Si supieras que serás abandonado en una isla desierta y sólo puedes llevar una cosa, ¿qué sería?

"¡Mi shampoo!", dijo uno de los invitados. "Un bote", gritó otro.

Estábamos sentados en la sucá tratando de experimentar el significado de la festividad. Una de las metas al salir y dejar todas las comodidades de nuestra casa es reconocer que ponemos mucho énfasis en las cosas materiales en nuestras vidas (sin hablar de la niña y su shampoo), en vez de enfocarnos en nuestra verdadera fuente: El Todopoderoso.

En la sucá tenemos todo lo que necesitamos (aunque sería mejor si tuviéramos tuberías de agua dentro de ella). Somos libres de enfocarnos en nuestra relación con Dios. Necesitamos la sucá para aprender esta lección, para darnos esta oportunidad.

Todas las cosas que parecían ser tan importantes, parecen desvanecerse en las luces de la sucá.

Cuando le echamos un vistazo a nuestras casas, siempre encontramos algo que necesitamos reparar o remodelar (especialmente si tu casa tiene 80 años y empieza a mostrar su edad). Dándole un cambio a la idea de que una mitzvá te lleva a otra, renovar algo en la casa también lo hace. Ahora que el cuarto está pintado, hay que cambiar esas persianas viejas. Y los edredones... es una trampa que nunca termina. Mis hijos tienen un libro que se llama "Todo empezó con el felpudo", que ilustra perfectamente este concepto.

Tenemos que separar. La sucá nos da tanto separación física como distancia emocional. Todas las cosas que parecían ser tan importantes, parecen desvanecerse en las luces de la sucá (está tan oscuro que esos zapatos caros no se pueden ni ver). Hay belleza y hay paz.

Parece irónico que nosotros, que somos los consumidores más ilustres en la historia, podemos encontrar paz en la simplicidad de una cabaña al aire libre. Pero ciertamente lo logramos. Es un lugar en donde todos nuestros esfuerzos y deseos por lograr más, no ejercen su dominio.

Sucot también es llamado el tiempo de nuestra alegría. Nuestros sabios nos enseñan en la Ética de los Padres, "mientras más bienes materiales, más preocupaciones". En la sucá no hay bienes materiales que traigan preocupación, ¡a pesar de que no me gustaría que esas decoraciones tan lindas hechas en la escuela se arruinen y a pesar que me gustaría que mis hijos cerraran la puerta cuando salen o entran! Todo se trata de Dios y de alegrarse. Y de una botella de un buen shampoo.