Durante 17 años medité, por lo general tres veces al día. Mi objetivo era lograr un estado de consciencia elevado que los hindúes llaman samadhi, la experiencia de la unicidad total subyacente a la aparente multiplicidad de este mundo.

Sri Ramakrishna, el líder de la línea de gurúes de mi ashram, solía decir que la mente es como un estanque. Debido a las múltiples "ondas" (pensamientos), la superficie del estanque no puede reflejar con precisión el sol de la "Verdad". Cuando el estanque (la mente) está perfectamente quieto (en meditación), el sol, o la "Verdad", se refleja a la perfección.

Una vez, cuando ya llevaba once años viviendo en el ashram, un centro de retiro espiritual al estilo hindú, logré experimentar ese estado trascendental. Al conducir la meditación grupal de la comunidad en el santuario, sentí que mi consciencia salía de mi cuerpo. Abandoné el mundo del tiempo y del espacio y entré en un estado de unidad absoluta.

Abandoné el mundo del tiempo y del espacio y entré en un estado de Unidad Absoluta.

No tuve conciencia de haber pasado más de una hora en ese estado ni noté que otros miembros de la comunidad salieron del santuario en puntas de pie para comenzar con sus tareas matutinas. Cuando finalmente, y con gran dificultad, logré "bajar" y abrir mis ojos, me llevó otros quince minutos hasta que logré reorientar mi mente a este mundo de la forma y el movimiento.

El servicio ritual había terminado. Salí del santuario, me quité mi chuddar (el manto de plegarias) y estaba ocupada doblándolo, cuando se me acercó la Hermana Baroda. Yo era la encargada de armar el cronograma de tareas y ella me preguntó si podía cambiarle el día que le tocaba trabajar en la cocina. Hasta ese momento, yo sentía que iba descendiendo a la tierra gradualmente, como si tuviera un paracaídas repleto de aire, De repente la Hermana Baroda abrió un agujero en mi paracaídas. Aterricé de golpe y le grité por perturbar mi éxtasis espiritual. Entonces me fui enojada a mi habitación para escapar del locuaz grupo de miembros del ashram que charlaban frívolamente durante el desayuno.

Los "Budíos" – Judíos busdistas

Un gran número de judíos practican el budismo. Rodger Kamenetz, el autor de The Jew in the Lotus, dice: "Un tercio de los líderes budistas occidentales tienen raíces judías". La mitad de los participantes en el centro de meditación Vipassana, cerca de Dharamsala, en India, son israelíes. De acuerdo con una estimación, tres de cada cuatro visitantes al centro espiritual tibetano budista del Dalai Lama, son judíos. En Dharamsala, la mayoría de los carteles de la calle tienen letras hebreas.

Una nota de tapa del Jerusalem Report, presentó la historia de tres judíos que vivieron durante años en Dharamsala:

  • El venerable Tenzin Josh, previamente Steven Gluck de Londres.

  • Ruth Sonam, previamente Ruth Berliner, del norte de Irlanda.

  • Itamar Sofer, un israelí que huyó de la presión del servicio militar en Gaza para encontrar la paz en el Himalaya.

Al describir sus 253 votos monásticos, tal como vestir con recato y no compartir un espacio privado con mujeres, Tenzin Josh señaló: "No es demasiado diferente a ser un judío ortodoxo".

Pero está equivocado. En verdad, en su esencia y en su propósito, el budismo es diametralmente lo opuesto al judaísmo.

Las 4 Nobles Verdades que conforman la base del budismo son:

  1. Este mundo es sufrimiento

  2. La causa del sufrimiento es el deseo

  3. El cese del sufrimiento es el cese del deseo

  4. El cese del deseo se logra a través de la práctica del noble camino óctuple, que incluye el habla correcta, la acción correcta, el sustento correcto, etc.

El objetivo del budismo es escapar de la rueda de nacimiento y muerte. Dado que el suicidio sólo lleva a la reencarnación, la única forma efectiva de escapar de este mundo es lograr el nirvana, un estado de consciencia trascendental que sirve como un permiso de salida de la rueda de nacimiento y muerte.

Como afirmó Tenzin Josh al explicar su transición personal de un estilo de vida punk en Londres a ser un monje budista: "Tanto si eres un punk nihilista como un ermitaño budista, simplemente no le ves un sentido a la vida y quieres encontrar una salida".

