Sheryl Youngs nació en una devota familia de cristianos que observaban el sábado, adherentes a la iglesia Adventista del Séptimo Día. Su padre, el Hermano Víctor Youngs, era el pastor de su iglesia, un líder carismático que a lo largo de los años condujo muchas ceremonias de bautismo. Sin embargo, había una pequeña que obstinadamente se negaba a ser bautizada: su hija Sheryl.

A los 16 años, finalmente sucumbió a la presión familiar y permitió que la bautizaran. Cuando le pidieron que firmara el certificado de bautismo que declaraba un compromiso de por vida a servir como una "vid floreciente de su Salvador", ella se negó. No quería venderse a una religión de la que no estaba 100% segura que era la verdad.

Una adolescente con muchas preguntas

Durante su adolescencia, Sheryl tenía muchas preguntas, intuitivamente buscaba llegar a conocer a su Creador.

"Cuando tenía 14 años asistí a un campamento juvenil con un grupo de nuestra iglesia. Una noche, todos estábamos sentados alrededor de una fogata, cantando y rezando. Por alguna razón, la belleza del servicio no me satisfacía. Al contrario, sólo intensificaba el anhelo implacable que sentía. Quería algo más.

La familia Youngs. De izquierda a derecha, en la fila de atrás: yo, mi madre y mi padre.

"Caminé por una colina boscosa y miré hacia el cielo que se extendía por encima de los pinos altísimos. Las estrellas parpadeantes parecían estar muy cerca. Me sentí profundamente conectada con Dios. En lo más profundo, me surgió un nuevo pensamiento. Dios, el Creador del cielo magnífico que había sobre mí, sin dudas era lo suficientemente grandioso como para escuchar mi plegaria. Me dije a mí misma: "Si el Dios del universo es tan poderoso como para crear estos cielos, entonces sé que puede escuchar mi plegaria. ¡No necesito un intermediario! ¡De ahora en adelante sólo voy a rezarle a Dios mismo!".1

Sheryl era una lectora voraz que devoraba apasionadamente libro tras libro en su búsqueda por llegar a conocer a Dios y saber cuál era su propósito en el mundo. Las siguientes palabras de Tolstoi la dejaron pensando: "'Estas son las grandes preguntas de la vida que todos deben responder: ¿Hay un Dios? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Existe recompensa y castigo? ¿Cuál es el propósito de la vida?'. Estas preguntas alimentaron mi deseo de saber más. Mientras más leía más comprendía que tenía que haber mucho más por descubrir. Comencé a llevar una lista de libros que estaba decidida a conseguir para leer. Mi padre una vez dijo en broma que yo le recordaba a un alcohólico buscando un trago, y en sus palabras había algo de verdad. Leía como una persona poseída, devoraba libro tras libro en mi búsqueda de respuestas".

Aunque tenía muchos cuestionamientos, Sheryl temía expresar sus preocupaciones. Comenzó a buscar respuestas dentro del contexto de diferentes ramas del cristianismo, pero en cada iglesia encontraba nuevas prácticas y creencias que eran contrarias a su percepción de Dios.

Su leve antisemitismo y su desconfianza por los judíos le impedía investigar seriamente al judaísmo.

Al entrar a la universidad, decidió estudiar todas las religiones del mundo. La sociedad de la que venía le había transmitido un leve antisemitismo y cierta desconfianza por los judíos, lo que le impidió investigar seriamente al judaísmo. En cambio, decidió estudiar el Corán, pero no logró entenderlo.

El Colegio Bíblico

Sheryl decidió continuar su educación en el Colegio Bíblico del Medioeste, en Missouri, lo que resultó ser un punto clave en su vida. En el Colegio Bíblico Sheryl conoció a John Massey, un erudito de la Torá y el hombre con quien se casaría.

"En la adolescencia, tuve dudas y miedos respecto a la religión, pero la… reacción del cristianismo hacia las personas con cuestionamientos fuera de lo habitual, me impidió verbalizar mis pensamientos inquietantes. Durante años les di vuelta una y otra vez en mi mente mientras continuaba mi búsqueda solitaria. Irónicamente, precisamente en ese colegio misionero encontré los primeros huecos en mi sistema de creencias. Allí supe que el Nuevo Testamento había evolucionado a partir de una colección de cartas que habían decidido escribir meros mortales, hombres que ni siquiera proclamaban haber recibido profecía.

