Justin Goldberg necesitaba una conexión espiritual más profunda. Su visita anual al shul, en las Altas Fiestas, no era suficiente. Siendo estudiante de la Universidad de Georgia de Atenas - el hogar de todo tipo de espiritualidad New Age y oriental que te puedas imaginar, Justin comenzó a asistir a clases de meditación oriental. Recitando un mantra una y otra vez, alcanzó un elevado estado de consciencia que sólo podía describir como “alto”.

Los mejores momentos de su día eran sus dos sesiones de meditación, media hora en la mañana y media hora en la noche, los momentos en que podía conectarse a algo más elevado. Pero cuando terminaba su sesión de meditación, volvía al “mundo real”, perdiendo la sensación de conexión y éxtasis. Quería algo duradero.

“Si realmente quieres estar elevado todo el tiempo, tienes que conocer a la gurú”.

Finalmente se acercó a su maestra de meditación y le contó su problema. “Amo meditar, y la elevación que me trae, pero no quiero bajar de nuevo después de terminar la sesión. Quiero estar elevado las 24 horas, los siete días de la semana”.

“¿Quieres estar elevado todo el tiempo?”, preguntó la maestra retóricamente. “Es fácil. Si realmente quieres estar elevado todo el tiempo, tienes que conocer a la gurú. Mi gran y santa maestra vendrá a Estados Unidos desde la India en unas semanas. Puedes visitarla en Nueva York y pedirle un mantra. Con él, ¡estarás elevado todo el tiempo!”.

Unas semanas después, Justin y un grupo de amigos hicieron el agotador viaje de 12 horas desde Georgia a Nueva York para encontrarse con la gurú. Todo el camino estuvieron alborotados por la excitación, anhelando la oportunidad de obtener un mantra especial – un nombre divino secreto de una deidad hindú – para conectarse con la espiritualidad.

Finalmente arribaron a la gran iglesia donde la gurú estaba atendiendo a miles de invitados y devotos. La iglesia estaba abarrotada con una multitud heterogénea – devotos en atuendos indios tradicionales, hippies, hombres de negocios, yuppies, estudiantes universitarios y más – un poco de cada grupo social de la ciudad. Los devotos se sentaron con las piernas cruzadas en el escenario, tocando música india de ensueño, mientras centenares de personas se alinearon para encontrarse con la gurú. Cuando Justin y sus amigos entraron en la iglesia, los devotos les instruyeron ponerse en una de las dos filas, una para recibir un abrazo de la gurú y la otra para obtener un mantra. A pesar de que la mayoría de los espectadores había venido solamente por un abrazo, Justin y sus amigos se unieron a la selecta fila para entrar al círculo íntimo de la gurú.

Mientras esperaban, una de las devotas explicó las reglas para recibir un mantra. “Para recibir un mantra de la gurú, tienes que aceptar sobre ti algunas condiciones”, le explicó la joven a la multitud expectante. “Primero, al aceptar este mantra, estás aceptando a la gurú como intermediaria entre tú y Dios. Ella te conectará al amor infinito de lo sagrado. Segundo, debes aceptar desde ahora sobre ti rezarle exclusivamente a ella. A su vez, ella intercederá por tu beneficio, dirigiéndose a Dios para rezar por ti. Por último, debes aceptar que ella es tu gurú y maestra, un ser totalmente perfecto e iluminado. En retribución, ella aceptará responsabilidad absoluta por tu espiritualidad”.

De repente, en la cabeza de Justin estallaron luces rojas y sirenas. ¡No puedes hacer esto! ¡Es idolatría! No pasó mucho tiempo en la escuela hebrea cuando era chico, pero de repente recordó el episodio de la historia de Purim en el que Mordejai se rehusó a postrarse ante Amán. Los judíos no nos postramos ante personas, recordó. Sólo nos reverenciamos a Dios. En ese momento, Justin no sabía por qué adorar a Dios a través de una persona estaba mal. Fue mucho más adelante que aprendió que, de acuerdo al judaísmo, todo ser humano tiene la capacidad de desarrollar una relación directa con el Creador, sin la necesidad de un intermediario.