El israelí Itamar Sofer también explicó de forma similar su escape a la India después de hacer el ejército: "'¿Qué esperanza te queda cuando toda tu vida es una lucha incesante por lograr la supervivencia personal y nacional? Yo sólo quise escaparme y encontrar un espacio para mí mismo".

Religiones del cielo vs. una religión de la tierra

En contraste, el judaísmo es un camino de completa participación en este mundo.

Los 613 mandamientos de la Torá son prescripciones respecto a cómo involucrar cada parte del cuerpo y cada componente del mundo físico en una acción consagrada. Incluso un mandamiento "mental" o "emocional" como "Ama a tu prójimo como a ti mismo", tiene estipulaciones físicas específicas. Por ejemplo: preocúpate por el bienestar material de tu semejante, hónralo, habla bien de él.

El Talmud, el vasto compendio de 63 tratados de la Ley Oral, profundiza en los detalles insignificantes como una forma de incluir todos los objetos físicos imaginables dentro de su alcance. Así, al discutir sobre qué recipiente es kósher para utilizar en el lavado de manos ritual al despertarse, el Talmud considera los recipientes de arcilla, de madera, de cueros de animales, recipientes agrietados, recipientes rotos, etc. Al hacerlo, coloca cada uno de estos objetos bajo la luz de la Torá. Nada es demasiado mundano para analizarlo minuciosamente y usarlo o descartarlo para una acción sagrada.

De acuerdo con la Cábala, cada objeto físico posee chispas de santidad.

De acuerdo con la Cábala, cada objeto físico posee "chispas de santidad". Al usar un objeto de la forma ordenada por la Torá, las chispas son liberadas y pueden ascender. Los judíos están en este mundo para elevar a toda la creación.

Mientras más bajo sea el objeto o la actividad, más alto pueden subir las chispas. Por eso, después de ir al baño, un judío debe recitar una bendición que incluye las palabras: "Está revelado y es sabido ante Tu Trono de Gloria…". Los sabios señalan que la santificación de la actividad más baja (hacer nuestras necesidades) nos brinda el potencial de elevarnos al nivel del Trono Divino. Bajo esta luz, podemos entender una extraña declaración del Gaón de Vilna, el gran sabio del siglo XVIII. El Gaón dijo que las otras religiones son como los cielos; el judaísmo es como la tierra.

El propósito de las otras religiones es trascender este mundo. El propósito del judaísmo es elevar este mundo, y al hacerlo, perfeccionarse también a uno mismo.

En ningún aspecto la dicotomía entre el judaísmo y las religiones orientales es tan pronunciado como en su enfoque de la sexualidad.

El budismo, el hinduismo y el jainismo ordenan el celibato como el camino más elevado, porque ser indulgentes en el sexo implica ceder a lo más bajo del ser. Todos los judíos budistas serios que viven en Dharamsala renunciaron al sexo.

Aquí debo señalar que la tradición tántrica india (tanto hindú como budista) utiliza la energía de la unión sexual como una herramienta espiritual, pero la sexualidad tántrica no se practica con la propia esposa. Preferiblemente se debe practicar con un extraño. Esto es un anatema para el judaísmo, donde la unión más elevada incluye cada aspecto de la pareja: emocional, mental, espiritual y también lo físico. Por esta razón el judaísmo prohíbe las relaciones matrimoniales si algún miembro de la pareja fantasea con otra persona. La Shejiná, la 'presencia de Dios', sólo puede posarse cuando el hombre y su esposa se unen en absoluta unidad, en todos los niveles.

Propósito y significado

Otra gran diferencia entre el budismo y el judaísmo es que el budismo es una religión no teísta. Aunque el budismo mahayana posterior virtualmente convirtió al propio Buda en un dios, el histórico Buda Gautama (que vivió en el siglo V AEC), nunca mencionó a Dios. Por lo tanto, la existencia de Dios, e incluso la existencia de un alma inmortal, son negadas o directamente irrelevantes para el budismo.

El judaísmo, por el contrario, se centra totalmente en Dios. Dios no sólo es la fuente de toda la existencia, sino que también es la fuente de la Torá, el intricado sistema de comportamiento ideal para la humanidad. Toda la sabiduría fluye de la Torá de Dios, el "manual de instrucciones para la vida".

Todavía más, Dios no sólo es el Creador del universo, sino que continúa manteniéndolo en existencia a cada momento, supervisando nuestra participación en él. Vivir con conciencia de la Unicidad de Dios, con amor y temor a Dios son tres mandamientos que deben practicarse de forma constante.

