Cuando era una niña pequeña en Sri Lanka, Lakshmi observaba los miles de ídolos en su templo budista y sentía un vacío. "Miraba todos esos ídolos y pensaba que no tenía ningún sentido. Ellos ni siquiera podían hablar. No sentía ninguna conexión. Les ofrendaba incienso, flores y comida y les pedía sabiduría, pero ellos no tenían ninguna manifestación de reciprocidad".

Después de haber recorrido un viaje espiritual que le llevó varias décadas y abarcó diversos continentes, Lakshmi siente que a través del judaísmo ha encontrado una relación significativa con Dios. Lakshmi en la actualidad trabaja como agente hipotecario en Toronto, Canadá, y está preparándose para su conversión ortodoxa al judaísmo en el Village Shul de Aish HaTorá.

Al llegar a la adolescencia, Lakshmi sospechaba que Dios no existía. Cuando compartió con sus padres sus pensamientos, le dijeron que "no se preocupara por Dios", porque "todos los dioses" estaban en el templo. Ella estaba convencida de que "debía haber algo más que eso", pero sentía que la religión de su infancia no le ofrecía respuestas. Las molestas preguntas teológicas seguían surgiendo ("Debe haber alguien que dio comienzo a todo"), pero ella las sacó de su mente, sin ser una atea declarada ni una budista practicante.

"Miraba todos esos ídolos y sentía que no tenían sentido"

Los padres de Lakshmi la enviaron a una escuela católica privada. Para inculcarle fe, sus amigas le dieron una Biblia. Lakshmi la leyó "para divertirse", comenzando por el principio, el "Viejo Testamento". Se sintió intrigada. "Quise saber quién era", recuerda, en referencia al Dios de Israel.

Lakshmi comenzó a explorar la fe a través de la práctica, haciendo eco de la promesa que hicieron los israelitas en el desierto de hacer primero y luego escuchar. "Comencé a rezar como un niño, diciendo: 'Dios, ¿eres real? Muéstrame una señal de que eres real'. En Isaías 55:6 hay un versículo que dice: 'Busca a Dios cuando puede ser hallado. Llámalo mientras esté cerca'. Esto me hablaba directamente", asegura, tras citar el versículo de memoria.

Lakshmi con sus hermanas

Aunque su camino comenzó en una escuela católica, Lakshmi no eligió el catolicismo. "Cuando los cristianos venían a golpear la puerta, no los recibíamos. Mi familia no aceptó el cristianismo. En Sri Lanka se lo considera como una religión occidental, no oriental", asegura, y de esta manera explica que el cristianismo siempre fue visto como algo completamente extraño y ajeno, mientras que esto nunca ocurrió con el judaísmo, que era considerado como una religión del Oriente, originado en la Tierra de Israel. Aunque también el cristianismo nació en la Tierra de Israel, Lakshmi sostiene que esta religión encontró su plena expresión a través de Roma. Su familia aceptó su decisión de convertirse al judaísmo.

Para Lakshmi, el judaísmo instintivamente tuvo sentido. Al leer los Diez Mandamientos, ella tuvo la extraña sensación de que "ya los conocía". Citando el Libro de Reyes, donde el Profeta Eliahu le pide a Dios que se revele en el Monte Carmel, Lakshmi dice que Dios "se le revela" cada día. Lakshmi planea visitar Israel y asegura que cuando se case, va a considerar la posibilidad de dejar Toronto y hacer aliá.

La conexión directa con el Dios de la Torá fue paralela a su repulsión por la idolatría del budismo que practicaba su comunidad en Sri Lanka. Esta rama del budismo theravada incorpora a los dioses del canon hindú, a diferencia del budismo mahayana que es común en China, Japón y Corea. El Buda es la pieza central de un templo que también incluye un Kovil hindú, con su colección de dioses. "Al entrar al templo, primero se sirve a la estatua de Buda, luego vas a donde están todos esos dioses y se va a cada uno de ellos. Un dios tiene sabiduría, uno tiene salud, otro tiene dinero, otro dios ofrece hijos. Todos esos pequeños ídolos", relata Lakshmi incrédula.

En la teología budista, el Buda no es un Dios, sino un líder espiritual. Pero en la práctica, Lakshmi sentía que Buda era deificado y adorado como un ídolo. "Buda nunca dijo que debían adorarlo. Él era un maestro. Pero cuando murió, la gente lo convirtió en un ídolo. En el templo, se le ofrecen flores, frutas e incienso, y se medita frente a la estatua del Buda. No te enfocas en él, pero él es el punto de referencia. Lo miras a él. Es el centro de todo. Hay una estatua gigante. Yo sentía que era idolatría".

Lakshmi con su familia.

Lakshmi no es la primera en caminar por la cuerda floja entre el judaísmo y el budismo. En su libro de 1994, The Jew in the Lotus, Roger Kamenetz se refirió a los judíos que hicieron el camino espiritual contrario, adoptando formas de budismo. Lakshmi suspira. "Uno no necesita irse al budismo para encontrar espiritualidad. Está en tu propio patio". Ella sospecha que los llamados JUBU (judíos budistas) "no tienen un claro entendimiento de Dios", por lo que se ven obligados a buscar en otro lado.

No puedes servir a dos reyes. Dios es uno.

Ella también sospecha que los judíos pueden verse atraídos hacia el budismo porque es una forma de vida más sencilla. "Tal vez sienten que no pueden someterse a todas las reglas y el budismo es más relajado", especula. "No debes rendir cuentas ante nadie, nadie te observa… Pero en el judaísmo, los ojos de Dios están constantemente sobre ti".

¿Hay algunas afinidades entre el judaísmo y el budismo? "El budismo ofrece mucha sabiduría, y el judaísmo se trata por completo de sabiduría", afirma Lakshmi, resaltando que debido a que está en su camino de conversión, no se siente calificada para hablar con autoridad sobre el contenido del judaísmo. Pero a ella no le interesa habitar ambos mundos. "Como dijo Iehoshúa:'Elige a quién vas a servir'", insiste Lakshmim apoyándose en su interminable repertorio de citas bíblicas que aprendió de memoria.

"No puedes servir a dos reyes. Dios es uno".