Clinton tiene un cierto sentido de confianza que no se encuentra fácilmente en un típico hombre de 30 años de edad. Tal vez es porque él no es nada típico. Su vida tuvo un giro difícil una tarde en Johannesburgo hace diez años. Él y un amigo viajaban tranquilamente en automóvil, cuando de pronto vieron que en el automóvil de atrás, había tres hombres armados.

Clinton apretó el acelerador a fondo. Segundos después de eso, se escucharon disparos. Una bala pasó por el lado de Clinton y se detuvo en el apoya cabezas. Otra rozó su rostro. La tercera bala penetró en su ojo derecho, dañando su ojo y su nariz y sólo se detuvo al golpear el nervio óptico de su ojo izquierdo.

En el intertanto, los criminales huyeron y nunca más fueron vistos.

La comunidad judía de Johannesburgo se congregó alrededor de Clinton. Servicios de rezos se organizaron afuera de su cuarto de hospital. Cientos de judíos rezaron para su recuperación. Comidas, apoyo económico y viajes al hospital fueron donados a la familia y a este joven.

El ojo derecho fue reemplazado por uno de vidrio y los doctores le dijeron a sus padres que quedaría ciego del ojo izquierdo ya que la bala había impactado el nervio óptico. Cuando Clinton recuperó la conciencia, él pensó que era un hombre ciego de apenas 20 años de edad.

Pero milagrosamente, incluso antes de que el hospital lo diera de alta, la visión del ojo izquierdo de Clinton comenzó a volver. La comunidad médica no tenía explicación para este hecho. ¡Lentamente desde la parte alta y baja de su campo visual, su visión estaba regresando! Lo negro se volvió visión nuevamente, dejando sólo una delgada línea negra que cruzaba su campo visual del ojo izquierdo.

“Dios tenía todo preparado para salvarme la vida”.

“Todo lo que ocurre es para bien y Dios controla todo. Dios tenía todo preparado para salvarme la vida; los paramédicos judíos en la escena del accidente tan sólo unos minutos después, la cirugía en uno de los mejores hospitales de Johannesburgo, los rezos de la comunidad, etcétera. El poder de una comunidad unida es sorprendente. Sentía que todo Johannesburgo estaba unido para ayudarme”.

Después de haber sido dado de alta del hospital, Clinton tuvo que guardar reposo por unas cuantas semanas. El día en que fue a su control final, él esperaba obtener permiso de su médico para volver a la vida normal. Clinton se puso su ropa para correr y acudió a la cita. Cuando recibió el visto bueno, él corrió a su casa desde la oficina del doctor. Luego de completar un magister en terapia física, se fue a Israel donde actualmente estudia Talmud en Aish HaTorá junto a sus compañeros, con la ayuda de una lupa y unos lentes especiales.

Cuando le preguntan sobre cómo adoptó una actitud positiva tan fácilmente, Clinton explica, “Podía despedirme de la vida o decidir avanzar y crecer. Podría haber decidido quedarme en cama y rendirme. La decisión estaba en mis manos. Decidí acercarme a Dios. Dios nos pone desafíos y tenemos que darnos cuenta que es para bien. Puede no parecer bueno en ese momento, pero Dios nos da sólo cosas buenas. Me las arreglé para seguir adelante con mi vida, alcanzar mi título en terapia física, ir a la Ieshivá y estudiar. Pero tuve que tomar la decisión de no rendirme desde el principio. Tener una relación personal con Dios ayuda. Cuando estaba en la secundaria solía rezar antes de comenzar cada una de mis carreras. Quería estar conectado”.

“Siempre fui una personas positiva. El tiroteo me hizo pensar en forma más profunda sobre el propósito de mi vida. He aprendido tanto sobre el poder de los rezos. Dios controla todo y es el Sanador de todo. Soy competitivo por naturaleza y eso me ayuda a perseverar. Dios siempre nos pone situaciones que debemos sobrepasar, y con Su ayuda aprendemos y crecemos. Sólo tenemos que hacer el esfuerzo”.

Clinton no siente pena de si mismo. Él siente el amor de Dios a pesar del tiroteo y de su subsecuente limitación en la visión. Cada uno tiene sus propios desafíos, pero es raro ver a alguien como Clinton que logre manejarlos de una manera tan exitosa. El hecho de tener claridad en el propósito de la vida está determinado por la forma de ver las cosas y la mentalidad de cada uno.

Con un brillo que casi puede verse en ambos ojos, Clinton explica, “Tal vez gané algo en vez de perder algo. Tal vez gané más visión que la que nunca tuve”.