Cuando yo estaba en transición de la niñez a la adultez al final de los años sesenta, las canciones de Bob Dylan eran un cable a tierra. Pasaba tanto de mi tiempo viviendo de acuerdo al sistema. Comía, respiraba, y dormía los resultados de los exámenes preuniversitarios y las solicitudes para las universidades. Yo vivía en un mundo altamente competitivo en donde se esperaban cosas grandiosas de mí. Y estaban aquellas letras de Bob Dylan hablando sobre los tiempos venideros en los que "el último será el primero", sobre palomas blancas que dormían en la arena, y sobre otras cosas que resonaban en un lugar de mí que yo comenzaba a reconocer – llamado "mi mundo interno".

No había mucha gente a quien le importara la existencia de un mundo interno, pero yo me dediqué a encontrarlos. En mi segundo año de universidad, conocí mucho acerca del mundo interno en los poemas de los simbolistas franceses, especialmente en Rimbaud, quien casualmente también era uno de los favoritos de Dylan.

Después de graduarme de la universidad, tuve un buen trabajo en televisión por dos años. Después, de repente, lo abandoné y me mudé a Maine. Una cantidad de factores contribuyó a mi decisión poco convencional: la muerte de mi padre, el amor por la naturaleza, atracción a la soledad, y preguntas ardientes sobre la vida que no tenían respuesta. Siempre tuve miedo de deambular a la deriva, pero ahora sentí la necesidad de desatarme.

Dylan parecía operar desde adentro hacia afuera, en vez de afuera hacia adentro.

Así como sus canciones de los sesentas, las canciones de Dylan del principio de los setentas eran buena compañía al lado de mi estufa a leña en las noches de invierno en Maine. Ellas hablaban de mantener tu verdadero norte y lo que pasa cuando no lo haces, alinearte con tu visión y con tus sueños, y sobre ser real contigo mismo y con tus sentimientos. Yo no estaba siempre cautivada con esas canciones, especialmente cuando él cantaba acerca de mujeres. Algunas canciones hasta me hacían enojar. Yo no era miembro del club de admiradoras de Dylan.

Entonces, ¿Cómo me ayudó él para llegar aquí, viviendo una vida religiosa en Jerusalem, el último lugar en el mundo en donde me hubiese imaginado estar?

Dylan parecía operar desde adentro hacia afuera, en vez de afuera hacia adentro. Él poseía una integridad artística que lo hizo seguir su inspiración adonde fuera que lo llevase. Eso no significa que él nunca admitía estar confundido, de hecho lo hacía bastante a menudo en sus canciones. Sino que él veía la confusión, la claridad, la esperanza y la desesperación, todo como parte de la misma situación, y lo aceptaba todo y trataba de juntarlo en sus canciones.

Dylan sabía cómo golpear las puertas del cielo y, en general, había una cierta conciencia de Dios en las bases de sus canciones que estaban llenas de imágenes bíblicas. Al comienzo de los años ochenta, no me había percatado del acercamiento de Dylan al cristianismo, porque yo ya había tomado la decisión de ir con todo en búsqueda de mi alma judía.

No le tomó mucho tiempo dejar esa etapa cristiana. Incluso hay una foto de él en el muro de los lamentos en 1983 usando Tefilin. Uno de mis amigos recuerda como Dylan condujo de Far Rockaway con su limusina y sus guardaespaldas para hablar con el Rabino Shlomo Freifeld, Z'L, y quedó suficientemente interesado, como para pedir otra entrevista.

Para ese entonces yo ya tenía más que suficiente para alimentar mi mundo interno cantando canciones de Shlomo Carlebach y zemirot tradicionales alrededor de la mesa de Shabat en la Ciudad Vieja de Jerusalem.

Buscando a Bob Dylan

Mis primeros años de matrimonio los pasé en Denver. Durante una de nuestras largas conversaciones, el nombre de Bob Dylan surgió, y mi marido reconoció que también él había sido muy influenciado por Dylan.

