¿Qué pasa cuando tu mejor amigo de la infancia se convierte en una súper estrella mundial? En su libro Dylan & Me – 50 Years of Adventures, Louie Kemp cuenta cómo se conocieron en 1953 dos niños judíos de Minnesota en un campamento judío de verano. “Bobby Zimmerman tenía 12 años y tenía una guitarra”, escribe Kemp. “Iba por todas partes diciéndole a todo el mundo que iba a ser una estrella de rock and roll. Yo tenía 11 años y le creí”.

Los dos siguieron siendo amigos cercanos. A los 19 años, Bobby Zimmerman se fue a Nueva York y se convirtió en el famoso Bob Dylan, mientras que Kemp se hizo cargo de la exitosa compañía de su padre.

Durante 50 años, Kemp disfrutó de un “pase de acceso libre” a la vida de Dylan como aliado y amigo de confianza, compartiendo sus esperanzas y desilusiones, triunfos y dificultades. Kemp produjo en 1974 el épico tour de Dylan “Rolling Thunder Revue” y Dylan fue el “padrino” en la boda de Kemp (por petición del novio, accedió a ponerse un smoking).

“Nos mantuvimos leales a esos niños del norte de Minnesota”, dijo Kemp respecto a su camaradería de toda la vida. “Nos reíamos de las mismas bromas y nos confiábamos nuestros pensamientos y miedos más profundos. Nunca necesitamos nada del otro, pero siempre estuvimos para el otro… Siempre nos sentimos seguros estando juntos, de la forma en que sólo pueden sentirse los amigos cercanos. Cuando uno necesitaba una dosis de verdad, siempre sabíamos a quién recurrir”.

1957, en un campamento judío de verano: Bobby Zimmerman con la guitarra. Louie Kemp a su derecha.

Una búsqueda espiritual

Mas allá de los conciertos con entradas agotadas y los jets privados, “Dylan & Me” lleva a los lectores hacia el viaje espiritual del compositor. “Bobby siempre sintió una fuerte conexión con la espiritualidad”, dice Kemp. “Él describía a las personas como ‘espíritus vestidos con un traje de piel’". También le dijo a la revista Rolling Stones: "Siempre pensé que hay un poder superior, que este no es el mundo real y que hay un Mundo Venidero”.

A finales de los años 70, un amigo invitó a Dylan a una serie de clases de Biblia que tomaron un giro claramente cristiano, lo que empujó a Dylan a sumergirse en el Nuevo Testamento. Al mismo tiempo Kemp comenzó a observar el Shabat. “Casi todos los días tenía con Bobby intensas discusiones de teología”, recuerda Kemp. “Pero enseguida me di cuenta que yo no tenía suficientes conocimientos de mi fe para responder a los argumentos de Bobby.”

Kemp llamó por teléfono al Rav Manis Friedman, un educador de Jabad de Minnesota, y le pidió que viajara a Los Ángeles para enseñarle a Dylan “la versión judía del significado de la vida.”

“Mi misión era ayudar a Bobby a encontrar en el judaísmo, la religión de sus ancestros, la satisfacción espiritual que su alma añoraba”, escribe Kemp. “Le presenté a Bobby muchos rabinos y judíos observantes, cada uno le brindó otro ladrillo para reforzar la base de su fe.”

Además de estas reflexiones, el libro de Kemp incluye algunos episodios alocados, como una vez en el campamento de verano cuando los dos amigos atacaron a una cabaña rival con espuma de afeitar y luego “escaparon” llevándose el auto del supervisor para un paseo ilegal. O la vez en que Dylan cambió un viejo sofá por un cuadro original de Andy Warhol, ahora valuado en 60 millones de dólares.

También cuenta la vez en que Kemp arregló para que Marlon Brando, la leyenda del cine, acompañara a Dylan a un Séder de Pésaj. En cierto momento, la persona que lideraba el Séder le pidió a Brando, quien no es judío, que leyera una parte de la Hagadá. Kemp describe que Brando leyó el párrafo “como si estuviera actuando a Shakespeare en Broadway”. Después del Séder, Brando le dijo a Kemp cuán inspirado estaba de ver personas que se reunían cada año, en todo el mundo, para agradecerle a Dios y celebrar un evento que ocurrió hace más de 3.000 años.

Bob Dylan (Izq.) y Louie Kemp, 1972

Rolling Thunder Revue

En 1974, en la cumbre del estrellato de Dylan, él llamó a Kemp con una idea original para una gira de conciertos: en vez de volar en jets privados y tocar en estadios gigantes, ¿por qué no viajar en autobús de ciudad en ciudad, y tocar en lugares pequeños e íntimos, manteniendo la espontaneidad y anunciando las funciones sólo con un par de días de anticipación?