"Y en el colegio misionero, a los 19 años, finalmente encontré alguien con quien podía hablar… Una noche de verano, estaba con [mi amiga y maestra] Jewell bajo los robles frente a su casa. Estábamos hablando sobre la Biblia y Jewell me dijo que a ella le molestaba la práctica de nuestra religión de extraer sólo unos pocos mandamientos del Viejo Testamento e ignorar el resto. Sus palabras activaron algo en mi interior. Yo había tenido esa pregunta durante años. Esta era la primera vez que escuchaba a alguien verbalizarla".

Jewell fue también quien sugirió que Sheryl tuviera una cita con John Massey. Poco después, los dos se comprometieron y decidieron establecer su hogar en Georgia, cerca de los padres de John.

Mudarse a los Apalaches

Allí Sheryl recibió el shock de su vida. Aunque ella había entendido que sus suegros vivían una vida mucho más simple de lo que ella estaba acostumbrada en el sur de California, hasta después de la boda no comprendió completamente el grado de la diferencia.

Los niños con su padre en el aserradero

Ella había imaginado vivir en una agradable casa de campo con una cerca blanca. En cambio, su hogar era una pequeña habitación en la parte trasera de la casa de sus suegros, en lo más profundo de las montañas Apalaches. Eran los años 70 y Sheryl tuvo que acostumbrarse a un hogar sin cañerías interiores; un lugar donde una relajante ducha caliente era un lujo imposible y el retrete estaba fuera de la casa.

Cuando estaban estudiando, John presentaba la imagen perfecta de un hombre moderno. Él daba la imagen de ser un hombre inteligente con su traje y conducía un buen auto. Sheryl tenía todas las razones para creer que él estaba acostumbrado a los mismos estándares de clase media que ella. La mentalidad de Sheryl, al haber crecido en los años 60, era un poco anti materialista y no la alarmaba demasiado la idea de "pasarla un poco mal". Sin embargo, el comienzo de su vida matrimonial se vio desafiada por las marcadas diferencias culturales que surgían a casa paso. El nuevo estilo de vida de ritmo lento al que se vio expuesta al comenzar su familia entre la gente de la montaña estaba a años luz de cualquier cosa que Sheryl hubiera podido imaginar.

Una familia en transición

Desde pequeña la habían acostumbrado a no quejarse y había aprendido que lo mejor era directamente no sentir. Sus padres creían que los niños eran inherentemente malvados y creían firmemente en el castigo corporal. Las medidas disciplinarias de su padre serían consideradas demasiado duras de acuerdo con lo aceptado hoy en día. También le habían enseñado que su obligación era someterse a la voluntad de su esposo. Por lo tanto, a pesar de estar desconcertada por sus nuevas circunstancias, nunca pensó en desafiar a su marido.

Sheryl trabajó duro para adaptarse y aceptar su nueva vida. Con el tiempo aprendió a sacar agua del pozo, a encender el fuego, a hacer las galletas de mantequilla y leche de la abuela y a matar al ciervo que sus hijos habían cazado para preparar la cena.

Una pionera de la educación en el hogar

Walker County, Georgia, donde John y Sheryl vivían con su familia, era famosa por su poco exitoso sistema de educación pública. Sheryl nunca conoció a nadie de esa zona que tuviera una educación universitaria. La gran mayoría de los adultos ni siquiera habían terminado la escuela primaria y el 40% de la población era analfabeta. Sheryl estaba decidida a educar a sus hijos en el hogar (homeschooling), una decisión que había tomado en respuesta a su propia exposición a la carencia de valores morales en el sistema de escuelas públicas en los Estados Unidos. A pesar del hecho de que educar a los hijos en el hogar era ilegal en Georgia y que los trabajadores de servicios sociales incluso los amenazaron con llevarse a sus hijos, Sheryl se aferró a su visión. Ella siempre había sido idealista y al convertirse en madre canalizó su pasión hacia la educación de sus hijos.

Samuel y nuestro caballo, Buckshot

"Mis lecciones incluían mucho más que el currículum estándar de lectura, escritura y aritmética… Yo también me aseguraba de incorporar muchas lecciones de vida en nuestras discusiones. De esta manera pude inculcar en mis hijos actitudes y valores que su padre y yo cultivamos a lo largo de los años. También les leía el Viejo Testamento… A mi lección favorita la llamé 'hombres exitosos', algo que convertí en una herramienta para lograr que mis hijos pensaran más allá del deseo de gratificación inmediata que había en la sociedad. Quería que ellos tuvieran la oportunidad de un futuro más brillante, que crecieran y se convirtieran en hombres con una visión que construirían para sí mismos vidas más allá de la miseria que empantanaba a nuestra sociedad de personas simples y rústicas".

