Mi padre falleció hace poco más de un año. Afortunadamente, el judaísmo provee muchas herramientas para ayudar a una persona de duelo a sobrellevar el dolor y aceptar la pérdida. Una de estas herramientas es el rezo de Kadish. La tradición judía dice que el Kadish es tan poderoso que todo el mundo se mantiene gracias a él. El Kadish está escrito en arameo antiguo y se recita diariamente durante los servicios. Por la pérdida de un padre, el Kadish de duelo se recita diariamente durante 11 meses. Una vez que terminé de decir Kadish por mi padre, me pregunté que diría él acerca de esta experiencia y de cómo nos había afectado a ambos. Esto es lo que yo creo que él diría si nos estuviera hablando directamente desde el cielo…

* * *

Como muchos padres e hijos, mi relación con mi hijo Ari fue desafiante en algunos momentos. Algunas veces le decía a Ari algo serio, y no estaba seguro de si él me estaba escuchando o no. Así que después de mi fallecimiento no sabía si es que él recitaría Kadish por mí.

Le había pedido a Ari varias veces antes de morir que lo hiciera. Cuando él tenía 12 años y lo estaba llevando a sus clases de bar mitzvá le dije que quería que él dijera Kadish por mi cada día. Le conté como yo lo dije por mis padres, y que quería que él lo dijera por mí. Le dije que incluso si es que alguien le ofreciera decirlo por él, que debía decirlo él. ¡Pero Ari solamente se rió!

Cuando Ari tenía 19 años vivía fuera de la casa e iba a la universidad. Yo me estaba haciendo viejo y comencé a preguntarme nuevamente si él diría Kadish por mí cuando yo falleciera. Así que le escribí una carta diciéndole como había hecho todos los arreglos relacionados con mi fallecimiento, y que lo único que quería que él hiciera era decir Kadish. Nuevamente, no estaba seguro de si lo llevaría a cabo.

Unos 14 años después, el 17 de mayo de 2003 (15 de Iyar, 5763), dejé el mundo físico.

La pregunta se mantenía: ¿Diría mi hijo Kadish por mí?

Kadish es una afirmación de vida. Yo sabía que ayudaría a mi hijo.

Mientras me elevaba fuera de este mundo, podía ver a mi familia en el mundo físico. Podía ver el dolor por el que estaban pasando a medida que mi pérdida comenzaba a asentarse. Mi hijo Ari estaba particularmente consternado. Recé para que él llevara a cabo el decir Kadish por mí, como yo había hecho por mis padres. Sabía que lo ayudaría. El Kadish es una afirmación de vida, declarando que incluso si hemos sufrido una pérdida, Dios sabe mejor que nosotros y depositamos nuestra confianza en él. Aquí arriba veo claramente que Dios tiene un plan supremo para el mundo. Y es un merito para los fallecidos ser la causa, por así decir, de que esta alabanza a Dios sea expresada públicamente.

Entonces, mientras mi cuerpo era puesto a descansar, con mi familia y amigos reunidos en el cementerio, escuché algo. Sonaba distante y quebrado, y no podía distinguir del todo las palabras porque las lágrimas impedían que las palabras se entendieran claramente. Pero sonaba como que mi hijo estaba diciendo algo especial. Entonces escuché:

Itgadal V’Itkadash…

¡El Kadish! De pronto me sentí mucho mejor. Aquí arriba todos conocen la historia de como Rabi Akiva se encontró una vez con un hombre que era negro como el carbón y que cargaba una pesada carga. El hombre le explicó a Rabi Akiva que él era un hombre muerto y que necesitaba méritos – pero ellos solamente podían acumularse en la tierra. Rabi Akiva le preguntó como podía ayudarlo, y el hombre le respondió que si lograba que su hijo dijera Kadish en la tierra (entre otras cuantas cosas) él ganaría esos meritos. Así que Rabi Akiva encontró al hijo, le enseñó como decir Kadish, y el hombre muerto ganó los meritos que necesitaba.

Así que pueden imaginarse mi alivio cuando, temprano a la mañana siguiente, escuché las mismas palabras nuevamente…

Itgadal V’Itkadash…

Mi hijo estaba diciendo Kadish y a pesar de que su voz se quebró en varias oportunidades, eso no importó. Él estaba diciendo Kadish. Sin embargo, por más complacido y entusiasmado que yo estaba, aún me preguntaba si él continuaría por los siguientes 11 meses. Yo sabía que si lo hacía sería bueno no solamente para mí, sino también para él. Ya que el Kadish causa una elevación espiritual de mi alma, mientras el dolor de la pérdida de Ari continúa, este conocimiento es un consuelo para él.

Durante lo que quedaba de la semana, mientras estaba cumpliendo con la shivá, mi hijo continuó diciendo Kadish – mañana, tarde y noche. Cada vez que decía el rezo, ambos nos sentíamos mejor.

La semana estaba casi terminando cuando escuché las palabras nuevamente, sólo que esta vez había algo diferente… había algo especial.

Itgadal V’Itkadash…

Esta vez las palabras tenían poder extra. Me preguntaba porqué, y entonces me di cuenta, ¡era Shabat! A pesar de que era reconfortante escuchar a Ari decir el Kadish durante toda la semana, escucharlo en Shabat era un impulso extra. Y aún más grandioso era que mi hijo estaba cuidando Shabat por primera vez. Él no condujo un vehiculo o habló por teléfono o encendió luces. Él asistió a los servicios y le rezó a Dios. Yo sabía que si mantenía esto, él disfrutaría el volver a estar conectado como judío y su vida mejoraría.

