El Dr. James Fallon, un psiquiatra forense, es uno de los expertos mundiales en la lectura de tomografías cerebrales. El desarrollo de la neurociencia llevó a que tengamos la capacidad de identificar diversas partes del cerebro que son responsables de emociones, comportamientos y elecciones específicas. El entendimiento que Fallon tiene de la anatomía cerebral le permite utilizar imágenes tomográficas para diagnosticar disfunciones cerebrales en trastornos tales como esquizofrenia, psicopatías e incluso depresión. Fallon viajó mucho para dar testimonio en beneficio de asesinos seriales antes de que reciban su sentencia, para explicar que sus actos no son realmente el resultado de su elección sino que sus cerebros están conformados de tal manera que los lleva a matar.

Al analizar la pila de tomografías de su familia, vio algo sorprendente: el escáner revelaba que ese cerebro era similar al de un psicópata.

En el año 2005, Fallon decidió estudiar la enfermedad de Alzheimer, y comenzó a analizar las tomografías que pertenecían a su propia familia. Una tarde estaba estudiando una pila de escáneres cerebrales de su familia cuando vio algo sumamente sorprendente. La tomografía revelaba que ese cerebro era similar al de un psicópata. Allí se veía muy poca actividad en los lóbulos frontal y temporal, los que se relacionan con la empatía, la moralidad y el autocontrol.

Fallon se sintió incómodo al ver ese escáner entre los miembros de su familia, así que decidió revisar su equipo de tomografía computada buscando un error, pero descubrió que funcionaba perfectamente. Entonces acusó a su asistente de la investigación de haber mezclado la pila de tomografías que había sobre su escritorio.

El asistente insistió que no había ningún error y que esa tomografía de hecho pertenecía a un miembro de la familia de Fallon. Fallon se sintió alarmado y espantado. Sintió que necesitaba desenmascarar la identidad del dueño de esa tomografía cuyo cerebro presentaba semejantes señales. Al fin de cuentas, ese individuo tenía una predisposición hacia la maldad. ¿Qué ocurriría si esa persona llegaba a dañar o incluso a asesinar a una víctima inocente? Debían detenerla antes de que llegara a actuar. Fallon buscó el código y lo que descubrió al cotejarlo con los nombres de los participantes del estudio fue sumamente inquietante.

El cerebro psicopático descrito en la tomografía pertenecía ni más ni menos que a él mismo. El hombre que había dedicado su vida y su carrera a demostrar que los psicópatas tenían el cerebro configurado de esa forma y no podían ser considerados responsables por su comportamiento, descubrió que de hecho él tenía la misma configuración cerebral y a pesar de eso no era un psicópata.

La mayoría de las personas sin dudarlo hubieran ocultado ese descubrimiento. Pero quizás porque las conexiones cerebrales de los psicópatas los llevan a carecer de inhibiciones, Fallon fue en la dirección opuesta. Él publicó un libro llamado El psicópata interior, en donde trata de explicar cómo un hombre felizmente casado y un científico reconocido como él, pueden tener los mismos rasgos tomográficos que un asesino en serie.

En un primer momento pensó que tal vez su hipótesis era errónea y que no se puede decir a partir de un escáner cerebral cómo la gente está predispuesta a comportarse. Por eso decidió someterse a una serie de estudios genéticos, pero las cosas fueron de mal en peor.

Los estudios revelaron que Fallon tiene una variante del gen MAO-A conectado con la agresión, la violencia y la baja empatía. Él siguió adelante con más pruebas neurológicas y tests de comportamiento, todos los cuales confirmaron que de hecho es un psicópata certificado.

Cuando reflexionó sobre su vida comenzó a entender que en verdad tenía ciertos comportamientos psicopáticos. Él es desagradablemente competitivo, ni siquiera deja ganar a sus nietos en un juego de mesa. Puede ser verbalmente agresivo, ofensivo y duro sin siquiera darse cuenta. Sin embargo, pese a toda esta predisposición y a tener las tendencias de un psicópata, nunca mató, violó ni fue violento.

No podía desprenderse de la pregunta “¿por qué?”. ¿Por qué él había sido capaz de controlar su comportamiento mientras que otros con las mismas tendencias genéticas y características cerebrales terminaron en prisión? Fallon dio varias respuestas. En primer lugar, él sugiere que de niño fue muy amado y nutrido y eso contribuyó enormemente a darle forma a su personalidad. Su madre sufrió una serie de abortos espontáneos antes de que él naciera, y le brindó muchísima atención durante sus primeros años. Él cree que eso jugó un rol fundamental.

Su segunda respuesta refleja una importante lección del Talmud:

"En el momento de la concepción un ángel encargado del embarazo lleva la semilla del embarazo ante Dios, Quien decreta la fuerza física, sabiduría y estatus socioeconómico, la habilidad artística y atlética, la creatividad, y el perfil psicológico que tendrá la futura persona".

Esta observación del Talmud resuena profundamente en muchos. Después de años de resistencia, innumerables intentos por cambiar y ajustar diferentes aspectos de nuestras vidas o personalidades, muchos nos sentimos impotentes, desesperanzados. Nos sentimos indefectiblemente conectados con cierto comportamiento. Algunos tenemos la predisposición a ser holgazanes, otros se enojan rápido, y a otros les falta autodisciplina. Algunos tenemos poco tacto, otros somos emocionalmente muy cerrados; algunos tienden a tener bajo rendimiento y otros son implacablemente ambiciosos.

