Nosotros, los miembros de la comunidad de la Ciudad Vieja de Jerusalem, creíamos conocer a Gershon Burd. La gente de la Ieshivá, donde él trabajaba y estudiaba tiempo completo, creían conocer a Gershon. Batya, su esposa de diez años y madre de sus cinco hijos, creía conocer a Gershon.

Sólo después de que Gershon se ahogara en el Mar Mediterráneo el 4 de octubre —en su cumpleaños número 40— fue que la verdad, o al menos una parte de ella, salió a la luz.

En el segundo día de la shivá, una mujer que Batya conocía apareció en el hogar de los Burd. Batya relata: “Ella me miró y me dijo 'te voy a contar algo que tú no sabes. Nadie en el mundo sabe esto excepto yo y tu esposo'. La mujer hizo una pausa, como si no quisiera revelar su secreto. 'Durante nueve años yo he estado a cargo del fondo de tzedaká de tu marido'”.

Batya estaba estupefacta. “¿Fondo de tzedaká?”.

La mujer continuó: “Tu esposo me llevaba dinero cada mes junto con una lista de nombres. Yo llamaba a la gente y ellos acudían a mí para retirar el dinero. Ellos nunca supieron de dónde provenía el dinero”.

El propietario le reveló a Batya que Gershon pagaba por los globos de helio.

Y luego estaban los globos de helio. Todas las personas del Cuarto Judío de la Ciudad Vieja de Jerusalem saben que existe una tienda que regala un globo de helio a todo niño que esté de cumpleaños. Dado que la mayoría de los niños de aquí vienen de familias grandes y de bajos recursos, un globo de helio es una verdadera fuente de regocijo. Para el Bar Mitzvá o Bat Mitzvá, cada niño o niña recibe dos globos gratis. Los hijos de la familia Burd se cuentan entre quienes disfrutaron de esta encantadora oferta.

Todos asumían que los globos eran un regalo del dueño de la tienda. Pero, cuando asistió a la shivá, el propietario le reveló a Batya que Gershon pagaba por los globos de helio. Al final de cada mes, él iba sigilosamente a la tienda y pagaba discretamente por los globos de ese mes.

100 preguntas

Greg Burd nació en 1973 en Odessa, que entonces era parte de la Unión Soviética. Tres años después sus padres emigraron a Chicago. Pese a no ser observantes, ellos estaban orgullosos de su judaísmo; sin embargo, no contaban con los medios para darles a su único hijo y a sus dos hijas una educación judía. Greg fue a la escuela pública, jugó en el equipo de fútbol americano de su universidad, se convirtió en salvavidas y obtuvo una licenciatura en negocios de la Universidad de Indiana.

Greg tenía 25 años y trabajaba en la agencia de seguros de su padre cuando su madre lo invitó a una clase de Torá de Rav Daniel Deutsch en la institución Chicago Torah Network. A Greg le encantó la clase y fijó una cita para hablar con Rav Deutsch en forma privada. Le llevó una lista de cien preguntas.

Tres meses después, luego de comunicarles a sus padres que “me siento como en la guardería de bebés, no sé nada de judaísmo”, Greg viajó a Israel para estudiar Torá en la Ieshivá Ohr Sameaj. Diez meses después volvió a Chicago, pero no por mucho tiempo. “Me siento como en el jardín de infantes”, les dijo a sus padres. “Tengo que aprender más”. Regresó a Jersualem. Cada año, su refrán era “Estoy en primer grado, tengo que aprender más”. “Estoy en segundo grado, tengo que aprender más”.

A los 30 años, Greg (ahora Gershon) se casó con Batya Fefer, de 28. Ella también provenía de una familia Rusa y fue criada en Toronto. Batya trabajaba para una de las mayores firmas de contabilidad de Toronto cuando de pronto se dio cuenta que debía haber más que eso en la vida. Su búsqueda espiritual la llevó a Nepal, donde escaló el monte Annapurna, a India, donde conoció al Dalai Lama y a una docena de lugares diferentes.

Cuando regreso a Toronto, una amiga le contó sobre un viaje gratis de Birthright a Israel. Batya decidió que esto la llevaría a mitad de camino de regreso a India. Sin embargo, durante su estadía en Israel ella comenzó a aprender sobre judaísmo en la división de mujeres de Aish HaTorá, EYAHT. Posteriormente se volvió observante y en el año 2003 se casó con Gershon Burd y se fueron a vivir a la Ciudad Vieja de Jerusalem.

