La Torá describe a varios hermanos y la complicada relación que había entre ellos, las cuales me recuerdan mi propia relación con mi hermano, mi único hermano. Esav y Yaakov, quienes tenían personalidades sumamente diferentes, compitieron por recibir las bendiciones de su padre. Los hermanos de Iosef, por celos, lo vendieron como esclavo. Miriam salvó la vida del bebé Moshé poniéndolo a flotar en una canasta en el Nilo, pero luego habló negativamente de él.

Al leer estas historias, las trato de conectar con mi propia vida. Aunque muchos de los matices están más allá de mi entendimiento, me reconforta pensar en el hecho de que incluso los más grandes héroes lucharon en sus relaciones, cometieron errores y aprendieron de ellos.

Cinco años mayor que yo, y con una inteligencia más allá de su edad, mi hermano siempre fue una persona a la cual miré para arriba y traté de emular. Él era el presidente del consejo estudiantil, por lo que yo también me postulaba para el grupo; algunas veces ganaba y otras perdía. Él fue el mejor de su promoción y entró a estudiar leyes, donde fue nuevamente muy exitoso. Y yo, por mi parte, trataba de alcanzar su grandiosidad, mientras él avanzaba en su vida y su carrera.

Cuando mi hermano se casó con una mujer inteligente, segura de sí misma y católica, nadie protestó. ¿Por qué habrían de protestar?

Cuando llegó el momento de casarse, nadie había discutido con nosotros realmente por qué debíamos casarnos con alguien de la misma religión. Crecimos con Bar y Bat Mitzvot, servicios religiosos para las grandes fiestas, regalos de Januca y sopas de bolitas de Matzá. ¿Pero casarse con un judío? Puede ser que sintiésemos un deseo no expresado de nuestros padres, pero nunca fue abiertamente discutido según yo recuerdo.

Entonces, cuando mi hermano se casó con una mujer inteligente, segura de sí misma y católica, nadie protestó. ¿Por qué habrían de protestar? Ellos estaban enamorados, y ella lo hacía feliz.

Mientras mi hermano seguía su travesía por la vida, regularmente teníamos profundas discusiones religiosas. Eran emocionantes y genuinas – cada uno de nosotros buscando nuestro propio camino, el significado y la inspiración. Nuestra relación parecía fortalecerse mientras compartíamos esta búsqueda de significado.

Su historia es complicada, pero finalmente él tomó la decisión de tomar clases y "convertirse" al catolicismo. Fue un secreto por un tiempo, pero ya no lo esconde. Durante los primeros años, yo traté de ser una buena hermana. Les cuidaba a sus hijos cuando iban a la vigilia pascual. Participé en el bautismo de sus hijas. Traté de apoyarlo con amor, esperando que fuera feliz, pese a lo mucho que me dolía silenciosamente por dentro.

Mi camino tomó un sendero muy diferente. Mi esposo es judío y creció en el mismo barrio que yo. Después de salir con algunos no judíos en la universidad, casarme con él fue como volver a casa, literalmente. Por accidente, mi esposo y yo descubrimos la riqueza del judaísmo tradicional. Yo comencé con una clase y una cena de Shabat, y me introduje cada vez más con el paso del tiempo. Yo no tomé una decisión consciente y noble de casarme con un judío, pero en retrospectiva, fue la decisión más importante que he tomado en mi vida.

Mi hermano y yo todavía tenemos conversaciones de religión – pero éstas se han transformado más en debates que en una búsqueda de significado, por lo que tratamos de evitar esas discusiones. Él me ha pedido que acepte su elección. Pero yo pienso en todos los judíos que han muerto en otras épocas, en un esfuerzo por mantenerse judíos en otros países alrededor del mundo, quienes han estudiado Torá y han observado el judaísmo, arriesgándose a la muerte y a la prisión. Pienso en los millones que murieron en el Holocausto, simplemente por ser judíos, y pienso también en la plegaria del Shemá pronunciada por sus labios, las últimas palabras que pronunciaron sus bocas antes de dejar este mundo. ¿Por qué las personas arriesgarían tanto por permanecer judíos? Hay razones muy positivas que hacen que valga la pena luchar por el judaísmo, como por ejemplo nuestra misión de ser una luz moral para las naciones en el mundo y la profunda sabiduría que tiene para ofrecer, pero eso es algo que yo no entendía hasta hace poco tiempo.

Al final, nuestras elecciones y las personas que conocimos determinaron la forma en que terminamos experimentando el judaísmo. Mi hermano fue a varias comidas de Shabat durante su periodo en la escuela de leyes, y encontró que eran muy aburridas – decía que se sentía como un extraño, especialmente durante algunos de los rezos como el de después de la comida. Nadie le explicó la belleza y el significado de todas esas nuevas cosas que estaba experimentando. Para alguien tan inteligente y educado en otras áreas de la vida, eso debe haber sido muy frustrante.

Pero mis encuentros fueron muy diferentes. Yo me sentí incluida y bienvenida, y los rituales me fueron explicados con paciencia y respeto. Me sentí atraída por sus significados y por los valores que transmiten cuando son entendidos correctamente. Mirando las cosas en retrospectiva, puedo ver que eso hizo toda la diferencia. Me dio la oportunidad de descubrir todas las cosas positivas de ser judía. Yo quería investigar más profundo, por lo que me he mantenido en este camino de aprendizaje y crecimiento desde entonces. La clave fue encontrar gente positiva de la cual aprender, y por sobre todo, una comunidad judía que me acogiese.

Mi hermano no alcanzó a aprender mucho sobre el judaísmo antes de renunciar a el.

