El 27 de abril de 1975, en un hospital de Caracas, Venezuela, Maickel Melamed comenzó su primera gran batalla: llegar a este mundo. Su cordón umbilical estaba enrollado alrededor de su cuello, lo cual lo dejo sin movimiento y con un retraso motor permanente. Melamed, quien nació con una condición llamada hypotonia, sufre hasta hoy en día de un bajo tono muscular, lo cual hace que le sea extremadamente difícil realizar cualquier actividad que requiera un poco de esfuerzo.

“Cuando nací decidí vivir, y esta fue una decisión que seguí tomando cada día de mi vida”, dice él.

Inicialmente, los doctores dijeron que él nunca caminaría o hablaría, pero eventualmente él aprendió a hablar y caminar solo. Hoy en día habla tres idiomas de forma fluida y a pesar del gran esfuerzo que le significa moverse, él hace mucho más que sólo caminar.

El hombre maratón

Melamed escaló en el 2006 la montaña más alta de Venezuela, el Pico Bolívar, la cual tiene una altura de 5.007 metros. Y luego de eso, puso sus ojos en una meta mucho más ambiciosa: correr una maratón. Durante los tres años siguientes, Maickel se sometió a un intenso entrenamiento diario, realizando en total unos 6240 kilómetros de ejercicios. Eventualmente corrió las media-maratón de Bogotá 2010 y Miami 2011, y luego completó la maratón de la Corporación Andina de Fomento en el 2012. Después postuló para correr la maratón de Nueva York, pero inicialmente lo rechazaron; fue sólo con la ayuda de Achilles Internacional, una organización que ayuda a gente con discapacidades a participar en competencias atléticas, que logró que lo aceptaran. La primera vez que visitó Nueva York, muchos años atrás, Maickel estaba confinado a su silla de ruedas; nunca imaginó que la próxima vez que visitara la gran manzana, ¡sería para correr la maratón!

Melamed completó la maratón de Chicago, cruzando la meta a la 1:30 a.m., luego de 17 horas.

El mes pasado Melamed completó la maratón de Chicago, cruzando la meta a la 1:30 a.m., luego de 17 horas. Corrió con un equipo de apoyo que incluía un fisioterapeuta, un entrenador y voluntarios que le daban ánimo. Cerca de cien seguidores le hicieron porras cuando completó la carrera. A pesar de que fue el último en llegar a la meta, todos concordaban con que él fue el verdadero ganador. “Cuando cruzas la línea de meta, piensas: 'Puedo lograr lo que sea en la vida'”, dijo Maickel.

Melamed entrena actualmente 50 horas semanales para mantenerse en forma para su próximo desafío. En febrero planea ir a la maratón de Tokyo, y el próximo año espera completar la maratón de Boston como tributo a las víctimas del atentado de este año. Su lista de logros también incluye deportes extremos como parapente, paracaidismo e incluso buceo.

Una vida extraordinaria

Melamed pasó la mayor parte de su infancia en rehabilitación. Siempre le dijeron que algún día sería normal, y eso le daba esperanzas para continuar. El punto de inflexión en su vida fue el día en que los doctores le dijeron, a la edad de 13 años, que sus sueños eran en vano, que nunca se recuperaría completamente. Le tomó varios años aceptar ese diagnóstico, y cuando finalmente aceptó que nunca sería “normal”, lo tomó como un mensaje de que estaba destinado a ser único. En lugar de dejarse abatir por ello, su incapacidad se convirtió en la fuente de inspiración para una vida llena de logros increíbles.

Tuve que luchar durante muchos años para descubrir y aceptar mi cuerpo como es, y para entender que yo era una persona completa.

“Eventualmente me di cuenta que todo aquello por lo que estaba luchando estaba errado”, recuerda Maickel. “Tuve que luchar durante muchos años para descubrir y aceptar mi cuerpo como es, y para entender que yo era una persona completa. Mi cuerpo, tal como es, es suficientemente bueno para hacer cosas increíbles. Para mí, ser una persona normal era un cuento de fantasía que dejaba que todos me contaran. Era un paraíso que esperaba cada día de mi vida, donde sería feliz por siempre. Pero en realidad, ser normal no era para mí. Yo nunca sería una persona normal y mi condición física nunca mejoraría. El no ser normal me dio la oportunidad de transformar mi vida en una historia extraordinaria”.

“Por lo general, la gente no desea ser diferente. El desafío más grande de la vida es reconocer y descubrir que uno es diferente y único, y que esa es precisamente tu mayor fortaleza. Para mí era evidente que no sería como el resto. Por lo tanto, cambié mi percepción y comencé a verlo como una ventaja en vez de verlo como un obstáculo”.

