¿Por qué es tan difícil escribir sobre Dios? Uno pensaría que, dado que el monoteísmo es el pilar del judaísmo, este tema sería algo muy simple de abordar. Pero la verdad es que es un real desafío hablar sobre un Ser Infinito abstracto de una manera que resuene para los judíos de todos los orígenes. Dios no es un tema que está de moda. El hecho de que estemos atrapados en un mundo finito significa que no podemos entender completamente la naturaleza de lo infinito, por lo que la conversación puede llegar a ser frustrante.

De todos modos, voy a intentar hacerlo. A fin de cuentas, el monoteísmo fue el revolucionario descubrimiento que Abraham brindó al mundo y que abrió el camino para la relación y el pacto entre Dios y sus descendientes.

Saber que Dios existe es el primero de los Diez Mandamientos. Como escribe Maimónides en el primer capítulo de Mishné Torá, su codificación de la ley judía, "La base de todas las bases y el pilar de toda la sabiduría es saber que hay un Ser Primigenio que dio existencia a todo lo existente. Todos los seres de los cielos, la tierra y lo que hay entre ellos cobró existencia sólo por la verdad de Su ser… El conocimiento de este concepto es un mandamiento positivo, (como queda implicado en Éxodo 20:2): "Yo soy Hashem, tu Dios, Quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre…"

¿Qué diferencia real marca Dios en mi vida?

¿Cuál es el significado de la existencia de Dios? ¿Qué diferencia real marca Dios en mi vida?

Una respuesta abarcadora de esta pregunta precisaría todo un libro. Este artículo va a presentar una consecuencia, y esta es la que me obligó a dejar mi educación no religiosa en Toronto e irme a Israel a explorar el tema de la existencia de Dios.
Todo el mundo necesita significado en la vida. El significado es lo que nos permite levantarnos de la cama y enfrentar los desafíos del día a día. Como dijo de forma sucinta Nietzsche: "Quien tiene un por qué para vivir puede soportar prácticamente cualquier cómo".

Esta fue una de las principales conclusiones a las que llegó Viktor Frankl, el autor de El hombre en busca de sentido, y fundador de la logoterapia. Como prisionero en un campo de concentración nazi, Viktor Frankl fue testigo de que aquellos que sobrevivieron se apegaron a alguna clase de propósito para seguir viviendo. Ya fuera que se tratara de dar testimonio de lo que ocurrió, para publicar un manuscrito o para reunirse con su familia, su búsqueda de significado fue lo que les permitió sobrevivir. Quienes perdieron las esperanzas y el significado tenían más probabilidades de sucumbir.

Si la vida no tiene significado, hay una cantidad limitada de fiestas, distracciones y escapes que una persona puede utilizar para adormecer el dolor y el sufrimiento existencial antes de decidir que simplemente no vale la pena tomarse la molestia de hacerlo y opte por no participar en absoluto. A fin de cuentas, si la vida no tiene en absoluto un significado, ¿qué diferencia hay entre estar vivo o muerto?

Pero, ¿tiene sentido la vida? ¿Cómo se satisface esta necesidad primordial?

Esta es una pregunta que todo ser humano, crea o no en Dios, debe enfrentar. La necesidad de propósito es tan grande que demanda ser acallada, ya sea a través de algo que genuinamente la sacie o a través del escape y el aturdimiento.  
Si no hay Dios, ¿qué crea el significado?

De acuerdo con esta perspectiva, la vida es un accidente del azar. No hay ningún propósito para la existencia. La formación de la vida a partir de átomos y electrones que se precipitaron por el espacio durante milenios no tuvo ningún diseño y ninguna intención.

Entonces, ¿qué calma la necesidad del hombre de encontrar significado? En pocas palabras, el pensamiento existencialista dice que nosotros creamos nuestro significado. Como dijo Jean Paul Sartre: "Por lo tanto, no hay una naturaleza humana, porque no hay un Dios para tener una concepción de ella. El hombre simplemente es… El hombre no es más que aquello que hace de sí mismo. Este es el primer principio del existencialismo".
Nosotros creamos nuestro significado.

Encontrar significado en algo que no existe objetivamente no lo vuelve significativo. Esto se llama espejismo o engaño.

Pero hay un problema fundamental con esta solución. Encontrar significado en algo que no existe objetivamente no lo vuelve significativo. Esto se llama espejismo o engaño.

Por ejemplo, alguien llama a su madre y oye que ella suena diferente, más apasionada y viva.

—Mami, hoy te oyes diferente.

—¡Ay, cariño! ¡Hoy me desperté y soy Angelina Jolie! ¡Soy rica, famosa y hermosa! ¡La vida nunca fue tan buena!

Si esto llegara a ocurrirte, ¿cómo responderías? ¿Te alegraría que tu madre nunca haya estado más feliz, o sus delirios y alucinaciones serían un golpe devastador?
El delirio, el hecho de creer en un significado que no existe, funciona como un escape, ayuda a eludir el enigma existencialista del suicidio, pero no confundas eso con el significado real. La cruda realidad en un mundo donde no hay Dios es que toda la vida es un accidente sin sentido.

La existencia de Dios resuelve el tema del significado. La vida fue creada con un diseño, con propósito e intención. El significado no es una fantasía; es real.

Una profunda consecuencia de la existencia de Dios es que el significado y el propósito que buscamos en la vida son, de hecho, reales.

Lo único que sabía cuando era un jovencito buscando significado, antes de volverme un judío observante, era que los momentos de significado que había experimentado y anhelaba con todo mi ser, no eran delirios. Por el contrario: esos eran los momentos en los que me sentí más conectado con lo que de verdad era real.

Creo que la mayoría de las personas intuyen esto. ¿Acaso piensas que el significado que encuentras en tu matrimonio, al ser padre, en tu trabajo y en los actos de bondad son meras ilusiones que usamos para engañarnos a nosotros mismos, o que es algo más profundo y real?

Una profunda consecuencia de la existencia de Dios es que el significado y el propósito que buscamos en la vida son, de hecho, reales. No tenemos que acudir a falsos sustitutos para esperar que pase nuestro tiempo antes de desaparecer en el olvido. El significado es real y tenemos un tiempo limitado en este mundo para alcanzarlo.