Excepto por unos pocos años en los que vivieron cerca de una reserva india en Oklahoma o cerca de su madre viuda en Joplin, Missouri, Sheryl pasó la mayor parte de los siguientes 23 años en los Apalaches. Materialmente la familia vivió en una pobreza incesante. Sheryl luchó con todas sus fuerzas para mantener a su familia abrigada y alimentada. Pero a pesar de todas sus privaciones, los Massey fueron bendecidos con una hermosa familia de diez niños sanos y bien adaptados.

Separarse de la iglesia

Espiritualmente, ellos habían comenzado su propio camino. A comienzos de su matrimonio, el profundo estudio de la Biblia de John lo había llevado a rechazar al cristianismo, algo que había devastado a Sheryl que era sumamente devota. A pesar de que ella había tenido dudas prácticamente durante toda su vida, sus padres habían logrado inculcarle la creencia respecto a que aceptar a su salvador garantizaba la salvación eterna. Ella estaba demasiado asustada incluso para contemplar la posibilidad de alejarse del cristianismo. Era un riesgo que ni siquiera se atrevía a soñar. Durante siete años la pareja estuvo en desacuerdo respecto a sus puntos de vista personales sobre la religión. Sheryl intentó todo para que su marido volviera a sus raíces. Finalmente, después de todos esos años, ya estaba agotada. No quedaba nada más que pudiera intentar. Con el corazón quebrado, rezó pidiéndole a Dios que llevara a su esposo de regreso a sus raíces, y agregó: "Y si él está en lo cierto, ayúdame a ver la verdad".

La vez siguiente que abrió la Biblia, Sheryl sintió como si le encendieran una luz y salieron al foro todos los cuestionamientos respecto al cristianismo que había tenido a lo largo de su vida. Sheryl comenzó a ver la validez en las creencias de John y decidió seguir a su marido.

Una de las partes más difíciles de pertenecer a esta religión era la sensación sofocante de que no hay nada más que aprender.

"Había luchado conmigo misma durante décadas tratando de entender las contradicciones entre mi religión y mi propia relación con el Creador. Una de las partes más difíciles de pertenecer a esta religión era la sensación sofocante de que no había nada más que aprender. Como un individuo pensante, yo había formado mis propias impresiones del mundo. Miraba a los cielos y veía un firmamento interminable. La oscura expansión del cielo nocturno, salpicado de multitudes de estrellas, brillantes rayos de luz que se fusionaban en gigantes galaxias, todo eso daba prueba de la inmensidad del universo y el más allá. En contraste con la alucinante infinitud del mundo, la complejidad inherente al ADN incluso de las células microscópicas de mi dedo más pequeño, me decía que eso era una gran prueba de una Inteligencia infinita que me asombraba.

"Después de ser testigo presencial de la grandeza del mundo físico, me preguntaba cómo era posible que el mundo espiritual fuera tan simplista y estrecho. Si el mundo físico está impregnado de una sensación de infinito, ¿por qué el mundo espiritual iba a ser tan limitado, abarcando sólo unas pocas creencias y prácticas? ¿Acaso la religión no debía ser al menos tan intrincada como el mundo físico?

John y Sheryl creían en un único Dios que había creado el mundo y le había dado a la humanidad el Viejo Testamento. Ellos continuaron descansando en Shabat. Ya no iban a la iglesia, lo que alejó a su comunidad y a su familia. Estaban solos.

Podrían haberse quedado en esa montaña, observando su propia idea de la religión hasta el día de hoy, si Sheryl no hubiera comprendido que sus hijos crecían y necesitaban alguna clase de comunidad donde pudieran encontrar parejas y establecer sus propias familias.

En busca del pueblo de Dios

John fue el primero que sugirió investigar el judaísmo, porque reconoció que los judíos también descansaban en el Shabat y estudiaban el Viejo Testamento. Su primera incursión hacia el judaísmo los llevó a una congregación conservadora en Chattanooga, Tenesseee. Sheryl se quedó muy impresionada con el rabino, un educado graduado de Harvard, y se sintió profundamente inspirada por la ceremonia del Kidush. Durante un tiempo asistieron allí a los servicios, hasta que se desencantaron por la forma de vestir de algunos de los feligreses y decidieron seguir adelante con su búsqueda.

