que luchar por nuestro derecho a existir”.

9) “Llegará el día en que la historia de Israel en los tiempos modernos le hable no sólo a los judíos, sino a todos los que crean en la fuerza del espíritu humano cuando se dirige a Dios, como un símbolo eterno de la victoria de la vida sobre la muerte, de la esperanza sobre la desesperación. Israel logró grandes cosas. Tomó una tierra desierta y la hizo volver a florecer. Tomó un lenguaje antiguo, el hebreo de la Biblia, y lo volvió a hablar. Tomó la fe más antigua del Occidente y la rejuveneció. Israel tomó a una nación quebrada, en harapos, y la hizo volver a vivir. Israel es el país cuyo himno nacional, Hatikva, significa esperanza. Israel es el hogar de la esperanza”.