Yaffy Newman es la hija de Biniamín Israel z''l, de bendita memoria, un amado miembro de Young Israel de Hollywood y un orgulloso judío afroamericano. Biniamín falleció hace aproximadamente un mes.


Nunca voy a olvidar cuando, a través de la ventana, vi la silueta de mi padre detenerse bajo la lluvia esa noche oscura.

—¿Qué hace aquí?

—¿Perdón?

—¿Qué hace en esta propiedad?

—Vivo aquí oficial, es mi casa.

—Por favor camine hacia el vehículo policial con las manos en alto.

—Oficial, ¿puedo preguntar por qué? Estoy en mi propiedad.

—ALÉJESE DE LA CASA. ¡AHORA!

La mano del policía se dirigió hacia la funda de su arma.

Observé a mi padre ponerse rígido, con los brazos en alto, dar un paso para alejarse de la casa que compró tras ahorrar durante años y lentamente abrir la boca para hablar.

—Por favor oficial, no levante la voz. Mi hija de siete años duerme adentro de la casa. No quiero que se despierte y vea esto.

—Necesito algún documento de identificación.

Mi padre le dio al oficial su documento de identidad.

—Oficial, hace más de veinte años que soy miembro de esta comunidad judía. Si quiere puedo llamar al rabino de la comunidad para que lo convenza de que realmente soy el dueño de esta casa. ¿Quiere que lo llame?

—¡ALÉJESE DE LA CASA!

Mi madre, asustada por los gritos, corrió hacia la puerta. Ella me vio observando por la ventana. Me pidió que me fuera a la cama y comenzó a suplicarle al oficial que por favor bajara la voz. Le dijo que yo estaba despierta, escuchando aterrorizada.

Alguno autos que pasaban por la calle comenzaron a reducir la velocidad frente a nuestra casa. De pronto, el oficial dio media vuelta, entró a su auto y desapareció, todo el tiempo con el arma en la mano.

Mi padre revisó el informe policial. Nadie llamó al oficial a nuestra residencia. No recibieron ninguna queja. El oficial patrullaba por la zona, vio a un hombre negro fuera de nuestra casa y decidió que podía ser peligroso y que era algo que "no pertenecía a ese lugar", principalmente por el color de su piel.

Esto ocurrió hace muchos años, pero esa noche sigue viva en mi memoria.

Mi padre falleció hace un mes tras una larga batalla contra el cáncer. Él era un persona negra orgullosa. Él estaba increíblemente orgulloso de las contribuciones que la comunidad afroamericana hizo a los Estados Unidos. Él estaba conectado con su herencia y su cultura africana. Formaba parte de un consejo de la ciudad dedicado al desarrollo de la comunidad negra y él personalmente creó muchos programas para apoyar a los jóvenes afroamericanos.

Pero él fue dolorosamente honesto respecto a lo que significa ser una persona negra en Norteamérica.

Él nos contó innumerables historias respecto a crecer durante los años 40 y 50 y sobre el movimiento de los derechos civiles en los años 60.

Él nos contó sobre golpizas no provocadas en las calles, otras veces ser considerado un criminal por el color de su piel. Esas historias fueron la base de mi infancia; las historias que me contaban antes de dormir, mis advertencias, el legado que mi padre sentía que necesitaba enseñarme para que yo pudiera navegar la vida en los Estados Unidos como una mujer negra. En mi casa aprendí sobre la abolición de la esclavitud y el fin de la segregación, de mi padre, que comenzó a enseñármelo cuando era muy pequeña.

Cada día cantaba en la escuela con mis compañeros sobre la tierra de la libertad y el hogar de los valientes y por eso pensaba que los atemorizantes relatos de mi padre eran historias antiguas y ya no afectarían mi vida.

Pero esa noche en la lluvia, el entender cómo otros veían a mi padre, eso me robó la inocencia.

Esa noche en la lluvia me obligó a convertirme en una pequeña (luego una joven y ahora una adulta) endurecida, obligada a cargar un peso que a menudo es invisible para la comunidad judía, una bella comunidad en la cual nací y crecí. El amor y la aceptación que sentí ayudaron a dar forma a una gran parte de lo que soy. Sin embargo, hay partes de mi vida en las que tuve que tragar en silencio los momentos racistas y las pequeñas agresiones que fueron una parte de mi existencia.

Construí una bella vida, pero es un proceso continuo. Hay un murmullo que siempre se mantiene de fondo.

Sentirse sola a pesar de ser parte de una comunidad que amo.

Sentir que no me ven de verdad, cuando algunas personas sólo se fijan en el color de mi piel.

Sentir que no me escuchan cuando es difícil escuchar lo que comparto.

Pero ahora lo comparto.

Con la esperanza de que ese bullicio no ahogue mi experiencia personal y lo que esta debe ser.

Un día espero ser bendecida con hijos, y es posible que ellos se vean como yo.

Me quebraría el corazón tener que impartir las pesadillas de la vida real de mi padre a otra generación, mientras rezo que sólo tengan dulces sueños.

Y cuando despierten, me aseguraré de que conozcan el legado de mi padre que fue un judío afroamericano orgulloso. Sé que los educaré para que también ellos lo sean.