Mi marido y yo estábamos seguros de que su Rabino, Shloime Twerski, Z'L, era una de las pocas personalidades judías que podían hablar el lenguaje de Dylan y que podían abrirle la puerta al judaísmo. Mi marido estaba tan seguro que cuando estuvo en California fue a Malibú, adonde Dylan vivía, y trató de encontrarlo.

Él estacionó su auto en la acera y buscó la ubicación aproximada de la casa de Dylan de acuerdo a la información que tenía. La casa estaba sobre un acantilado, y había una mujer mayor parada en un sendero de flores en la mitad de la colina. Él pensó que era la madre de Bob Dylan.

"Yo sólo quería que Bob Dylan conociera a mi rabino. Yo creo que podría cambiar su vida".

Ella estaba usando un pañuelo y pantalón caqui. A medida que él se acercaba, ella vio sus tzitzit y su kipá. Mi marido se dio cuenta de que lo mejor era ir directo al grano acerca del motivo de su presencia, sin estar anunciado ni invitado.

"Estoy buscando a Bob Dylan. ¿Esta es su casa?"

"No, Bob vive más arriba por la misma calle. No tengo la libertad de mostrarle dónde, ¿pero por qué lo está buscando?"

Mi marido se dio cuenta de que estaba persiguiendo a un imposible. Sintió una puñalada de desilusión y no estaba interesado en entablar una conversación, pero la señora parecía tan amable que consideró que merecía una explicación.

"Es a causa de mi Rabino, Shloime Twerski. Yo sólo quiero que Bob Dylan lo conozca. Creo que puede cambiar su vida".

Los ojos de la señora se abrieron de par en par cuando escuchó el nombre "Twerski". Resultó ser que ella era judía – la esposa de un famoso productor de cine – creció en Milwaukee y conocía al padre del rabino. "¡Oh, mi Dios! ¡Los Twerski de Milwaukee! ¡Mi padre acostumbraba llevarme a lo del Rebe! Todos en Milwaukee lo conocían. Todos lo respetaban. Ningún juez, judío o no, decidía un caso hasta después de haber hablado con el Rebe. Y ningún abogado tomaba un caso hasta haber hablado con él. Los Twerski de Milwaukee..."

Ella movió su cabeza como si no pudiese expresar con palabras sus recuerdos. "Realmente quiero ayudar", dijo ella. "¿Sabes qué? Toma este papel y escribe un mensaje para Bob, yo me encargaré de que él lo reciba".

Eso fue lo más cerca que mi esposo alguna vez estuvo de Bob Dylan. Nueve meses después de nuestro casamiento el Rabino falleció. Haría falta otra persona u otra cosa para despertar el alma judía de Bob Dylan.

Escucha la Música

Las canciones de Dylan, un caleidoscopio de observaciones e impresiones sobre la vida, me mostraron como el mundo a mí alrededor se comunicaba conmigo y como yo debía escuchar su música.

Por ejemplo, esta mañana mientras caminaba hacia la tienda de la esquina, vi un vehículo de la sociedad funeraria estacionarse en la vereda y subir un grupo de pequeñas niñas con sus mochilas de la escuela. Cuán incongruente, incluso bizarro, yo pensé, que el mismo vehículo sea utilizado para el transporte de los difuntos.

Después las palabras "Jevrá Kadishá", cuya traducción literal es "santa hermandad", estampadas en letras blancas en el vehículo de color oscuro, comenzaron a desligarse de su asociación usual con la sociedad funeraria. Me di cuenta que la banda de niñas pequeñas subiendo era otro tipo de ,i>jevrá kadishá, una dulce y santa hermandad de almas inocentes en su camino a la escuela.

No es una epifanía que mueva el piso, pero fue un signo de que mi corazón estaba despierto. Como Dylan, yo estaba tratando de escuchar la preciosa música.

Bob, adonde sea que estés, gracias por el cable a tierra, y por ser parte de la gran orquestación del Maestro Compositor.