Tretas elaboradas

Todos consideraban que Gershon era un buen tipo. Uno de sus compañeros de estudio recuerda que Gershon eligió un asiento en la Ieshivá justo en frente de la entrada para poder de esa forma sonreírle a la gente que ingresara. Él era amable y gentil. En diez años de matrimonio, Batya escuchó a su marido levantar la voz sólo una vez, cuando sintió que alguien estaba tratando de estafar a la Ieshivá. Pero esta apariencia de buen tipo era tan sólo una fachada para su verdadera identidad.

Hace tres años, Gershon se acercó a Rav Nissim Tagger, el director de la Ieshivá Birkat HaTorá, lugar donde Gershon estudiaba y trabajaba como administrador. Gershon le pidió a Rav Tagger que aceptara como estudiante a un joven llamado David. Gershon intuía que David tenía un tremendo potencial. Rav Tagger conocía a David, quien tenía largas y enroscadas peyot y una vestimenta estilo hippie. “El no calza con el estilo de nuestra Ieshivá”, dijo Rav Tagger.

—Es sólo una apariencia externa —explicó Gershon.

—¿Puede pagar el costo mensual? —preguntó Rav Tagger.

—No —respondió Gershon—. Él no tiene dinero.

—No tengo becas disponibles —respondió Rav Tagger.

Al día siguiente, Gershon regresó donde Rav Tagger y le dijo:

—Los padres de David decidieron pagar la mayor parte del costo mensual, y además, él hará trabajos ocasionales para pagar el resto”.

Dudoso, Rav Tagger decidió darle a David dos semanas de prueba.

Fue sólo después de la muerte de Gershon que Rav Tagger se enteró que él —el mismísimo Gershon— pagaba realmente la mensualidad de David.

Tres años más tarde, David es un exitoso estudiante en la Ieshivá. Fue sólo después de la muerte de Gershon que Rav Tagger se enteró que los padres de David no habían pagado ni un centavo. Era Gershon quien pagaba por David. “Me miró a los ojos y me mintió”, recuerda Rav Tagger entre sollozos y lágrimas.

La esposa de uno de los estudiantes de la Ieshivá no había visto a sus padres —quienes estaban en Estados Unidos— por muchos años. Cuando ella recibió noticias de que su madre estaba enferma, quería viajar, pero no tenía suficiente dinero para pagar un pasaje. Cuando se enteró de esto, Gershon le contó a esta mujer sobre una compañía de tarjetas de crédito que ofrecía una oferta fantástica. Si ella se anotaba para obtener una tarjeta y pagaba tan sólo 50 dólares, recibiría suficientes millas como para obtener un pasaje de ida y vuelta. Gershon incluso le mostró la promoción en su computadora, y le ofreció inscribirla, explicándole que él también obtendría millas por referirla.

La mujer alegremente le proporcionó la información necesaria, obtuvo su pasaje y viajó a Estados Unidos para acompañar a su madre. Ella nunca se enteró que Gershon había inventado la promoción y que incluso había diseñado el anuncio publicitario. Gershon pagó por el pasaje.

Una día, Gershon se dio cuenta que una familia de escasos recursos realmente necesitaba llevar a sus hijos a Kef Tzuva, un parque de diversiones que tenía un trampolín gigante, castillos, etc. La familia no tenía el dinero necesario para tal travesía. Por lo tanto, Gershon les consiguió unos pases gratuitos. Ellos nunca supieron que fue Gershon quien pagó por sus entradas y que él había simplemente fabricado aquellos pases que parecían tan reales.

Al contar esta historia, Batya se ríe. “Gershon era un pillo. Sólo sé lo que sé porque lo atrapé en algunas cosas”.

Cuando Gershon se enteraba que algunas parejas tenían problemas maritales, furtivamente pagaba por sesiones de terapia de pareja sin que el terapeuta ni la pareja supieran quién había pagado.

Hace nueve años, Gershon tuvo una idea. Él fundó la organización Western Wall Prayers (Plegarias en el Muro Occidental), y puso a Batya a cargo. La organización ofrece un servicio donde la gente de todo el mundo puede pagar para que alguien vaya al Kotel a orar por ellos durante 40 días consecutivos. Las plegarias de cientos de personas han sido respondidas a través de esta práctica milenaria, y además, el dinero recaudado apoya a muchas familias de estudiosos de Torá en la Ciudad Vieja.