A Kemp le gustó la idea y entonces Dylan arrojó la bomba y le pidió a Kemp que produjera la gira. “Louie, tú eres un exitoso empresario. Si alguien puede organizar esto, eres tú”.

La subsecuente gira “Rolling Thunder Revue” se convirtió en una leyenda. Decenas de artistas (incluyendo a Ringo Starr, Joan Baez y Joni Mitchell) se unieron a los espectáculos experimentales de cuatro horas. Todo el tiempo, mientras atravesaba los Estados Unidos con la gira, Kemp se las arregló para mantener su “trabajo de día” en la compañía de su padre. (En junio del 2019 salió un documental sobre la gira, dirigido por Martin Scorsese).

En todo esto, siempre hubo un elemento judío. Al reflexionar sobre los temas líricos de Dylan, Kemp observó: “Para los judíos, apoyar al indefenso es casi algo instintivo, porque nosotros mismos estuvimos muchas veces en esa posición. Parece que tenemos un sexto sentido cuando se trata de persecución, discriminación e injusticia… No tengo ninguna duda de que el impulso de Bob por escribir canciones con significado en parte se debe a sus raíces judías".

De hecho, las canciones de Dylan de los años 60, tales como “Blowin’ in the Wind”, “The Times They Are a-Changin’” y “Like a Rolling Stone” se convirtieron en himnos de los movimientos de derechos humanos y antiguerra. Su proclamada canción “Neighborhood Bully” fue escrita en defensa de Israel:

El matón del barrio sólo vive para sobrevivir,

Es criticado y condenado por estar vivo…

Siempre está en juicio tan sólo por haber nacido.

1975, detrás del escenario en San Francisco (Izq. a Derecha): Bill Graham, promotor del concierto, el actor Marlon Brando y Louie Kemp.

Un patrón de descubrimiento

En los agradecimientos del libro, Kemp menciona a Rav Noaj Weinberg zt”l, el fundador de Aish HaTorá. Aunque esto no tiene relación con Bob Dylan y no forma parte del libro, Kemp compartió con AishLatino.com los detalles de cómo se convirtió en uno de los queridos socios de Rav Weinberg.

“En diciembre de 1985, estaba en mi casa en Duluth, Minnesota y recibí una llamada de Yona Yaffe de Aish, quien me dijo que a Rav Weinberg le gustaría pasar Shabat conmigo. Yo no conocía a Rav Weinberg pero había escuchado muchas historias increíbles sobre él.

“Me reí y le dije que Rav Weinberg era bienvenido para Shabat, pero que la temperatura era de -20 grados además del viento y que se estaba acumulando mucha nieve”. (Mark Twain dijo: “El invierno más frío que pasé fue el verano en Duluth”).

Aunque Kemp ofreció encontrarse en Los Ángeles con un clima más agradable, Rav Weinberg prefirió ir a Duluth. “Parecía ser mi clase de persona. No temía del clima y era un hombre con una misión que no era fácil detener”.

Rav Weinberg llegó a la mansión de Kemp en la costa del Lago Superior, el lago más grande del mundo, que estaba en proceso de congelación. Del lago emanaba un vapor blanco y se oía el crujido del hielo que se iba formando. Rav Weinberg se quedó cautivado y le pidió a Kemp que le prestara ropa para la intemperie: ropa interior larga, suéter, gorro, guantes y botas. Mientras Kemp lo observaba desde su casa calentita, Rav Weinberg caminó hacia el borde del lago, luego subió a la cima de un mirador para observar la mística visión del lago.

“Ver la profunda espiritualidad y la valoración de la naturaleza de Rav Weinberg, fue lo primero de las muchas cosas que aprendí de él durante los siguientes años de nuestra amistad”.

Hacia el final de Shabat, durante el cual Rav Weinberg compartió con generosidad su vasto conocimiento de Torá, la curiosidad de Kemp finalmente le ganó y le pregunto: “Rav, estoy muy feliz de que esté aquí, pero ¿por qué venir a Duluth en diciembre?”.

Rav Weinberg sonrió y le dijo: “Tengo un plan para salvar al pueblo judío y necesito tu ayuda”. A continuación, le explicó que Aish había desarrollado el seminario Discovery, que exploraba la base racional para la creencia en el judaísmo. Un equipo de Jerusalem, dirigido por Rav Motty Berger, estaba listo para presentar un seminario inaugural, un fin de semana de 3 días de Discovery para 150 personas en un hotel en Palm Springs. Lo único que les faltaba era financiamiento.

