¿Es posible comer carne de cerdo kósher?

Aparentemente no.

La compañía Impossible Foods Inc., cuya carne y salchichas vegetarianas recibieron el sello de kashrut de la Unión Ortodoxa (OU), pavimentando el camino para las falsas hamburguesas con queso kósher, esperaba recibir la aprobación también para su nuevo producto: el cerdo falso. Por el momento, la OU dijo "No".

Como informó el Wall Street Journal, Rav Menajem Genack, director ejecutivo de la OU Kosher, el mayor grupo de kashrut del mundo, dijo que la palabra "cerdo" es demasiado fuerte para digerirla, y que la junta directiva votó en contra de la solicitud de certificación kasher de la empresa para "Impossible Pork".

Algunas personas sienten que la idea de comer cualquier cosa que parezca cerdo, huela como cerdo o tenga sabor similar al cerdo es absolutamente repugnante. Yo no.

Puedo entender la reacción visceral ante la idea de llevar a tu casa tocino falso con el sello de la OU en el paquete, y freírlo con huevos y queso. Algunas personas sienten que la idea de comer cualquier cosa que parezca cerdo, huela como cerdo o tenga sabor similar al cerdo es absolutamente repugnante.

Yo no pienso así.

Yo digo: ¿Por qué no? ¡Adelante!

Y no soy el único. El Talmud (Julín 109b) cuenta la historia de Yalta, la esposa de Rabí Najman, quien tenía antojo del sabor delicioso de la carne cocinada con leche.

Yalta le dijo a Rav Najman: "Todas las cosas que Dios nos ha prohibido tienen un equivalente que está permitido. Se nos prohibió comer sangre, pero se nos permitió comer hígado… se nos prohibió comer cerdo, pero está permitido comer el cerebro del shibuta

"Yo quiero comer carne con leche. ¿Cuál es su equivalente?"

Para satisfacer su pedido, Rav Najman le pidió al carnicero que le preparara ubres asadas.

Rabí Najman no le dijo a Yalta: "¡Eso es repugnante! ¿Qué te entró en la cabeza?". El gran sabio aceptó el antojo de su esposa y encontró una forma viable de satisfacerlo. ¿Acaso queda alguna duda de lo que hubiera hecho si "Impossible Pork" hubiera existido en su época? ¡Una hamburguesa con tocino a la orden!

Disgusto versus deseo

Rav Genack le dijo al Wall Street Journal que la decisión no se basó en la ley judía, sino en la "reacción emocional" ante la idea de comer cerdo y que la decisión puede ser reevaluada (y estoy seguro de que hubo otros factores en su decisión, detalles que yo desconozco).

Supongo que eventualmente la imitación de cerdo será aprobada. Si bien se entiende la reacción instintiva, me pregunto si el enfoque es real.

El Midrash dice:

Rabí Elazar ben Azariá dijo: La persona no debe decir: "Mi alma siente disgusto ante el cerdo…". Más bien debe decir: "Me gustaría, ¿pero qué puedo hacer? Mi Padre en el Cielo me lo prohibió". (Sifra, Kedoshim 4:9-12, citado por Rashi en Levítico 20:26).

No digas: "La pizza con pepperoni es repugnante, tan sólo sentir el olor me provoca nauseas". La actitud debe ser: "Se ve muy rica, pero no puedo probarla porque Dios me prohibió comerla".

Pero si el alimento en cuestión es kósher, si sólo se asemeja a la carne de cerdo, pero en verdad ni siquiera es carne, por cierto no hay ningún problema. Puedes disfrutarlo.

De todos modos, ¿por qué sentir repulsión ante el cerdo, los mariscos y otras comidas prohibidas no se considera un ideal? ¿Acaso la repulsión no muestra una mayor conexión con el mandamiento de comer kósher?

¿No deberíamos aplicar esta misma actitud a todos los mandamientos? "¡Estoy tan furioso con fulano que podría matarlo! ¿Pero qué puedo hacer? Dios prohíbe el asesinato, así que no lo haré". ¿Acaso esta es la postura ideal para observar los mandamientos? ¡Por supuesto que no!

La confusión surge al mezclar dos clases diferentes de mandamientos de la Torá. Una clase se conoce en hebreo como "mishpatim", lo cual puede traducirse como 'leyes'. Estos son los mandamientos a los cuales les vemos sentido: son las leyes que la sociedad implementaría incluso si Dios no las hubiese ordenado. Por ejemplo: no matar, no robar, amar al prójimo.

Cuando se trata de leyes racionales, no es suficiente evitar la acción prohibida; tenemos que imbuir los valores y las sensibilidades subyacentes a esos mandamientos.

La segunda clase se llama "jukim", 'estatutos', cuya base racional está fuera de nuestro entendimiento. Si Dios no nos hubiera ordenado eso, nunca se nos hubiera ocurrido hacerlo. Por ejemplo, no mezclar lana y lino y no cocinar carne con leche.

Nuestra actitud hacia estas dos clases de leyes debe ser diferente.

Cuando se trata de leyes racionales, no es suficiente con evitar el acto prohibido; tenemos que imbuir los valores y las sensibilidades subyacentes a esos mandamientos. Necesitamos desarrollar la sensibilidad inherente para no dañar ni aprovecharnos de otros, y el deseo interno de dar, no porque Dios nos dijo que lo hagamos, sino por una convicción y un entendimiento interno de que eso es lo correcto y lo que debemos hacer. Lo que importa no es sólo el acto, sino que es fundamental inculcar el valor subyacente.

Pero cuando se trata de leyes que están por encima de lo racional, como no comer cerdo, la actitud es la opuesta: debes hacerlo porque Dios te dijo hacerlo, no porque sientes que inherentemente sea algo repulsivo. ¿Por qué es más adecuado este enfoque?

Amor y devoción

¿Cuál postura manifiesta más amor y devoción?

Escenario uno: Tu esposa te pide que hagas algo que se entiende por completo: buscar la ropa en la tintorería, sacar la basura o ir a la farmacia, y tú lo haces con gusto.

O escenario dos: Tu esposa te pide que hagas algo que para ti no tiene ningún sentido: comprar globos de helio para un extraño, llamar a cierto número de teléfono a las 4pm y luego cortar, comer tres cerezas y después beber un poco de soda. Y tú lo haces sólo porque tu esposa te lo pidió y dijo que era sumamente importante.

Cuando haces algo sólo porque te lo pidió una persona a quien amas, sin entender las razones, demuestras una devoción y lealtad total hacia la relación.

Cuando haces algo sólo porque te lo pidió la persona a quien amas, sin entender la razón del acto, demuestras una devoción, compromiso y lealtad absoluta hacia la relación. No es algo que normalmente haría; lo hago sólo porque tú quieres que lo haga, y yo te amo y te respeto.

Yo quiero comer huevos con tocino y no entiendo por qué no puedo comerlo. Pero no lo haré, porque Tú me dijiste no hacerlo. No tiene nada que ver con mi disgusto personal. Sólo lo hago porque te amo. Por eso los estatutos irracionales se observan mejor sin la repulsión interna. Lo haces porque deseas demostrar tu compromiso y la importancia que tiene para tí tu relación con Dios.

Por lo tanto, si "Impossible Pork" recibe su sello de aprobación, yo estoy dispuesto a probarlo.