En la shivá, el Rosh Ieshivá de Birkat HaTorá reveló que una vez Gershon se le acercó y le preguntó si de acuerdo a la ley judía estaba permitido darle a las personas que trabajaban en la organización nombres falsos para orar. Era un período de poco trabajo en la organización y Gershon estaba preocupado, estas personas no podían darse el lujo de perder este pequeño ingreso. Para mantener la dignidad de ellos, él quería continuar financiando el proyecto con dinero de su propio bolsillo y entregar nombres ficticios para que rezaran.

¿Por qué Gershon se esforzaba tanto para ocultar sus actos de caridad? "Él realmente creía", explica Batya, "que si el donante obtiene algo a cambio de su jésed [acto de bondad], esto disminuye el jésed. Por lo tanto, si alguien sabe que tú hiciste algo, significa que obtuviste algo a cambio, el reconocimiento o lo que sea. La mitzvá es mucho más poderosa si no obtienes nada... a excepción de la recompensa en el mundo venidero".

El misterio real

La pregunta sin embargo es, ¿dónde obtenía el dinero? Los Burds no tienen solvencia económica. Ellos ni siquiera tienen coche. No han heredado nada y el salario de Gershon como administrador de la Ieshivá alcanzaba sólo para cubrir los gastos básicos de la familia. Sentada frente a Batya en la shivá, le pregunté, "¿De dónde sacaba Gershon el dinero?".

"¡No tengo idea!", exclamó ella. "Realmente no lo sé. Durante años tuvimos una grieta en el lavabo que no pudimos reparar por problemas económicos. No tengo idea de dónde sacó el dinero para hacer todo este jésed que ahora ha salido a la luz. No tengo idea".

Daniel Rostenne, mejor amigo de Gershon y fiel compañero de estudio, resolvió el misterio. "Gershon no gastaba un centavo en sí mismo", explica él. "Compraba zapatos usados en eBay. ¿¡Te imaginas!? ¡Zapatos usados! Compraba trajes usados en EBay. Él se jactaba, "Mira este traje. ¡Lo conseguí por $10, más $10 de gastos de envío! Obtuvo su ordenador portátil, un MacBook Air usado, que se vende nuevo por $1200, en sólo unos cuantos cientos de dólares. Simplemente no gastaba dinero en sus necesidades personales".

Gershon escatimaba en sus propias necesidades, sólo para ser generoso y satisfacer las necesidades de los demás.

El camino de Gershon hacia el otro mundo está pavimentado con globos de helio, cupones falsos y un fondo de caridad anónimo.

Su última aventura fue una escapada romántica al Hotel Sheraton en Tel Aviv sólo para él y Batya, para celebrar su cumpleaños número 40, pagada con puntos acumulados en su tarjeta de crédito. La actividad favorita de Gershon era nadar en el océano. Él y Batya depositaron sus valijas en la habitación del hotel y se dirigieron rápidamente a la playa. Como el agua se veía turbia, Batya optó por esperar sentada en la orilla. Gershon, un experto nadador y socorrista entrenado, se zambulló en el mar. Minutos después, aparentemente una roca o un pedazo grande de escombros lo golpeó en la nuca y lo dejó inconsciente. Él estuvo bajo el agua durante 15 minutos antes de que Batya, observando desesperadamente, viera su cuerpo flotando sobre el agua.

Unas cuantas horas antes del funeral, Batya le dijo a uno de los estudiantes de la Ieshivá: “Hay un plan, y lo que se suponía que tenía que pasar, pasó. Gershon está sonriendo ahora en su mundo. Será difícil para mí y para los niños. Pero Gershon está brillando”.

El camino de Gershon hacia el otro mundo está pavimentado con globos de helio, cupones falsos, promociones ficticias de tarjetas de crédito, un fondo de caridad anónimo, pagos de matrícula encubiertos, sesiones de terapia secretamente patrocinadas, y otros cuantos actos ocultos de jésed que nunca conoceremos.

La discreción es un valor sagrado para el judaísmo. De hecho, según la tradición judía, el mundo se mantiene en cada generación por el mérito de 36 tzadikim (hombres justos) ocultos. ¿Puede un ex jugador de fútbol americano de origen ruso y oriundo de Chicago ser uno de ellos?

Si deseas realizar una donación al fondo para Batya y sus hijos, haz clic aquí: http://www.bircas.org/donate