Alrededor de las 10 de la noche recibimos la llamada telefónica que todo padre teme. Supe que era algo malo cuando vi las rodillas de mi esposa torcerse y su mano se aferró a la pared buscando apoyo. Ella me entregó el teléfono.

“Creemos que su hijo puede haber estado involucrado en un accidente de tránsito. No podemos dar ningún detalle antes de que lo identifiquen como su hijo. Ambos debieran venir al hospital inmediatamente en donde una asistente social se reunirá con ustedes. La situación es muy seria”.

Mientras hacíamos el increíblemente largo viaje al hospital, mi esposa y yo estábamos tomados de la mano y llorando. Le advertí que se preparara para lo peor. Yo estaba bastante convencido de que nuestro hijo de 21 años, Yaakov, estaba muerto.

No puedo imaginarme otro escenario en el que escuchar que mi hijo estaba siendo sometido a cirugía cerebral de urgencia sería un alivio, pero en este caso lo fue. Estábamos devastados, pero había esperanza.

Por dos horas más ellos se negaron a decirnos nada hasta que nuestro hijo Salió de la primera de sus dos operaciones de cráneo en esa interminable noche. Ellos finalmente nos dijeron que Yaakov había sido atropellado por un automóvil en una transitada avenida mientras patinaba. Sufrió un daño severo en la cabeza tanto como huesos quebrados. Estaban trabajando en aliviar la presión causada por la hemorragia y la hinchazón en su cerebro.

Yaakov estaba completando su servicio militar. Había servido como soldado de combate en Nájal Jaredí, una unidad ortodoxa en el ejército israelí. Cuando está en casa, disfruta de dar largos paseos en bicicleta o en patines alrededor de Jerusalem, descubriendo cada rincón y recoveco de la hermosa ciudad. Él es muy hábil para patinar y es un ávido atleta.

Hicimos las preguntas usuales: “¿Cuán grave es? ¿Vivirá? ¿Si sobrevive, habrá daño permanente? ¿Volverá a caminar o hablar nuevamente? ¿Tendrá la misma personalidad?”.

La respuesta a todas estas preguntas fue la misma: No sabemos. Y no sabremos por un largo tiempo.

Nos sentimos como si el automóvil nos hubiera chocado a nosotros.

La única cosa que sí sabían es que los tres primeros días eran cruciales para su supervivencia. En esas primeras 72 horas el cerebro continúa hinchándose en reacción al trauma, poniendo presión adicional en el cerebro la cual puede llevar a daño irreversible.

Aún no sabemos cual será el resultado si es que Yaakov sale de todo esto

Desde entonces, mi esposa casi no ha dejado de estar a su lado. Él está en la UCI en un coma inducido para mantener baja la presión de su cerebro, con cientos de tubos entrando y saliendo de casi todas las partes de su cuerpo.

Agradecemos a Dios que él ahora ha pasado el punto crítico de peligro y la presión ha comenzado lentamente a disminuir. Pero nuestros ojos aún recorren una pista circular, pasando del libro de Salmos o Torá que le leemos, a su angelical y tranquila cara (ahora con una creciente barba), a los amenazantes monitores que cambian constantemente sus atemorizantes números.

Aún no sabemos cual será el resultado si es que Yaakov sale de todo esto. Hemos aprendido que el cerebro es muy desconocido y que los expertos no tienen forma de calcular el daño o de reparar. El cuerpo (léase: Dios) hace el trabajo. Los doctores simplemente crean el ambiente para permitirle al cuerpo repararse a sí mismo. Hasta que el cuerpo comienza a hacer algo como hablar, nadie puede adivinar si lo hará. Todo lo que pueden decirnos con certeza es que tomará un largo período de paciencia y terapia.

Nunca había conocido un dolor como este en mi vida. Ni siquiera sabía que este calibre de dolor existía. Había leído sobre él, pero estaba en el ámbito de la imaginación, a donde pertenecía. No tenía ningún espacio en mi “mundo seguro”.

El shock es gran parte de ello. De un día para otro pasé de ser un hombre de familia “normal” con una ocupada vida profesional a un “padre de un niño luchando por su vida en la UCI con posible daño cerebral permanente”. Pasamos demasiado rápidamente de ser padres aterrorizados por la fiebre alta de un niño, a padres bailando de alegría cuando nuestro hijo mueve su mano diez centímetros, lo cual gracias a Dios ocurrió ayer por primera vez.

Toma tiempo.

La angustia, miedo, terror, tristeza, culpa, rabia, me inundaron en colosales y confusas olas. La insensibilidad hace una compasiva visita periódica, una respuesta automática de defensa para prevenir el, al parecer inevitable, aplastamiento de mi frágil ser. No tenía defensa contra el ataque. La mente luchaba por organizar los sentimientos y por encontrarle sentido a la furiosa ofensiva que se estaba desplegando dentro de mí, pero era en vano, como un policía de tránsito sosteniendo su patética y pequeña mano mientras un camión de 10 toneladas choca contra él.