Poder mental

Cuando pequeño, Melamed asistió a la escuela judía local de Caracas, la escuela “Moral y Luces Herzl Bialik”, donde eventualmente enseñaría muchos años después. Se graduó de economía en la universidad y luego continuó sus estudios para convertirse en un psicoterapeuta Gestalt certificado. En el año 2009 ayudó a formar la organización Paz con Todo, la cual se dedica a inspirar y motivar a personas de todas las edades para que contribuyan a la paz en sus comunidades y en el mundo. Desde entonces, han trabajado junto a la ONU en Venezuela para organizar una campaña y un concierto para invitar a los venezolanos a volverse “locos por la paz”. Actualmente trabaja como orador, coach de vida, consultor y facilitador de seminarios para empresas, organizaciones, escuelas e individuos en Venezuela, Colombia, México, Perú, Costa Rica y Estados Unidos.

El tema principal de las charlas de Melamed es que cada uno de nosotros tiene la habilidad de mejorar su percepción de la realidad. “La vida tiene altos y bajos; si sólo disfrutamos los altos, entonces vamos a disfrutar sólo la mitad de nuestras vidas”, dice él. “Los momentos bajos nos sirven para alcanzar después alturas mayores. Sin oscuridad no puedes reconocer la luz. Debemos ver cada cosa como un comienzo y como un fin en sí mismo. Cada persona tiene una historia y cada persona tiene una actitud respecto a su historia. Lo importante no es lo que te pasa, sino lo que haces al respecto”.

Sus lemas son “Nada es demasiado difícil como para intentarlo”, y el que ahora es el título de su primer libro, “Si lo sueñas, haz que pase”. También suele citar al famoso mago judío Harry Houdini, quien dijo: “Mi cerebro es la llave que me dará libertad”.

Compartiendo los milagros

A medida que Melamed lograba pequeños éxitos en la vida, se fue dando cuenta que tenía la habilidad de inspirar a otros. “Descubrí que cuando lograba algo, la gente estaba feliz. Y cuando lograba algo más grande, era más gente la que estaba feliz. Por lo tanto, decidí dedicar mi vida a lograr grandes cosas para así ayudar a que la gente crea en sus propias capacidades”.

La idea de inspirar al resto le dio las fuerzas necesarias para lograr lo imposible.

“Cuando estás en la maratón y tus fuerzas se han acabado en la recta final, lo más importante es saber por qué lo estás haciendo”, explica él. “Cada paso no es sólo un paso; es una posibilidad de conectar a otra persona con sus propias capacidades de lograr cosas milagrosas. Porque cuando vives por otros, viene una energía que es más grande que tú y te ayuda a tener éxito. Cuando sueño con correr 40 kilómetros, es un gran sueño. Pero cuando mi sueño es inspirar a miles de personas, entonces los 40 kilómetros se vuelven un sueño relativamente pequeño”.

Él señala que incluso su apellido, Melamed, significa profesor en hebreo, y él efectivamente ha dedicado su vida a enseñar e inspirar a otros.

Quiero vivir una vida extraordinaria; no por mí, sino para que todos puedan darse cuenta de que ellos también pueden vivir vidas extraordinarias.

Quiero vivir una vida extraordinaria; no por mí, sino para que todos puedan darse cuenta de que ellos también pueden vivir vidas extraordinarias. Los seres humanos tienen la grandeza en su interior. Cuando miras hacia adentro es impresionante lo que descubres. Y yo quiero compartir ese impresionante tesoro con la gente. Uno puede compartir esa chispa con otros y ayudar a encender la luz del resto. Si cada uno pudiera encender otra chispa, entonces quizás podríamos hacer que este mundo fuese un lugar más brillante para vivir”.

El mensaje de Melamed sobre superar las probabilidades es uno de los mensajes principales de Januca, cuando un pequeño grupo de judíos sin entrenamiento pelearon contra el imperio más poderoso del mundo y vencieron. “Januca se trata sobre compartir los milagros y la luz con otros”, dice él. “Todos tenemos el poder de hacer milagros en nuestras vidas cuando intentamos lo imposible, y luego debemos compartirlos con otros. Podemos encontrar milagros en todas partes ya que Dios está en todas partes. Y el milagro más grande es ayudar a una persona a reconocer los milagros ocultos que hay en sus propias vidas. Cuando uno hace milagros por otros, entonces a uno también le ocurren milagros”.

Los griegos trajeron la idea de competencia a la humanidad. Sin embargo, de acuerdo al judaísmo, cada persona está compitiendo solamente contra sí misma para alcanzar su máximo potencial. Cruzar la meta es mucho menos importante que la travesía personal que te lleva hasta ese punto. La vida de Maickel Melamed es una historia real sobre qué significa ser un ganador.