Itgadal V’Itkadash…

Ari regresó a Los Ángeles, y ya pude ver el impacto de este poderoso rezo. Él estaba cambiando y creciendo. Estaba sintiéndose orgulloso de ser judío y comenzó a usar una kipá todos los días. Y estaba cuidando Shabat.

Itgadal V’Itkadash…

Él se unió a un minian por las mañanas y comenzó a ponerse tefilin.

Itgadal V’Itkadash…

Él compró mezuzot para su casa, y un par de tzitzit.

Resulta ser que el Kadish fue solamente una de las formas – junto con aceptar más participación y compromiso judío – en que Ari estaba marcando una diferencia para mí, para la eternidad.

Itgadal V’Itkadash…

Él comenzó a comer casher y a asistir a clases de Torá.

Itgadal V’Itkadash…

Luego comenzó a leer la parashá semanal y libros sobre filosofía judía. Y comenzó a leer los rezos en hebreo.

Itgadal V’Itkadash…

Mientras más decía Ari el Kadish, más crecía. Decir Kadish fue afirmar una nueva conciencia de Dios que había nacido de la relación entre Ari y yo, ya que en mi memoria él estaba diciendo Kadish.

Itgadal V’Itkadash…

A medida que pasaba el tiempo, cada vez que él decía las palabras yo podía sentir que él mismo estaba sanando, y yo también me estaba elevando. Mientras mi hijo honraba mi deseo de que dijera Kadish, él estaba acercándose a Dios y a la Torá. No pensé que las cosas pudieran ser mejores. Pero entonces…

Itgadal V’Itkadash…

¡Mi hijo hizo un viaje a Israel!

Que impulso extra. Cuando él estaba en Israel dijo Kadish en el Muro de los Lamentos y en Masada y por toda la tierra. Fue asombroso. La intensidad de esos rezos que él dijo mientras estaba en Israel sobrepasan las palabras. Fue como si todos los días fuera Shabat, menos Shabat mismo por supuesto, ¡cuando era como Shabat 100 veces!

Itgadal V’Itkadash…

Tenía que presumir un poco, para mostrarle a todos los parientes cuanto había cambiado y crecido Ari.

Estaba tan orgulloso de que mi hijo estuviera en Israel que reuní a todos mis parientes de ambos lados de la familia, incluyendo a los abuelos y bisabuelos de Ari que están aquí conmigo. Después de todo, tenía que presumir un poco, para mostrarles a ellos cuanto había cambiado y crecido mi hijo.

Itgadal V’Itkadash…

Cuando llegó el 31 de diciembre, la noche de Año Nuevo, mientras el resto del mundo estaba festejando y celebrando, mi hijo se sumergió en la mikve del santo cabalista el Arizal en Tzfat. Y cuando salió, condujo el servicio de Maariv. No solamente no me hubiera imaginado que él diría Kadish todos los días, pero conducir el servicio – ¡en Israel, y en un lugar tan santo! Y pensar que hace solamente ocho meses atrás mi hijo ni siquiera sabía lo que era un servicio de Maariv, y ahora estar conduciéndolo en Israel. Esa fue la mejor cosa que pude haber experimentado.

Itgadal V’Itkadash…

Cuando Ari regresó a Los Ángeles, restando solamente tres meses para terminar el periodo de 11 meses, él continuó diciendo Kadish cada día. Y mientras se preparaba para Pesaj, limpiando su apartamento y asistiendo a clases, me di cuenta de que comenzó a practicar la conducción del servicio de Minjá. Sabía que algo especial iba a ocurrir con la llegada de Pesaj.

Itgadal V’Itkadash…

Esa práctica dio frutos y él condujo el servicio de Minjá en la víspera de Pesaj. Fue tan poderoso, y yo estaba tan orgulloso. Me sentí más elevado que nunca. ¿Qué iba a hacer él ahora? ¿Podíamos él y yo llegar más alto? Esperé ansiosamente el siguiente Kadish. Me imaginé que ahora que llegó Pesaj sería extra especial. Mientras escuchaba el final del rezo “Aleinu”, esperaba ansiosamente escuchar su Kadish.

En vez de eso hubo silencio. Ari no dijo nada.

Entonces me di cuenta. Los 11 meses habían terminado. El servicio de Minjá fue su última vez. Ya no lo escucharía más decir Kadish diariamente. Ari había completado la tarea por la cual yo había rezado y él logró mucho más de lo que yo nunca imaginé. Yo estaba extasiado. ¡Mi hijo se había convertido en un mench!

Y entonces en mi alegría de pronto me vi envuelto en tristeza. Porque en ese silencio en que mi hijo ya no decía Kadish, sentí sus pensamientos. Él se estaba preguntando que haría ahora que el periodo de 11 meses de Kadish había terminado. Durante 11 meses el tuvo un objetivo que cumplir, y ahora eso había terminado. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué camino de vida tomaría?

Y entonces me acordé. Poco tiempo antes de mi fallecimiento le envié a Ari un Email con la respuesta que necesitaba. Recé para que lo encontrara.

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Si encontré el Email. Eran sólo unas cuantas palabras que mi papá escribió unos dos meses antes de su fallecimiento. Pero como la mayoría de sus consejos, era precisamente lo que necesitaba escuchar y contenía la respuesta que estaba buscando. Es un consejo que pienso que todos podemos seguir. Él escribió: “¡Cree en Dios y disfruta tu vida!”.

En memoria de mi padre, J. Jerry Zeltzer.