Hasta hace poco, no me había dado cuenta del dolor que me causaba el hecho de que mi hermano rechazara su judaísmo. Yo quería respetar su elección, pero en realidad, sentía que él no había aprendido suficiente sobre el judaísmo antes de renunciar a el. Yo se lo había dicho, ¿pero qué podía hacer él ahora? Había aceptado varias veces tomar a un compañero de estudio, pero cada vez terminó la relación un par de meses después. Él continúa recibiendo saludos y correos para las fiestas judías, los cuales muestra a su familia con excitación y orgullo.

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Ambos tenemos recuerdos agridulces del judaísmo reformista con el que vivimos durante nuestra infancia, y nos damos cuenta de que éste probablemente no nos acercó mucho al judaísmo. Cuando jóvenes pensábamos que sabíamos lo que era ser judío, pero más tarde me di cuenta cuán equivocados estábamos. Como a muchos, nos dejaron solos en la búsqueda.

Nuestros padres hicieron lo que pudieron basándose en la educación que ellos habían recibido y en la sinagoga que estaba más cercana a nuestro hogar. Yo aprecio todo lo que ellos hicieron para criarnos como judíos, ya que conocí a muchos judíos seculares que no experimentaron absolutamente nada de judaísmo mientras crecían. Pero incluso una infancia con un poco de judaísmo no es suficiente para inculcar un sentimiento de orgullo y conocimiento. Los niños deberían ser expuestos a la Torá y a los elementos básicos que nos hacen ser judíos – incluyendo Shabat y Cashrut, Tzedaká y Emuná en Dios – ya que de no ser así, los niños inevitablemente tratarán de rellenar estas grietas de otra manera, como ocurrió con mi hermano y conmigo.

Al parecer mi hermano no encontró mucha resistencia por parte de la familia y de amigos por su decisión de adoptar otra religión. Yo ni siquiera lo cuestioné hasta hace poco. Sin embargo, mi decisión de hacerme más observante fue enfrentada con vacilación e incluso hostilidad por parte de algunos miembros familiares – incluso de mi hermano, aunque en menor medida. Mirando hacia atrás, al parecer en un giro de ironía, fue su decisión de abandonar el judaísmo la que me ayudó a abrazar mi fe tan completamente.

Hay una interesante caricatura que muestra a un joven utilizando tefillin. El título dice: "¿Por qué no te puedes rebelar como un adolescente normal?". Mi rebelión llegó de adulta cuando ya estaba casada con niños pequeños. De todas maneras fue molesto para nuestras familias. Divorcio, adicción a las drogas, alcoholismo, Budismo, incluso Catolicismo – eso lo podían tolerar. ¿Pero judaísmo ortodoxo? Era ir demasiado lejos.

Para ser honesta, podríamos haber hecho nuestra transición en una manera más amigable. Pero he aprendido que es muy común en las familias judías y los amigos resistirse ante la idea de ser más observante. Parece ser que los no judíos tienden a admirar la devoción, mientras que eso pone incómodos a los judíos.

Mi esposo y yo hemos continuado creciendo y hemos reafirmado cada vez más nuestra decisión; actualmente ya no es una razón para dividir a nuestras familias. Estamos enraizados fuertemente en nuestra fe y en su práctica, y nuestros hijos están cosechando los beneficios. En realidad, estamos honrando a nuestros padres con esta vida de fe que hemos creado – dedicados al bien, a los caminos de Dios y al crecimiento. Tengo la esperanza de que ellos tengan muchos najes, orgullo, de nosotros y de su hermosos nietos judíos.

Nuestros hijos a veces preguntan sobre sus parientes, tratando de entender quién es judío y quién no. Estuvimos en la casa de mis padres después de que ellos limpiaron su garaje. Mi hijo notó una caja que estaba marcada como "Januca". Ellos preguntaron excitados "¿Ustedes son judíos?". Yo quería saltar a un hoyo y esconderme. Pero es comprensible. Algunos de sus miembros familiares son judíos pero no practican mucho, por decir algo; su tío era judío pero se convirtió; su tía y sus primos no son judíos.

Mi hermano y yo elegimos dos caminos muy diferentes en base a nuestra educación judía, o a nuestra falta de ella.

Recientemente, una persona de mi comunidad, que es un modelo a seguir y que también pasó por temas similares, me dio un gran consejo. Dijo que debemos concentrarnos en nuestra familia y no tanto en lo que los otros hacen o no hacen; que debemos recordarles a nuestros hijos que no todos tienen la oportunidad de estudiar torá, y que lo que aprendemos debemos usarlo de buena forma – haciendo las mitzvot con alegría, honrando a Dios y tratando a nuestro prójimo amablemente.

Mi hermano y yo elegimos dos caminos muy diferentes en base a nuestra educación judía o a nuestra falta de ella. Su conocimiento incompleto del judaísmo lo llevo al matrimonio mixto – y finalmente a su abandono del judaísmo y del pueblo judío. Eso es muy difícil para mí de digerir, pero es la realidad. Me gustaría que él hubiese hecho más para llenar las grietas en su educación judía, y en realidad aún tengo esperanzas de que lo haga. Pero yo no lo puedo obligar.

Mi nuevo conocimiento de la profundidad y el significado del judaísmo nos llevaron a mi esposo y a mí a vivir vidas activamente judías – dándoles a nuestros hijos la oportunidad de entender su historia y quienes son. Finalmente ellos tomarán su propia decisión, pero ésta estará basada en el conocimiento – tanto judío como secular – que les permitirá navegar en el mundo con confianza y orgullo, como judíos educados.

Lo mejor que podemos hacer como padres es darles a nuestros hijos una educación judía de calidad, ser un ejemplo y estar orgullosos de quienes somos como judíos. Ser judío es algo muy preciado, y cuando se experimenta y se practica con amor, trae luz y bondad al mundo.