De acuerdo con el budismo y el hinduismo, este mundo no tiene ningún propósito.

De acuerdo con el budismo y el hinduismo, este mundo no tiene ningún propósito. El hinduismo, que sí postula la existencia de un creador Divino, describe la dirección divina de este mundo como lila, un 'deporte lúdico', sin más propósito ni significado que un juego de pelota.

De acuerdo con Rav Aryeh Kaplan, "la base del judaísmo y la base de toda religión verdadera, es comprender que la existencia tiene un propósito, y que el hombre tiene un propósito en la vida. Tanto el hombre como la naturaleza tienen significado porque fueron creados por un Ser con propósito". [Handbook of Jewish Thought, 1:1 y 1:2].

La profunda intuición de esta verdad es lo que hace que los judíos sean tan "fanáticos por el significado". Los judíos siempre son los que buscan significado en la vida y en los eventos, incapaces de tolerar una vida destinada a ver televisión. Irónicamente, es esta búsqueda de sentido en la vida lo que lleva a muchos judíos al Oriente. Allí se aferran a un propósito para sus vidas: lograr la iluminación espiritual.

Sin embargo, el judaísmo sostiene que el propósito de la vida no es sólo la consciencia espiritual, sino primordialmente refinar las acciones. En consecuencia, ese propósito no se puede lograr sólo a través de la meditación, sino a través de las mitzvot: acciones consagradas, minuciosamente prescritas.

Por supuesto, la consciencia espiritual, o lo que el judaísmo llama kavaná, debe brindar el marco de nuestros actos. Una mitzvá hecha sin tener conciencia de que lo que uno hace es la voluntad de Dios (para conectarnos con Dios), no concretiza todo su potencial. Por otro lado, un exaltado nivel de consciencia que no se expresa en acciones concretas no tiene ningún valor.

El propósito de la meditación, a la cual los judíos budistas dedican tantas horas, es percibir con claridad la máxima Verdad, en el universo y en la propia vida. Lamentablemente, uno puede ser adepto a la meditación y de todos modos cometer adulterio, perder el control y estallar de orgullo. Conocí a grandes maestros de meditación que sucumbían en los tres aspectos. La consciencia espiritual por sí misma no lleva a actuar de la forma debida.

La misión humana

Los sabios del Movimiento de Musar (una técnica de crecimiento espiritual articulada por Rav Israel Salanter en el siglo XVIII), explican la misión humana de esta manera:

Un ser humano consiste de un alma junto con un cuerpo. El alma es completamente perfecta. No necesitamos trabajar sobre el alma. Venimos a este mundo para perfeccionar el cuerpo (que incluye las emociones y las cualidades de carácter). El cuerpo es como un niño que debemos cuidar. Estamos obligados a alimentarlo, bañarlo y darle el descanso necesario. Estamos obligados a disciplinar al cuerpo, lograr que se comporte debidamente, que haga actos de bondad, evitar que se dañe a sí mismo o a otros. Los mandamientos de la Torá son físicos porque su objetivo es entrenar al cuerpo. El judaísmo no sólo apunta a iluminar la mente, sino también a santificar al cuerpo.

Por eso, aunque los antiguos profetas practicaban la meditación y en la actualidad la continúan practicando los jasidim, para el judaísmo los viajes de consciencia son sólo secundarios.

El trabajo espiritual de un judío es entrenar su rostro para sonreírle a un vecino desagradable, enseñarle a la mano a colocar una moneda en la mano de un mendigo, evitar que la lengua haga comentarios negativos, alimentar el estómago sólo con alimentos permitidos, entrenar a la mente para juzgar a los demás favorablemente, educar al corazón para amar a Dios, instruir a los hombros para llevar la carga del prójimo —especialmente la del enemigo—, y controlar a la boca para que no ataque con ira.

El lugar para dedicarse a la placentera contemplación de la Unicidad Divina no está en este mundo, sino en el Mundo Venidero. El propósito de este mundo es ser un lugar de desafíos y logros. Aunque los judíos, en especial los israelíes, anhelen escapar a un lugar de paz, nuestro propósito en esta vida se satisface mejor ante situaciones que nos presionan, nos ponen a prueba y nos exigen crecer.

En el Jerusalem Report, Tenzin Josh (Stephen Gluck) define la diferencia entre el budismo y el judaísmo: "El budismo sostiene que la vida es sufrimiento, pero las enseñanzas de Buda muestran una forma clara de salir del sufrimiento (a través de la iluminación). La idea judía, por otro lado, simplemente es tratar de adaptarse".