Unión de Esfuerzos

La mayor sorpresa que hemos tenido ha sido el inimaginable flujo de amor y apoyo – y de cuanta diferencia hace. Alrededor del mundo las personas están rezando y haciendo mitzvot y buenas acciones, suplicándole a Dios que Yaakov ben Esther tenga una rápida y completa recuperación. Miles de emails, millones de rezos, grupos reuniéndose para completar el Libro de Salmos, clases de Torá, publicaciones han sido dedicadas a su mérito. Fue como si una maquina masiva se hubiera formado en unas cuantas horas, movilizando a miles de partes distintas en un esfuerzo internacional integrado para revolucionar los cielos por la recuperación de Yaakov, y para fortalecernos en nuestra desesperación.

La mayor sorpresa que hemos tenido ha sido el inimaginable flujo de amor y apoyo – y de cuanta diferencia hace.

Personas en Miami, Nueva York, Costa Rica, Suiza, México, Jerusalem y Tel-Aviv, Australia y Toronto. Un autobús lleno de viudas rezó por él en las tumbas de los justos en Israel. Personas de las que perdí la pista hace literalmente 20 años volvieron a conectarse para expresar su solidaridad. Religiosos y seculares se han reunido en un rezo unificado, escalando tangiblemente (según yo) a los cielos. Amigos llegaron para hacerse cargo de nuestra ocupada casa: transporte a la escuela, niñeras, comida, compras, lavar ropa, limpieza, incluso cosas que yo nunca llego a hacer. Ha sido un torbellino increíble.

Con todos reuniéndose para ayudar, hemos visto que el pueblo judío es realmente una unidad. Ese fue el prerrequisito para recibir la Torá en el Monte Sinaí. Porque la unidad es lo que permite que ocurran los milagros.

Durante la primera terrorífica noche, a las 3:00 de la madrugada apareció un amigo, quien de alguna manera nos encontró en las entrañas del hospital cerca de las salas quirúrgicas. Su familia había sobrevivido un gran accidente automovilístico el cual incluyó muchos traumas cerebrales, y él vino a asegurarnos de que aún había esperanza.

No Culpes, No te Quejes

¿Qué puedes hacer para ayudar?

Es un gran mérito para una persona enferma cuando otros se inspiran por él para mejorar sus propias vidas.

Dos de las excelentes características de Yaakov son dignas de emular por todos nosotros, y al hacer eso, él se beneficiará también, si Dios quiere.

Primero, sin importar lo que ocurra en la vida, él nunca se queja. Para alguien de su edad, él ha tenido una vida relativamente dura. Nunca lo escuchamos rezongar o quejarse; él acepta estoicamente sus desafíos y sigue adelante. Sus compañeros de ejército dijeron que incluso durante las tareas más difíciles (caminatas de 60 kilómetros por montañas cargando grandes mochilas y pesados rifles), cuando todos los demás estaban alcanzando su límite de quejas, él nunca se unía al grupo.

Después de recibir la Torá en el Monte Sinaí, el pueblo judío (desafortunadamente) se quejó un poco mientras deambulaban por el desierto. A primera vista ellos se veían como verdaderos llorones. Pero cuando lo piensas, ellos estaban viajando en un desierto caluroso y seco, enfrentándose a grandes problemas, como por ejemplo ¡no tener agua y comida! ¿Qué se puede esperar sino quejas?

El Rav Noaj Weinberg, mi Rav, respondió que ellos deberían haber preguntado, “Dios, ¿Por qué no nos estás dando agua? Sabemos que Tú nos amas y sabemos que Tú puedes dárnosla fácilmente, ¿Qué quieres que nosotros aprendamos o cambiemos? Por favor ayúdanos a entender Tú mensaje”. Eso es legítimo; quejarse no lo es. Nos quejamos cuando cómodamente escogemos sufrir lo que nos toca, en vez de esforzarnos por mejorarlo.

Además de esto, Yaakov nunca culpa a nadie. Créanme, él ha tenido buenas causas. Culpar es un mecanismo práctico para quitar toda responsabilidad personal por el destino de cada uno. Cuando evitamos culpar, tenemos que enfrentar nuestros desafíos, algo que la naturaleza humana desea evitar a toda costa.

En el mérito de Yaakov, estamos pidiéndole a todos que intenten elevar sus sensibilidades en estas dos áreas: NO CULPES Y NO TE QUEJES.

Es también una forma práctica de prepararse para Shavuot y reaceptar la Torá. El hecho de culpar y quejarse crea negatividad y separa a las personas. Hacer el esfuerzo conciente de erradicarlas es una forma práctica de construir unidad en tu casa y en tu lugar de trabajo. Sugerimos que imprimas carteles para tu casa y tu oficina – NO CULPES Y NO TE QUEJES – para que sirvan de recordatorios para morderte la lengua y empezar a ver las cosas de una forma un poco más constructiva. Seguramente mejorará tu vida y tenemos la esperanza que también la de Yaakov, y por eso te agradecemos desde el fondo de nuestros corazones.

Por favor reza por Yaakov ben Esther. Para las últimas actualizaciones de cómo está y para compartir tus experiencias de no culpar o no quejarse, visita www.yaakovbenesther.com (sitio en inglés).

Haz clic aquí para leer "Renacer", el segundo artículo de Efraim Shore sobre su hijo.

Haz clic aquí para ver “¡Dónde está la sal!” un video sobre la campaña “No Culpes, No te Quejes”.