El siguiente paso fue un templo reformista en Rome, Georgia, pero no hubo nada del templo ni del servicio que les hablara a los Massey. Entonces John se encontró con el Rav Michael Katz, un rabino ortodoxo en Chattanooga. Los hijos de la familia Massey recuerdan la emocionada declaración de su padre tras su encuentro con Rav Katz. "¡Por primera vez en mi vida encontré una persona que puede responder mis preguntas!". Cumpliendo con la directiva de la Torá de rechazar a los posibles conversos, Rav Katz sugirió que asistieran a una congregación Unitaria Universalista. Sin embargo, los laxos estándares morales de esa congregación no permitieron que el lugar les interesara a los Massey.

Durante el año siguiente, dejaron en suspenso su búsqueda y pasaron el tiempo en la montaña, siguiendo sus propias creencias religiosas. Luego John volvió a intentarlo con Rav Katz. Esta vez, el rabino trató de desalentarlo diciéndole que los servicios se llevaban a cabo en hebreo, un idioma que no podría entender. John no se desanimó, por lo que Rav Katz lo invitó a él y a sus hijos mayores a la sinagoga. Con el tiempo, la familia Massey fue invitada para Shabat.

Sheryl y sus hijos se quedaron cautivados por la belleza del Shabat judío. Como observantes del sábado, el concepto le resultaba conocido, pero ella sentía que era algo vacío en comparación con lo que tenían los judíos. Le encantó la forma en que Rav Katz interactuaba con sus hijos y estaba fascinada de que la Rebetzin Toby Katz pudiera responder algunas de las preguntas que la molestaban. Sheryl fue la primera en decidir que le gustaría convertirse. Después de un tiempo, John comenzó a investigar el movimiento noájico.2

David, justo después de la conversión.

Los hijos de la familia Massey estaban creciendo, y el hijo mayor, Joey, decidió seguir adelante en su búsqueda espiritual sin esperar la decisión de sus padres al respecto. Se compró una camioneta y comenzó a viajar cada día a Atlanta para estudiar Torá. Joey acepto la Torá como la verdad suprema y comprendió que lo único que se esperaba de él era que observara las siete leyes noajicas. A Joey le encantaba la caza, los bosques, la gente de la montaña y toda la cultura en la que se había criado. En comparación, la ciudad le resultaba fría y extraña. Joey luchó para llegar a elegir entre las opciones que se le presentaban; convertirse al judaísmo o seguir siendo un hijo fiel de Nóaj. Su mayor temor era que su familia no lo siguiera al judaísmo, pero a pesar de eso él decidió convertirse. Él sintió que a través del judaísmo y al observar las 613 mitzvot, forjaría una relación más cercana con Dios. Joey se mudó a Atlanta y se convirtió. Poco después llegó su hermano Nate y también el resto de la familia.

Sus cuatro hijos mayores se convirtieron al judaísmo y viajaron a Jerusalem a estudiar en una ieshivá.

En el transcurso de unos pocos años, los cuatro hijos mayores de Sheryl y John se convirtieron al judaísmo y viajaron a Jerusalem para estudiar en una ieshivá. El quinto siguió las huellas de sus hermanos. Al mismo tiempo la fe de los Massey fue puesta a prueba una y otra vez. Tras haber dado a luz a diez hijos sanos, Sheryl tuvo su décimo primer hijo, una pequeña niña cuya condición médica era incompatible con la vida. Ella murió al mes de haber nacido.

La familia estaba devastada y Sheryl estaba ahogada de dolor. En medio de la crisis, el matrimonio se derrumbó y John y Sheryl se divorciaron.

Encontrar la paz en la Tierra de Israel

Dos años más tarde Sheryl se convirtió junto con sus hijos menores y adoptó el nombre Tzirel Rut. Se fue con el resto de la familia a vivir en Israel, donde finalmente la familia volvió a reunirse. (El padre los siguió y se convirtió algunos años más tarde). Allí finalmente Sheryl encontró la paz después de años de búsqueda y sufrimiento.

"Estaba en el sitio más sagrado del mundo, en el Muro Occidental, el remanente del glorioso Templo que una vez adornó la tierra… Durante toda mi vida había rezado, volviendo mi corazón hacia el Creador de los cielos y las estrellas, rogándole que me ayudara en la travesía de mi vida. Había prometido servirle, pero no sabía cómo hacerlo. Sola y vacía, ignoraba la verdad, arañaba la tierra mientras trepaba lenta y laboriosamente el accidentado terreno de la expedición que había sido mi vida.