Al terminar el Shabat, Kemp firmó un cheque para cubrir todo el costo del seminario y prometió llevar a algunos de sus amigos a Palm Springs. Kemp le dijo a Rav Weinberg: “Si es la mitad de bueno de lo que dice, financiaremos el resto”.

En el fin de semana en Palm Springs, Kemp fue testigo de cómo el Discovery logró cambiar las actitudes de los participantes, quebró sus ideas equivocadas y los inspiró a estudiar la sabiduría de la Torá. Convencido, Kemp firmó un cheque por 150.000 dólares para expandir el Discovery a 15 ciudades de los Estados Unidos.

Desde entonces, participaron del Discovery más de 100.000 personas en todo el mundo, lo cual influyó a un número incalculable de personas a comprometerse más con el judaísmo. “Patrocinar el Discovery fue una de las mejores decisiones que tomé”, aseguró Kemp.

A lo largo de los años, Rav Weinberg se refería cariñosamente a Kemp como “el padre del Discovery”. En una visita a la oficina de Rav Weinberg frente al Muro de los Lamentos, él le dijo a Kemp: “El mérito de quienes asistieron al seminario Discovery es acreditado a tu cuenta celestial”. Entonces Rav Weinberg tomó las manos de Kemp y bailaron juntos celebrando esta gran recompensa eterna.

Y todo comenzó en un invernal Shabat en Duluth.

Un vagabundo judío

A los 79 años, Kemp reflexiona sobre qué fue lo que hizo tan famoso a su amigo Bob Dylan, incluyendo la recepción del Premio Nobel de Literatura en el 2016:

1983: Bob Dylan (Izq.) como padrino en la boda de Louie Kemp

“Algunos se preguntan por qué los judíos son tan exitosos en tantas áreas, incluso en las artes. Yo creo que por lo menos en parte se debe a que la búsqueda de conocimiento, significado y verdad está arraigada a la cultura judía. Tenemos una pasión por buscar significado y darle una nueva expresión, tanto moral como artísticamente. Ese impulso (junto con otra característica judía conocida como jutzpá), siempre fueron fuertes en Bobby y sus dones llevaron a que su expresión sea digna de las épocas”.

En una divertida historia, Kemp recuerda el momento en que él y Dylan asistieron a los rezos de Iom Kipur en Santa Mónica, California:

Habíamos estado allí antes y el rabino reconoció a Bobby de inmediato. Pero muy pocos, si es que alguno, de sus compañeros de rezos, todos vestidos seriamente, se dieron cuenta que él estaba parado al fondo de la habitación. Como era usual, Bobby había perdido el aviso sobre el código de vestimenta, y lucía botas de cowboy, jeans rotos, un suéter con capucha, una chaqueta de cuero negra y unos anteojos que probablemente Jackie Kennedy había perdido tiempo atrás.

Específicamente, Bob asistió a Neilá, el servicio del final del día… El arca donde se guardan los sagrados rollos de la Torá se mantiene abierta durante todo el servicio, y se considera un gran honor que el rabino te elija para abrirla. Esto trae consigo muchas bendiciones para el nuevo año. Por lo general, el honor va al donante más generoso de la sinagoga, pero esa vez no fue así.

Rav Levitansky exploró a la congregación y finalmente su mirada se posó sobre una solitaria figura parada al fondo de la habitación. El Rav le hizo señas para que subiera al púlpito y él subió. Bob Dylan abrió el Arca en Iom Kipur.

Después, cuando el último eco del shofar se había acallado y la mayoría de los congregantes se habían retirado, el mayor donante de la sinagoga llevó a un lado al rabino y le dijo: “Quiero que sepa que cuando no me llamó para abrir el Arca, me sentí bastante dolido. Luego vi a quien escogió y comprendí que usted es incluso más sabio y bondadoso de lo que yo imaginaba. Así es que voy a doblar mi contribución para el próximo año. Se necesita un corazón grande y generoso para darle el honor de abrir el Arca de Neilá a un vagabundo judío”.

En definitiva, Dylan & Me no es una biografía ni un análisis de las canciones de Dylan y su impacto. Lo que lo diferencia de los incontables libros sobre Dylan es que no está basado en las interpretaciones de una tercera persona, especulaciones o rumores no confirmados. Se trata del testimonio de alguien que conoce a Dylan… mejor que cualquier otra persona que haya intentado explicarnos a Dylan.

“Mi amigo siempre fue Bobby Zimmerman, no la leyenda ‘Bob Dylan’. Somos solamente dos amigos normales que hablaban durante horas como otros amigos… excepto que, para el resto del mundo, uno de nosotros resultó ser Bob Dylan”.