Error.

El judaísmo no se resigna simplemente a un mundo de oscuridad. El judaísmo aboga a lanzarse a la refriega, enfrentar el mal cara a cara, luchar contra el propio impulso al mal y erradicar de raíz lo más bajo en el mundo y en uno mismo.

Es cierto, para un monje es difícil no tocar dinero y vivir sin las comodidades de este mundo. Pero es todavía más difícil trabajar para ganarse un salario y tener que dar el 10% para caridad, especialmente cuando necesitas cada centavo para reparar tu lavarropas.

Es difícil vivir en silencio y reclusión. Per es aún más difícil mantenerse enfocado en Dios y en nuestros elevados ideales en medio de la conmoción y las distracciones de la vida familiar.

Este mundo es un lugar de desafíos y logros. Mientras mayor es el desafío, mayor es el logro.

Cereales desparramados e inspiración

Durante los últimos seis meses estuve trabajando para superar el enojo, algo que el Talmud equipara con el pecado de la idolatría, porque el enojo es el resultado de idolatrar tu propia voluntad. Durante los 15 años que viví en un ashram, los 16 años que practiqué el vegetarianismo y yoga y los 17 años que me dediqué a la meditación, nunca logré controlar mi temperamento volátil.

Los niños pequeños proveen el ambiente ideal para trabajar en superar el enojo. Los niños son irracionales, se oponen a todo, son famosos por interrumpir el ciclo de sueño, son demandantes y no limpian lo que ensucian. También hacen mucho lío y desordenan, por lo general justo después de que limpiamos el piso y cuando su madre está en el punto más bajo de su ciclo energético de biorritmo.

Cada día le agradezco a Dios por mis amados hijos. Pero también les grito… demasiado.

Ahora estoy en un grupo de Musar, y utilizando las técnicas de los maestros del Musar trabajo para superar mi tendencia arcaica de responder al estrés sermoneando al culpable que me provocó.

El martes pasado por la mañana, mi esposo, que hace arreglos musicales, tenía una importante sesión de grabación. Tratando de ser la esposa ideal, me ofrecí a prepararle palitos de zanahoria y humus para que se llevara para el almuerzo. Él aceptó agradecido, pero como conoce mi tendencia a la tardanza, me advirtió que tenía que salir de casa a las 8:30 en punto. "No hay ningún problema", le aseguré. En todo caso, mi hijo de seis años tenía que salir de casa a las 8:20 para llegar a la escuela a tiempo. Diez minutos era suficiente tiempo para preparar los palitos de zanahoria y envasar un poco de humus en un recipiente más pequeño. Estaba todo bajo control.

A las 8:19, mi hijo volteó la caja de Cheerios que estaba en el borde de la mesa de la cocina. Observé boquiabierta y horrorizada mientras cientos de anillos crujientes de cereal aterrizaban en el suelo de la cocina.

La pantalla de mi computadora mental comenzó a titilar con decenas de X rojas que exclamaban OPERACIÓN ILEGAL. El dinero (los Cheerios eran importados de los Estados Unidos). El tiempo. Mi imagen como la esposa ideal.

No podía llegar al refrigerador para sacar las zanahorias sin pulverizar con mis pies la alfombra de Cheerios desparramados. Si me tomaba ahora el tiempo necesario para limpiar, no tendría listo a tiempo el almuerzo para mi esposo. Mi primer instinto fue gritarle a mi hijo y exigirle que limpiara todo, incluso si eso provocaba que llegara tarde a la escuela. Mi segundo instinto fue gritarle a mi esposo por su maldita puntualidad que me provocaba tanta presión.

No grité. No me enojé. En un tono calmo, despedí a mi hijo para que se fuera a la escuela. Luego pasé cautelosamente sobre los Cheerios hasta llegar al armario de las escobas, saqué una escoba, empujé el desorden a un costado, saqué las zanahorias del refrigerador, las pelé y las corté lo más rápido que pude, tomé todo el recipiente de humus (me dije a mí misma que no sería demasiado), coloqué todo en una bolsa de nylon y con una sonrisa le entregué a mi esposo su almuerzo a las 8:33.

Sentí una ola de éxtasis. ¡Lo había logrado! Por lo menos esta vez logré superar mi enojo.

Este, para mí, fue un logro mayor que alcanzar el samadhi.