"…Ahora mi alma se apresuraba para encontrar mi lugar entre todas las mujeres que parecían estar sumergidas en plegarias y conectadas con Dios. Me contuve y caminé hacia la plaza. Sentía un inmenso agradecimiento porque finalmente era capaz de conectarme con mi Dios en medio de una multitud de almas que deseaban exactamente lo mismo".

En Israel, finalmente el sueño de Tzirel Rut se volvió realidad al estar sentada en su mesa de Shabat rodeada por sus diez hijos judíos, escuchando los cantos melódicos de sus hijos y de sus amigos. Ella alquiló un departamento en un pequeño pueblo en desarrollo en las montañas de Judea. Su espíritu innovativo y pionero la impulsó a arremangarse y comenzar a trabajar para construir la comunidad angloparlante local. Tzirel Rut organizó clases de Torá y trajo oradores, y rápidamente se convirtió en un miembro conocido y amado de su comunidad.

Un extracto de una carta que escribió a sus amigos judíos en los Estados Unidos expresa estos sentimientos:

"Siento que todas las experiencias de mi vida me trajeron hasta este momento. Dios siempre me puso en situaciones en las que no tenía a nadie a quien seguir, obligándome a abrir mi propio camino. Aquí, en esta ciudad en crecimiento, tengo una sensación de destino. Con la ayuda de Dios seré una pionera y abriré nuevos caminos, sólo que esta vez construyo en suelo sagrado, en medio de una nación santa. Esta vez todo será para siempre".

Después de estar sola durante siete años, Tzirel Tur se casó con el hombre de sus sueños. Abraham, un judío jasídico, que había crecido en Nueva York y que al igual que ella había conocido el dolor de un fracaso matrimonial, además de sufrir durante toda su vida de una enfermedad que lo incapacitaba.

La abuela Grimm nació el 25 de marzo de 1828. Se casó a los 15 años y en el momento de su muerte, a los 92 años, tenía 238 descendientes. Ella encendía fielmente sus velas los viernes a la noche.

"No podíamos venir de lugares más diferentes. Abraham había crecido en Crown Heights y estudió en el jéder con el Rebbe de Boyan. El sur de California y las montañas Apalaches están muy lejos de Crown Heights…

"A pesar de todo eso, Abraham y yo encontramos muchas cosas en común. Hay algo respecto a las experiencias dolorosas de la vida, sin importar cuál sea su fuente, que acerca a los sobrevivientes. Nuestras historias pasadas, en las cuales ambos habíamos trabajado duramente, quitando piedras metafóricas y luchando contra la tierra reseca y endurecida, dio como resultado un suelo arcilloso y oscuro del que brotaría nuestro futuro compartido. Las digresiones de nuestras vidas nos obligaron a ambos a superar nuestras limitaciones físicas y desarrollar una perspectiva más espiritual de la vida. Esta fuerza se convirtió en la piedra angular de nuestra relación, la base del profundo entendimiento que se desarrolló entre nosotros. Nos convertimos en verdaderos socios en todos los sentidos. Además, éramos los mayores admiradores del otro".

Al casarse con Abraham, finalmente Tzirel Rut pudo dejar atrás su infancia difícil y tuvo el mérito de construir un hogar cálido y pacífico en donde sus hijos y sus nietos se sintieron amados y bienvenidos.

El inusual camino de Tzirel Rut y su personalidad carismática la convirtieron en un imán para muchos judíos en búsquedas espirituales. ¿Su mensaje para ellos? "Yo busqué por los cuatro rincones del mundo, tratando de encontrar la receta para la vida, y después de todos mis esfuerzos, honestamente puedo decirles que lo he encontrado en los judíos".


Notas:

  1. Todas las citas fueron tomadas de la autobiografía de Sheryl: "The Mountain Family", Mesorah Publications.

  2. Después del Gran Diluvio, Dios le ordenó a Nóaj y a sus hijos observar siete mandamientos. Estos incluyen las prohibiciones de idolatría, robo, inmoralidad, asesinato, blasfemia y sacar un miembro de un animal vivo. El séptimo mandamiento es establecer cortes de justicia. De acuerdo con la Torá, estos son los mandamientos que debe cumplir un no judío para vivir una vida recta.