A pesar de toda la expectación durante el viaje de 12 horas, Justin se escapó en silencio de la fila y se puso en la otra fila, para recibir un simple abrazo. Miró ansiosamente a sus amigos en la otra fila, en su camino a incorporarse al círculo de los devotos. Durante todo el viaje de regreso a casa, sus amigos estaban en éxtasis, meditando sobre sus mantras nuevos, mientras él estaba totalmente fuera de sí. ¿Por qué abandoné todo eso? se preguntaba. ¿Qué diferencia hace que sea judío?

La gurú es conocida como la “Gurú Muñeca de Repollo”, por las populares muñecas hechas a su imagen que son vendidas por sus seguidores a 180 dólares cada una. En el auto, los amigos de Justin besaban con adoración las réplicas en miniatura de la gurú. “La gurú es una imagen perfecta de Dios, y ésta es una imagen de la gurú”, le explicaron ellos. Las alarmas seguían sonando en su cabeza, pero seguía sin saber por qué las escuchaba.

“Si estás buscando espiritualidad”, respondió el rabino, “no la vas a encontrar en el judaísmo”.

Después de regresar a casa, Justin fue a hablar con el rabino de la sinagoga donde creció. “¿De qué se trata el judaísmo?”, preguntó Justin. “¿Cómo puedo encontrar espiritualidad en él?”.

“Si estás buscando espiritualidad”, respondió el rabino, “no la vas a encontrar en el judaísmo”.

Desalentado, Justin regresó a la universidad y volvió a su clase de meditación, desde donde había empezado. Unas semanas después, un muchacho entró a la clase de meditación y anunció que él estaba empezando una clase de meditación judía. Justin nunca había escuchado semejante cosa, y aprovechó la oportunidad. Resultó ser que el maestro acababa de volver de unos meses en una Ieshivá en Israel. En un esfuerzo por retener lo que había aprendido, decidió enseñárselo a otros. Juntos, estudiaron textos judíos tradicionales sobre espiritualidad y meditación. Justin estaba helado al descubrir que el judaísmo tenía una rica tradición mística.

Mientras continuaba aprendiendo sobre judaísmo, Justin decidió tratar de integrarlo a su práctica diaria de meditación. Al principio, comenzó poniéndose su talit (un chal para el rezo) del bar mitzvá para meditar. Luego, decidió comenzar su sesión diciendo el Shemá – el “mantra” diario judío, que se centra en la Unicidad de Dios. Se sorprendió al encontrar que el judaísmo tradicional era más parecido a su práctica de meditación oriental que a su educación en la escuela hebrea. Se dio cuenta que el rezo del Shemá era una meditación mucho más profunda que simplemente declarar la creencia en un Dios en lugar de dos. Proclamar la Unicidad de Dios significa que no hay nada más que Él. La única forma en que podemos definirlo es decir que no tiene “fin”. Dios es todo lo que existe, la materia y la energía sólo son diferentes manifestaciones de Dios. No hay nada además de Él.

Justin también descubrió que el judaísmo no enfatiza el “elevarse” por la espiritualidad. Aprendió que el objetivo de la espiritualidad es dar pasos pequeños y seguros que conduzcan a un crecimiento y desarrollo duradero. La idea no es alcanzar un estado temporario de éxtasis, sino incrementar constantemente la conciencia y la sensibilidad, e integrarlas en la personalidad propia de un modo equilibrado. Las experiencias espirituales son muy valiosas, pero no son el objetivo. El objetivo es como subir constantemente una montaña – no llegar a un destino. La espiritualidad no consiste en estar elevado todo el tiempo. Consiste en trabajar, escalar y crecer hasta los 120 años – incluso en los momentos difíciles.

Después de unos pocos meses de estudiar espiritualidad y meditación judía, Justin decidió ir a estudiar a Israel. Allí, no sólo se sumergió en la filosofía judía, sino que también se rodeó de judíos que están viviendo y practicando su judaísmo día a día. Justin estaba profundamente impresionado por la belleza del estilo de vida judío, que se las ingenia para combinar meditación, familia y carrera de manera balanceada. Después de un año de estudio intensivo, Justin volvió a Baltimore, donde conoció a su futura esposa. Cinco años después hicieron aliá a Israel con sus tres hermosos hijos para vivir una bien merecida y elevada vida.

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