El Talmud sólo confirma lo que ya sospechábamos durante toda nuestra vida. Esa semilla, presentada ante Dios antes de que llegáramos al mundo, fue pre-programada y condicionada de cierta manera que determinaría nuestra vida y nos hace sentir impotentes de cambiar de una forma duradera. ¿Quizás debemos dejar de luchar contra quienes estamos predeterminados a ser y simplemente aceptar lo que somos con todas nuestras deficiencias, defectos y fallas?

Tal vez sería así, si el Talmud se hubiera detenido allí. Pero sigue diciendo:

"El ángel no pregunta si va a ser recto o malvado, si va a ser bueno o malo. Esto de acuerdo con la declaración de Rabí Janina, quien dice que todo está en manos de Dios, excepto el temor a Dios, la espiritualidad y la rectitud de la persona".

Sí, a través de la genética y del ambiente Dios ha pre-programado gran parte de nuestra salud, nuestra inteligencia, nuestras capacidades, nuestra apariencia. Sin embargo, el ángel no pregunta sobre lo que tal vez sea el componente más importante para el futuro de esa nueva persona, si va a ser 'malvado' o 'recto', porque eso depende completamente del individuo.

El Dr. Fallon resume esta capacidad de superar su predisposición y su tendencia genética en dos palabras: libre albedrío. Él creía que las personas eran en un 80 por ciento el resultado de su genética y en un 20 por ciento de su ambiente; pero ahora eso cambió. “A partir de este hallazgo y de estudiar el tema, me he esforzado por tratar de cambiar mi comportamiento”.

El Rambam dice que todos tenemos cualidades personales innatas y predisposiciones significativas. Por ejemplo, algunas perspmas por naturaleza son crueles y otras son misericordiosas, algunos por naturaleza son arrogantes y otros humildes. Sin embargo, el Rambam enfatiza que la naturaleza de la persona no la lleva a ser justa o malvada, bondadosa o cruel, inteligente o tonta, generosa o tacaña:

"No pienses como los tontos de las naciones del mundo y como la mayoría de los ignorantes de Israel que dicen que Dios decreta cuando la persona nace si será justa o malvada. No es así. Cada persona es capaz de llegar a ser tan justa como nuestro maestro Moshé o tan malvada como Ierovoam…” (Leyes de Teshuvá, 5:2).

Entonces, ¿nuestra vida está predeterminada o tenemos libre albedrío?

En una entrevista sobre su libro, Fallon dijo lo siguiente: “Después de toda esta investigación, comencé a pensar sobre esta experiencia como una oportunidad de hacer algo bueno por haber sido un imbécil durante toda mi vida. En vez de tratar de cambiar de forma fundamental, porque es muy difícil cambiar algo, quiero usar lo que puede ser considerado como defectos (tal como el narcisismo) como una ventaja, para hacer algo bueno”.

Nuestra genética nos entrega un grupo de naipes. De nosotros depende cómo los jugamos.

El Rambam no se contradice a sí mismo. Creo que la respuesta es que sin ninguna duda nacemos con predisposiciones y predilecciones. La genética ocupa un lugar importantísimo en dar forma a quiénes somos y cómo se desarrollará nuestra vida. Sin embargo, nuestra genética sólo provee las fronteras de nuestras limitaciones. Ella da el parámetro de nuestro intelecto, nuestro cuerpo e incluso en cierto grado de nuestras almas. Nuestra genética nos entrega un grupo de naipes. De nosotros depende cómo los jugamos y ese es el factor más importante para determinar nuestro futuro.

Ninguno de nuestros atributos o cualidades es inherentemente malo, sino que más bien todos son neutros. De nosotros depende dotarlos con un valor basado en la forma en que los usamos. Nuestras cualidades de carácter en gran medida están predeterminadas, pero cómo las controlamos, hacia qué las dedicamos, cómo las utilizamos y con qué fin depende por completo de nosotros y de nuestro libre albedrío.

Al analizar las diversas barreras y obstáculos para la teshuvá, Rabenu Iona sugiere que tal vez la mayor barrera es la falta de optimismo, el hecho de no creer en nuestra capacidad para cambiar.

Sí, tenemos predisposiciones y predilecciones, pero ellas no son las que nos definen. Podemos hacer con ellas lo que deseemos.

Al comenzar un nuevo año tenemos que comprender que si lo deseamos tenemos la posibilidad de cambiar. Sí, tenemos predisposiciones y predilecciones, pero ellas no son las que nos definen. Podemos hacer con ellas lo que deseemos. Podemos superar la negatividad de lo que consideramos como nuestros defectos y canalizar esas mismas cualidades hacia resultados positivos. Sin embargo, todo comienza con creer en nuestra capacidad de hacerlo.

Fallon explica cómo fue capaz de cambiar su vida y marcar una enorme diferencia para su familia y sus amigos. “Cada vez que empezaba a hacer algo, tenía que pensarlo, analizarlo y recién entonces seguir adelante. No. No actúes con egoísmo ni en tu propio beneficio. Paso a paso, eso es lo que estuve haciendo hace un año y medio y todos están muy contentos”.

Paso a paso, de a poco, así es como Fallon describe sus cambios positivos y es exactamente la forma en que tenemos que efectuar nuestros propios cambios. Dar el primer paso y luego seguir lentamente, paso a paso.

Nadie está condenado por su composición genética. Esto tiene una importancia crítica para nosotros mismos, para nuestras relaciones y para la manera en que somos padres de nuestros hijos. Podemos canalizar aquello que somos y lo que tenemos programado para hacer el bien, para ser buenos, para sentirnos bien y para recibir cosas buenas.

Podemos ser el catalizador del cambio. Actúa como la persona que deseas ser y te convertirás en esa persona. Recibamos al nuevo año con el comienzo de una nueva actitud, pasando de la impotencia y la desesperanza a la fortaleza y la determinación.